La exposición de recién nacidos al sol detrás de una ventana no es una práctica segura ni recomendable para prevenir o tratar la ictericia neonatal, según concluye un estudio desarrollado por personal investigador de la Universitat Politècnica de València (UPV), el Hospital Universitario Francesc de Borja de Gandia y el Hospital Universitario de La Ribera, a través de la Fundación Fisabio. El trabajo alerta de que la luz solar que entra en los hogares a través de los cristales puede alcanzar niveles de irradiancia superiores a los empleados en la fototerapia hospitalaria, pero sin control clínico ni filtrado suficiente de otras radiaciones potencialmente dañinas.
La ictericia neonatal afecta a más de la mitad de los recién nacidos y, aunque en la mayoría de los casos es leve y transitoria, puede alcanzar niveles peligrosos si no se detecta y trata a tiempo. Para evitar complicaciones, entre ellas posibles daños neurológicos, la práctica clínica se basa en el cribado precoz de bilirrubina y en el uso de dispositivos de fototerapia regulada, diseñados para emitir luz en un rango concreto y con una intensidad controlada.
Uno de los objetivos del estudio ha sido analizar una recomendación informal que, según explican los investigadores, sigue circulando en algunos entornos cotidianos: colocar al bebé cerca de una ventana para que reciba luz solar. Aunque las guías clínicas no aconsejan esta práctica, el equipo ha querido comprobar qué ocurre realmente cuando la luz del sol atraviesa los cristales habituales de una vivienda.
La investigación ha evaluado hasta siete tipos distintos de vidrio de uso residencial. Los resultados muestran que la radiación que pasa al interior mantiene una intensidad elevada en la banda azul, la misma que se utiliza en los tratamientos médicos, pero lo hace sin control y acompañada de otras radiaciones que no aportan beneficios terapéuticos.
Jesús Alba, investigador del campus de Gandia de la UPV y autor del estudio, explica que «al atravesar el vidrio, entre un 70 % y un 90 % de esa luz sigue llegando al interior, lo que implica que un recién nacido expuesto junto a una ventana puede recibir niveles de radiación muy elevados y difíciles de controlar».
La investigación también concluye que, en exteriores, la luz azul puede alcanzar valores de hasta ocho veces superiores a los utilizados en la fototerapia intensiva. A juicio del equipo, esta circunstancia impide considerar la exposición solar como una alternativa terapéutica, ya que la dosis recibida depende de factores muy variables como la hora del día, la orientación de la vivienda, la meteorología o la distancia entre el bebé y la ventana.
Radiación ultravioleta e infrarroja sin beneficio terapéutico
El trabajo subraya además que los cristales comunes no filtran de forma eficaz otras radiaciones como la ultravioleta UVA o la infrarroja. Según detallan los investigadores, estas radiaciones no tienen utilidad en el tratamiento de la ictericia y sí pueden añadir riesgos como sobrecalentamiento, deshidratación o posibles daños en la piel y en los ojos del recién nacido.
José Miguel Sequí Canet, pediatra del Hospital Universitario Francesc de Borja de Gandia, incide en que «esta falta de control impide garantizar tanto la eficacia como la seguridad de esta práctica. Los acristalamientos residenciales dejan pasar niveles muy elevados de irradiancia solar, con un espectro amplio que incluye radiación UVA e infrarroja, y una irradiancia azul varias veces superior a la utilizada en fototerapia, pero sin selectividad ni control de dosis. Por ello, la exposición al sol a través de una ventana no es recomendable como método preventivo ni terapéutico frente a la ictericia neonatal».
A partir de estos resultados, el estudio remarca la necesidad de seguir las pautas clínicas ya establecidas. Estas se apoyan en el control de los niveles de bilirrubina y en la aplicación de fototerapia regulada cuando resulta necesaria, siempre bajo supervisión sanitaria y con dispositivos preparados para ajustar la dosis y proteger al paciente.
Colaboración entre Gandia, La Ribera y la UPV
La idea del proyecto surgió en el marco de Safor Salut, un programa de cooperación entre agentes del sistema valenciano de innovación en salud en el área de La Safor y su entorno. El estudio se ha desarrollado en la convocatoria de 2023 del programa Polisabio, impulsado por la UPV y Fisabio, y se integra en UniSalut, la alianza de colaboración entre la fundación y varias universidades valencianas.
Los investigadores insisten en que el mensaje principal es claro: la luz solar tras una ventana no puede sustituir a la atención médica ni a los tratamientos regulados para la ictericia neonatal, y su uso en recién nacidos no ofrece garantías de seguridad.




