La ilustradora valenciana Belén Segarra ha contado en un libro ilustrado el proceso personal que la ha llevado de una depresión y un ataque de pánico a reconstruir su vida a través del yoga, disciplina que ahora practica a diario y también enseña como profesora.
‘Llamé al libro Mi libro de yoga porque es mi historia, pero mucha gente puede verse reflejada’, explica Segarra sobre esta obra publicada por Lumen, en la que combina dibujo y relato íntimo para acercar al lector tanto su propia experiencia como la práctica del yoga.
Un ataque de pánico como punto de inflexión
Belén Segarra, nacida en la Vall d’Uxió (Castellón), sufrió en 2019 un ataque de pánico que desembocó en un proceso depresivo y la llevó a iniciar terapia psicológica. En ese contexto, casi por casualidad, llegó a una clase de yoga que se convirtió, según relata, en ‘su salvavidas’ y en el inicio de una transformación profunda.
En el libro, escrito e ilustrado por ella misma, la autora narra esa etapa en la que se sentía al borde de un precipicio, atrapada en una tristeza constante que no sabía definir y acompañada por una sensación opresiva a la que describe como un demonio en el pecho. Esa crisis la obligó a detenerse y a probar algo nuevo.
Esa primera clase de yoga llega casi por accidente y sin grandes expectativas. Lo último que la protagonista espera encontrar en la esterilla es un camino para recomponerse. Sin embargo, entre respiraciones torpes, equilibrios que parecen imposibles y un grupo de compañeros peculiares y entrañables, empieza a descubrir que el yoga no es solo ejercicio físico.
A medida que avanza su práctica, Segarra comprende el yoga como una forma de estar en el mundo. Lo presenta como una herramienta para sostenerse cuando todo se tambalea y para aprender a habitar el propio cuerpo con más calma y atención.
Identificación del lector y ritmo de vida actual
La ilustradora insiste en que no ha escrito el libro con grandes objetivos comerciales, sino como un relato honesto de su proceso. ‘No tenía pretensiones de nada, pero creo que en mi historia personal se puede ver reflejada muchísima gente’, afirma.
En su opinión, muchas personas comparten una sensación de agotamiento emocional ligada al ritmo de vida actual. Segarra sostiene que vivimos en un mundo donde ‘va todo demasiado rápido y hay demasiada presión y tensión’ y considera que hace falta ‘un poco más de yoga’, entendido como espacio de pausa y escucha interna.
‘Necesitamos parar, detenernos, aprender a mirarnos para poder vernos porque creo que no nos dejamos espacio ni para vernos ni para sentirnos’, lamenta. Defiende que el yoga está al alcance de cualquier persona, independientemente de la edad o el sexo, porque ‘respeta mucho tu propio ritmo‘ y permite adaptar la práctica a cada cuerpo y momento vital.
Del escepticismo inicial a la comprensión de la práctica
Segarra reconoce que al principio le costó conectar con esta disciplina milenaria. Confiesa que veía el yoga como ‘un poco místico‘, lleno de elementos que no entendía, como personas ‘cantando mantras en un idioma incomprensible’ o insistiendo en la importancia de la respiración.
Con el tiempo, sin embargo, ha ido encontrando sentido a esos elementos. ‘Cantar mantras te enfoca porque hay una repetición, la vibración te calma y la respiración la puedes usar tanto para calmarte como para aportar calor o frescor a tu interior’, explica. Para ella, son ejemplos de que en el yoga ‘no es todo tan místico como puede parecer al principio’ y de que las prácticas ‘tienen un sentido y un porqué’.
La autora considera que el arte y el yoga comparten una misma raíz. ‘Al final tienes que hurgar dentro de ti para sacar eso que tienes dentro’, sostiene esta ilustradora y profesora, que ha encontrado en la combinación de ambas disciplinas una forma de expresar y ordenar lo vivido.
Un proyecto largo que cierra un ciclo personal
Segarra admite que al inicio del proyecto se sintió insegura, sobre todo por la parte gráfica. Hasta ahora no había afrontado trabajos tan largos en el tiempo y le daba miedo no estar a la altura. Sin embargo, cuando empezó a dibujar y a concretar las escenas, el proyecto fluyó mejor de lo esperado.
Con el avance de las páginas, fue ganando confianza y disfrutando del proceso creativo. Finalmente, se ha convertido en un libro que describe como ‘muy fluido’ y del que asegura estar ‘muy contenta’, tanto por el resultado artístico como por lo que significa en su trayectoria personal.
Para la ilustradora, escribir e ilustrar esta obra también ha supuesto cerrar un ciclo. Ese recorrido arranca con el ataque de pánico que sufrió en 2019, continúa con el periodo depresivo posterior, sigue con el descubrimiento del yoga y culmina en la decisión de formarse como profesora hace unos tres o cuatro años.
‘Me doy cuenta de que ahora tengo herramientas muy poderosas, tengo mucha conciencia de mi cuerpo, me doy cuenta de cuándo estoy tensa y tengo muchos recursos para usarlos a mi favor’, explica. Cree que ‘quizá con el libro se cierra un poco todo eso’ que ha aprendido, aunque subraya que el yoga es ‘un camino interminable‘ en el que siempre se puede seguir aprendiendo.
‘ Mi libro de yoga’ se presenta así como una obra de iniciación íntima y accesible. Por un lado, relata el proceso de una persona que ha atravesado una depresión y ha encontrado en el yoga una vía de cambio. Por otro, ofrece una mirada cercana a esta práctica a quienes sienten curiosidad pero aún la perciben lejana o demasiado espiritual.
La experiencia de Segarra puede resonar especialmente entre lectores que viven en grandes ciudades como València, donde la presión laboral y el ritmo acelerado dificultan a menudo detenerse y escucharse. El libro plantea, desde la experiencia propia, que pequeños gestos como dedicar unos minutos al día a respirar y moverse con atención pueden marcar una diferencia en la manera de afrontar el día a día.




