El Instituto Valenciano de Oncología (IVO) cumple 50 años y marca un hito que resume su transformación: nació en una época de opciones terapéuticas limitadas y hoy es un referente nacional e internacional en atención oncológica integral, con capacidad para diagnosticar, tratar y acompañar al paciente a lo largo de todo el proceso de la enfermedad.
‘Hoy es un hospital que no solo cura, sino que cuida a los valencianos‘, afirma su director general, Manuel Llombart, quien subraya que el IVO ‘mantiene intacta su filosofía: ofrecer siempre el mejor tratamiento posible, adaptado a cada paciente‘. El lema elegido para esta conmemoración, ‘50 años en cuerpo y alma contra el cáncer‘, sintetiza el compromiso de sus profesionales y la evolución de una institución que ha sabido adaptarse al avance científico sin perder su enfoque humanista.
Medio siglo de evolución clínica y humana
El origen del IVO se remonta a principios de los años 70, cuando el patólogo Antonio Llombart Rodríguez detectó las carencias asistenciales del paciente oncológico. En un contexto de terapias dispersas y poco coordinadas, impulsó un hospital monográfico que concentrara recursos y especialidades para responder con eficacia a la complejidad del cáncer. Ese enfoque permitió reducir la fragmentación del itinerario del paciente y agilizar decisiones clínicas clave.
Uno de sus símbolos es el edificio circular, inaugurado en 1976. Su diseño no fue solo una elección estética: buscaba humanizar la experiencia del paciente con un espacio ‘amable, sin aristas’. Aunque la planta redonda complica la funcionalidad, su carácter icónico ayudó a rebajar el impacto emocional de acudir a un centro oncológico. En 1978 la creación de la Fundación IVO dotó a la institución de personalidad jurídica propia y una gobernanza independiente bajo derecho privado, reforzando su vocación social y su agilidad para orientar recursos a la atención y la innovación.
De aquella etapa inicial centrada en aliviar y acompañar a quienes afrontaban diagnósticos muy adversos, el Instituto ha pasado a ofrecer tratamientos que cambian pronósticos. En palabras de Llombart, ‘El IVO nació para ayudar a bien morir a los valencianos y hoy es un hospital que no solo cura, sino que cuida’. El salto científico ha sido determinante: hay patologías con tasas de curación cercanas al 100 %, como en mama o próstata, y otras, como el cáncer de pulmón, han pasado en una década de expectativas muy limitadas a contar con largos supervivientes gracias a la inmunoterapia y a nuevos fármacos.
Un modelo integral y un equipo en crecimiento
En sus cinco décadas el IVO ha tratado a alrededor de 200.000 pacientes y se ha consolidado como uno de los pocos centros españoles que cubre de forma integral el proceso oncológico: programas de detección temprana (cuello uterino, mama, próstata, piel y pulmón), confirmación diagnóstica con tecnología de vanguardia y acceso a todas las opciones terapéuticas disponibles. Esta continuidad reduce tiempos de espera y evita traslados innecesarios, aspectos que impactan directamente en la experiencia y los resultados del paciente.
El hospital cuenta con radiodiagnóstico, medicina nuclear, laboratorio clínico, anatomía patológica y biología molecular. Su anatomía patológica ha sido digitalizada, lo que permite aplicar herramientas de inteligencia artificial al diagnóstico y mejorar la trazabilidad de las muestras. Además, su biobanco reúne cerca de 200.000 muestras acreditadas a nivel europeo, un recurso clave para impulsar conocimiento y personalizar decisiones terapéuticas.
En el ámbito terapéutico dispone de todos los tratamientos sistémicos financiados por el Sistema Nacional de Salud, cirugía de alta complejidad —incluida la robótica, con dos robots y un elevado volumen de intervenciones— y radioterapia de última generación, con cuatro aceleradores lineales y más de 3.000 procesos anuales. Este volumen sostenido de actividad consolida la experiencia de los equipos y facilita la incorporación de técnicas avanzadas.
La dimensión humana sostiene el modelo. De las 50 personas del inicio se ha pasado a cerca de 1.000 profesionales, entre personal directo e indirecto. Más allá de oncólogos médicos y radioterápicos, el IVO funciona como un hospital general dedicado al cáncer, con cirujanos de múltiples especialidades, radiólogos, anestesistas, enfermería, psicólogos, fisioterapeutas y equipos de hospitalización domiciliaria. La cultura interna, apunta Llombart, ‘se basa en un principio muy claro: los problemas personales se dejan en la puerta’, porque la atención oncológica ‘exige sensibilidad extrema‘ y cada gesto puede aliviar o acrecentar la angustia del paciente.
El futuro inmediato pasa por una ampliación con un nuevo edificio de alrededor de 16.000 metros cuadrados. Más que sumar camas —cada vez menos necesarias por el auge de tratamientos ambulatorios, cirugías menos invasivas y la hospitalización domiciliaria—, el proyecto prioriza espacio para nuevas tecnologías y modalidades asistenciales. Esta evolución permitirá crecer en unidades de día, planificación avanzada y equipamiento de precisión, con el objetivo de seguir siendo una alternativa terapéutica de primer nivel mundial para los valencianos.

