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domingo, enero 18, 2026

Casinos flotantes: la historia y curiosidades de los barcos-casino

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Descubre la historia de los casinos flotantes que surgieron durante la Ley Seca en Estados Unidos, ofreciendo juegos en alta mar.

Antes de que los cruceros de lujo integraran casinos en sus cubiertas, ya existían barcos donde los juegos de azar eran tan típicos como las bebidas espirituosas. Durante los años veinte y treinta en Estados Unidos, embarcaciones acondicionadas con mesas de póker y ruletas zarparon a aguas internacionales para ofrecer a los jugadores lo que la ley les negaba en tierra firme.

Cuando la costa se quedaba corta

En los años veinte, Estados Unidos vivía la Ley Seca y la prohibición de los juegos de azar. Para muchos empresarios del sector, la solución fue echarse al mar para contar con su propio casino. A poco más de cinco kilómetros de la costa —la frontera de la jurisdicción— surgieron los llamados gambling ships, barcos con ruletas, mesas de póker y espectáculos musicales que atraían a miles de personas.

California fue uno de los focos principales, con embarcaciones como el Johanna Smith, el City of Panama o el SS Monte Carlo, que ofrecían noches de fiesta y apuestas lejos de la mirada de las autoridades. Por aquel entonces, el negocio era tan rentable como peligroso: no era raro que estas naves estuvieran vinculadas a mafias locales y a personajes del crimen organizado de la época, inspirando decenas de historias que posteriormente serían llevadas a la gran pantalla.

Entre el esplendor y la persecución

Los años treinta consolidaron la imagen de los barcos-casino como templos del exceso. Allí se servía alcohol, se apostaba y se vivía con la sensación de estar desafiando al sistema. Pero el idilio no duró demasiado.

En 1948, el gobierno estadounidense endureció la normativa y cerró la puerta incluso a los barcos que operaban en aguas internacionales cercanas a la costa. De un plumazo se puso fin a una época dorada, aunque las historias y leyendas de aquellas noches siguieron flotando durante décadas.

Sombras del mar y la segunda vida de los casinos flotantes

El SS Monte Carlo es probablemente el más recordado. Naufragó en 1937 frente a San Diego y, en los días de baja marea, todavía se puede ver su estructura oxidada en la arena, como un recordatorio de lo que fueron aquellos años. Otros barcos no corrieron mejor suerte: muchos fueron incendiados, confiscados en redadas o directamente hundidos en circunstancias poco claras

Aunque los gambling ships desaparecieron, su modelo inspiró nuevas fórmulas. En los años noventa, varios estados del Medio Oeste estadounidense aprobaron la creación de casinos fluviales. Barcazas ancladas en el río Misisipi o en afluentes del Ohio retomaron la tradición, pero esta vez bajo el amparo de la ley. Ejemplos como el Grand Victoria Casino en Illinois o el River City Casino en Misuri mantienen todavía hoy ese espíritu.

Fuera de EE. UU., el caso más singular es el del Casino Buenos Aires, inaugurado en 1999 en dos barcos anclados en aguas fiscales del Río de la Plata. La legislación argentina permitió esta fórmula; con el tiempo se convirtió en uno de los complejos de juego más conocidos de la región. Hoy, la idea ha mutado hacia el turismo de lujo. Cruceros internacionales y yates como el Sunborn Superyacht en Gibraltar ofrecen casinos integrados en su oferta de ocio.