Científicos de la UPV revelan cuándo empezó a arder la ‘Puerta del Infierno’ y cuánto metano ha liberado

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Un estudio del grupo LARS-IIAMA de la UPV ha fechado el inicio del fuego del cráter de Darvaza entre 1987 y 1988 y ha calculado que ha emitido más de 900.000 toneladas de metano en cinco décadas.

Un equipo del grupo Land and Atmospheric Remote Sensing (LARS) del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la Universitat Politècnica de València (UPV) ha reconstruido por primera vez la historia del cráter de gas de Darvaza, en Turkmenistán, conocido como la ‘Puerta del Infierno’. La investigación ha determinado que el fuego ha comenzado entre septiembre de 1987 y febrero de 1988 y que el enclave ha emitido ya más de 900.000 toneladas de metano en algo más de cinco décadas.

El trabajo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, concluye que este cráter se ha consolidado como una de las fuentes persistentes de metano más importantes documentadas hasta ahora. Este gas tiene un fuerte efecto invernadero y un impacto climático muy elevado a corto plazo.

La investigación ha sido liderada por Adriana Valverde, del IIAMA-UPV, junto a Javier Gorroño, Javier Roger y Luis Guanter, también del IIAMA-UPV; Itziar Irakulis-Loitxate, que ha trabajado en el IIAMA durante el estudio y actualmente forma parte de UNEP-IMEO; y Zhipeng Pei, de la Universidad de Wuhan (China). El equipo ha combinado datos satelitales históricos y de última generación para reconstruir la evolución del cráter y medir su impacto climático.

‘Hasta ahora existían numerosas incógnitas sobre la historia del cráter. La combinación de imágenes históricas y satélites hiperespectrales de última generación nos ha permitido reconstruir su evolución y cuantificar, por primera vez mediante observaciones directas, el impacto climático de sus emisiones de metano’, explica Adriana Valverde, primera autora del estudio.

El estudio no solo ha cuantificado emisiones, sino que también ha resuelto una de las grandes preguntas sobre este enclave: cuándo ha empezado realmente a arder. El fuego, asociado al gas que escapa del subsuelo, se ha originado décadas después de la formación del cráter.

Cinco décadas de incertidumbre sobre el origen del cráter

Para acotar el inicio de la combustión, los investigadores han analizado imágenes del programa Landsat, operativo desde 1972. Gracias a esta serie histórica han concluido que el fuego ha comenzado entre septiembre de 1987 y febrero de 1988. Es la primera vez que se ha logrado fijar con tanta precisión esa ventana temporal.

La investigación también ha abordado la fecha de formación del cráter, motivo de controversia desde hace décadas. Algunas fuentes la sitúan en 1963 y otras en 1971, sin consenso claro.

‘Lo que sí podemos afirmar con certeza es que el cráter ya existía el 25 de octubre de 1972, tal como lo demuestra una imagen del satélite Landsat 1. Sin embargo, con la información disponible no es posible determinar si se formó poco antes de esa fecha o varios años antes’, añade Valverde.

Esta conclusión no zanja el debate sobre el origen exacto, pero sí fija un límite temporal sólido basado en observaciones directas. El cráter, por tanto, ya estaba abierto a comienzos de la década de los setenta, aunque el fuego ha tardado varios años en prender.

44 columnas de metano detectadas desde el espacio

Para cuantificar las emisiones recientes de metano, el equipo ha analizado datos recogidos entre 2020 y 2025 por cinco misiones espaciales hiperespectrales: EnMAP, PRISMA, EMIT, GF-5A y ZY-1E. Estas plataformas permiten detectar con gran precisión columnas de gas que escapan a la atmósfera.

Gracias a estos satélites, los investigadores han identificado 44 grandes columnas de metano procedentes del cráter de Darvaza. Las tasas de emisión se han situado entre 0,6 y más de 3 toneladas por hora, lo que demuestra la intensidad y persistencia del fenómeno.

Durante ese periodo de cinco años, el cráter ha liberado alrededor de 71.000 toneladas de metano. Esta cantidad equivale a casi 6 millones de toneladas de CO2 equivalente si se considera un horizonte temporal de 20 años. Con estos valores, Darvaza se ha situado entre las mayores fuentes persistentes de metano observadas desde satélite.

Los autores señalan que el cráter ha mantenido una actividad continua durante décadas. El balance total estimado desde su formación supera las 900.000 toneladas de metano, lo que implica una contribución significativa al calentamiento global.

Aunque la intensidad visible del fuego ha disminuido desde 2023, debido a medidas adoptadas por Turkmenistán para tratar de reducir las emisiones, el estudio indica que el efecto real sobre el metano liberado ha sido limitado.

Este comportamiento sugiere que una parte importante del gas continúa escapando directamente a la atmósfera a través de múltiples fracturas subterráneas, sin llegar a combustionar. Por tanto, las actuaciones realizadas hasta ahora pueden no resultar suficientes para contener el impacto climático del enclave.

Satélites para localizar grandes focos emisores de metano

Más allá del caso concreto de la ‘Puerta del Infierno’, el trabajo del grupo LARS-IIAMA demuestra el enorme potencial de la observación de la Tierra para identificar y vigilar grandes fuentes de metano en zonas remotas. En estos lugares apenas existen mediciones directas en superficie, por lo que los satélites se convierten en una herramienta esencial.

Los autores destacan que muchas emisiones persistentes siguen infrarrepresentadas en los inventarios internacionales. Esto significa que los registros oficiales no recogen todavía toda la magnitud del problema, especialmente en regiones alejadas o de difícil acceso.

En este contexto, la combinación de satélites hiperespectrales modernos e imágenes históricas permite mejorar el conocimiento sobre las emisiones globales de metano y orientar mejor las estrategias de mitigación. La información derivada de estos sistemas puede ayudar a priorizar actuaciones y evaluar si las medidas adoptadas son eficaces.

La observación de la Tierra está transformando nuestra capacidad para detectar emisiones invisibles hasta hace poco. Esta información resulta esencial para apoyar políticas climáticas, verificar medidas de mitigación y avanzar hacia una gestión más eficiente de uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto a corto plazo’, concluyen los investigadores del grupo LARS-IIAMA.

El estudio ha contado con la colaboración de especialistas de la Universidad de Wuhan, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP-IMEO) y de la Environmental Defense Fund. Según subrayan los autores, esta cooperación internacional refuerza el liderazgo del grupo LARS del IIAMA-UPV en el desarrollo de nuevas metodologías para monitorizar emisiones de metano desde el espacio.


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