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martes, febrero 10, 2026

Las mascarillas de la pandemia ya no protegen: descubre aquí por qué

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Por qué las mascarillas pierden eficacia con el paso del tiempo, qué riesgos implica usarlas caducadas y cuándo conviene sustituirlas

Ante el aumento de casos de gripe, las autoridades sanitarias recomiendan el uso de mascarilla en determinados entornos, especialmente en centros sanitarios y espacios cerrados con alta afluencia, para reducir la transmisión de virus respiratorios.

Sin embargo, su eficacia puede verse comprometida si se utilizan unidades antiguas guardadas desde la pandemia. Las mascarillas tienen fecha de caducidad y, cuando se supera, sus materiales pueden degradarse, reducir el ajuste y generar una falsa sensación de seguridad.

Qué tipo de mascarilla protege y en qué se diferencia

No todas las mascarillas ofrecen el mismo nivel de protección. Las mascarillas quirúrgicas están diseñadas principalmente para limitar la salida de gotas respiratorias del usuario y actuar como barrera de fuente, pero su ajuste no suele ser hermético y su capacidad de filtración es inferior.

En cambio, las mascarillas filtrantes como FFP2 o FFP3 están concebidas para una protección más completa, al filtrar el aire inhalado y exhalado gracias a materiales filtrantes específicos y un sellado más ajustado. Por eso son las más recomendadas cuando se busca una barrera más eficaz frente a partículas virales, siempre que estén en buen estado y se utilicen correctamente.

Por qué caducan y qué cambia cuando se degradan

La caducidad no es un trámite. Con el paso del tiempo, los polímeros, fibras y elásticos pueden perder propiedades y afectar a dos elementos clave: el filtrado y el ajuste.

Por un lado, las gomas pueden ceder, estirarse o romperse y hacer que la mascarilla no selle bien. Además, algunos componentes del borde o del material de sellado pueden deteriorarse, lo que facilita fugas de aire por los laterales y reduce la protección real.

Por otro, el material filtrante también puede perder eficacia. En el caso de ciertas mascarillas, parte de su rendimiento depende de cargas que ayudan a retener partículas; si esa capacidad disminuye, baja la eficiencia de filtración. El resultado es que una mascarilla “aparentemente” intacta puede no cumplir el estándar para el que fue diseñada.

Cómo saber si una mascarilla sigue siendo segura antes de ponértela

La primera comprobación es sencilla: revisa la fecha de caducidad indicada en el envase o en la propia mascarilla. Si ya ha pasado, lo más prudente es desecharla.

Además, conviene hacer una inspección rápida del estado físico. Si notas gomas flojas, material deformado, manchas, roturas o capas separadas, no debería usarse. También es importante comprobar que la mascarilla se ajusta bien al rostro y que no hay fugas evidentes al respirar.

El almacenamiento también influye: si la mascarilla ha estado expuesta a humedad, calor o cambios bruscos de temperatura, puede degradarse antes incluso de llegar a su fecha de caducidad. En ese caso, aunque “parezca nueva”, puede haber perdido parte de su capacidad protectora.

Medidas que siguen siendo clave contra los virus respiratorios

El uso correcto de la mascarilla es una herramienta útil, pero no es la única medida relevante. La vacunación anual frente a la gripe se mantiene como una estrategia fundamental para reducir complicaciones, especialmente en grupos de riesgo.

Junto a ello, mantener una buena ventilación en interiores, lavarse las manos con frecuencia y cubrirse al toser o estornudar (preferiblemente con el codo) son hábitos que ayudan a cortar cadenas de transmisión y a disminuir contagios en épocas de alta circulación de virus.