Un estudio desarrollado en el campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València alerta de que la falta de gestión del paisaje favorece la expansión de especies invasoras, con efectos directos sobre la biodiversidad y con impactos ecológicos y económicos significativos. La investigación relaciona especialmente el abandono de tierras agrícolas y su colonización por vegetación exótica con el aumento de ciertas aves no nativas.
El trabajo, liderado por el profesor del Departamento de Ciencia Animal Pau Lucio Puig, analiza cómo el abandono de cultivos y la posterior instalación de plantas invasoras está favoreciendo la proliferación del estrilda común (Estrilda astrild). Se trata de un pequeño paseriforme exótico de origen africano que, a partir de introducciones como ave de compañía y posteriores escapes, se ha expandido por gran parte de la península Ibérica.
Amenaza a la biodiversidad y ecosistemas mediterráneos
Según la Universitat Politècnica de València, la introducción de especies exóticas figura entre las principales amenazas para la biodiversidad a escala global. Estas especies pueden competir con la fauna y flora autóctonas, alterar el equilibrio de los ecosistemas y generar costes de gestión y control que suponen un impacto económico para las administraciones y el sector agrario.
En entornos agrícolas y periurbanos, la transformación del paisaje, el abandono de cultivos y la presencia de vegetación invasora crean nuevas oportunidades ecológicas que algunas especies exóticas aprovechan con gran eficacia. El estudio, publicado en acceso abierto en la revista Journal of Ornithology, demuestra que el estrilda común tiene una notable capacidad de adaptación a los paisajes humanizados, en especial en campos agrícolas abandonados, donde se alimenta de semillas de plantas nativas y exóticas.
Los resultados detallan que la presencia del estrilda está asociada a dos de las plantas invasoras más extendidas y perniciosas a escala global: el plumero argentino (Cortaderia selloana) y la caña común (Arundo donax). Estas especies vegetales proporcionan refugio a las aves y, en el caso del plumero argentino, también alimento a través de sus semillas, lo que refuerza el papel de estos hábitats degradados como focos de expansión de fauna exótica.
El estudio señala además que el estrilda común se reproduce de manera continua desde mayo hasta aproximadamente octubre, alcanzando sus máximas densidades a finales del otoño. Allí donde estaba presente, esta especie llegaba a dominar las comunidades de aves, desplazando en abundancia a otras especies que comparten hábitat y recursos.
Este trabajo pone de relieve que el abandono agrario y la posterior colonización por plantas invasoras favorecen la expansión de aves exóticas y pueden alterar el funcionamiento de los ecosistemas mediterráneos. La combinación de hábitats degradados y especies vegetales no nativas abre nichos ecológicos vacíos que estas aves ocupan con rapidez y eficacia.
Los autores subrayan la necesidad de reforzar los programas de seguimiento a largo plazo para detectar cambios en la distribución y abundancia de estas especies exóticas. También reclaman medidas de gestión del paisaje orientadas a frenar la expansión de especies invasoras y a evaluar sus impactos sobre las comunidades de aves nativas, especialmente en zonas agrarias abandonadas y áreas periurbanas.
La investigación analizó la distribución espacial y la interacción del estrilda común en entornos degradados de la península. A través de censos de muestreo y puntos de conteo, los investigadores comprobaron que las áreas con presencia de plantas invasoras como el plumero argentino o la caña común favorecían la presencia de esta ave no nativa.
El equipo también examinó su dieta mediante observación directa y confirmó que se alimenta de una amplia variedad de semillas, tanto de plantas nativas como exóticas. Esta diversidad alimentaria está relacionada con la gran plasticidad ecológica de la especie: el estrilda posee un elevado potencial de colonización, se adapta a diferentes hábitats y ocupa un nicho ecológico vacío en zonas degradadas y periurbanas, donde abundan campos agrícolas abandonados y proliferan especies vegetales no nativas.


