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domingo, enero 18, 2026

Qué fue del bulo de los muertos de Bonaire un año después de la dana

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Un año tras la riada en Valencia que causó 229 fallecidos, el rumor de los muertos de Bonaire se desinfló y dejó al descubierto campañas de desinformación y sus efectos sociales.

Un año después de la dana que azotó Valencia y dejó 229 fallecidos, el bulo sobre supuestas víctimas en el parking de Bonaire ha desaparecido. Durante los días de rescate y limpieza, ese subterráneo se convirtió en el símobolo de la incertidumbre: circularon mensajes que aseguraban que allí se ocultaban cuerpos. Cuando las fuerzas de seguridad accedieron, no se hallaron víctimas, y con el paso de las semanas nadie reclamó desaparecidos vinculados a ese lugar.

La magnitud de la catástrofe, la más mortífera en España en lo que va de siglo, fue terreno fértil para narrativas falsas. Se difundieron mentiras sobre presas y pantanos o sobre el uso de donaciones por parte de oenegés, pero la corriente principal apuntó a la idea de que las autoridades ocultaban el verdadero número de fallecidos. Ese enfoque prosperó porque, en el caos inicial, la información verificada llegó a cuentagotas y el acceso a zonas anegadas era limitado, lo que alimentó sospechas y especulaciones.

El factor emocional

Los estudios académicos realizados en este año han puesto cifras y patrones a ese fenómeno. Una investigación de la Universitat Politècnica de València, en colaboración con la Universidad de Navarra, analizó 650 publicaciones en redes sociales y concluyó que en X dominaban la tristeza y el miedo, mientras que en TikTok destacaban reacciones más viscerales, vinculadas a la ira y el asco. El formato textual de X dejaba cierto margen para la reflexión, frente a los estímulos intensos de música y efectos visuales en TikTok, lo que favoreció contenidos impulsivos.

Los investigadores detectaron además rasgos lingüísticos propios de los bulos: apelaciones a familiares o conocidos como presunta fuente y relatos en apariencia cercanos, con cifras desorbitadas, para dar verosimilitud. En contraste, los mensajes con contenido real tendían a ser más elaborados y coherentes, apoyados en datos y en confirmaciones oficiales.

Otra línea de trabajo, elaborada por investigadores de la UPV y la VIU, halló que 3 de cada 4 bulos fueron creados intencionadamente para engañar, y que el 28% de las desinformaciones analizadas se amplificó en medios de comunicación que no filtraron adecuadamente en pleno contexto de crisis. Esa amplificación otorgó a las falsedades una apariencia de legitimidad que aceleró su difusión y las instaló en la conversación pública.

Las consecuencias sociales fueron claras: la desinformación ahondó la desconfianza hacia las instituciones, alimentó la sensación de abandono y desmovilización y abrió la puerta a la violencia cultural contra determinados colectivos. También incrementó la polarización y el enfrentamiento ideológico, al convertir la tragedia en un campo de batalla emocional.

Entre las lecciones que deja el caso, los especialistas subrayan que el papel de la verificación no consiste solo en desmontar un bulo, sino en fomentar audiencias críticas que comprendan los daños que puede causar. Aunque siempre habrá quien dé por buena la falsa historia de Bonaire, crece la conciencia sobre su impacto y la necesidad de contrastar antes de compartir.