‘El iglú’ es la nueva novela gráfica de la ilustradora valenciana Laura Pérez, Premio Eisner 2026, ya disponible en librerías. La obra aborda la infancia, la memoria y el cambio climático con un estilo de viñetas casi mudas y muy poco diálogo, un lenguaje visual en el que la autora ha explicado que se siente muy cómoda. Pese a su amplia trayectoria, Pérez reconoce que con cada nuevo cómic se siente ‘una amateur’.
La obra, publicada por Salamandra Graphic, se ha presentado en rueda de prensa con la presencia del guionista Guillermo Corral van Damme. Corral ha detallado que el relato parte de una experiencia muy personal. Se remonta a su infancia en los años setenta, cuando su padre fue contratado como psiquiatra en la ciudad suiza de La Chaux-de-Fonds.
Según ha recordado el guionista, La Chaux-de-Fonds es una ciudad peculiar y la más alta de Suiza. Durante años fue conocida como ‘la pequeña Siberia‘ por sus grandes nevadas, hasta que el cambio climático ha alterado por completo ese paisaje. Ese contraste entre los recuerdos de nieve y la realidad actual vertebra buena parte del cómic.
En la historia, el protagonista, Óscar, atraviesa una crisis vital y regresa a la remota ciudad suiza donde creció en los años setenta. Al llegar, comprueba que nada es como lo recordaba. El cambio climático ha acabado con las nevadas, las calles aparecen grises y sin vida y Óscar se percibe a sí mismo como un fantasma que deambula entre sus propios recuerdos.
Corral ha subrayado que el cómic incluye un fuerte componente psicoanalítico ligado a la infancia. Ha defendido que esa etapa de la vida tiene una gran intensidad porque en ella existe ‘más activación neuronal‘. En sus palabras, ‘es más intensa porque realmente lo es’.
Un cómic casi mudo y muy visual
El guionista ha explicado que ‘El iglú’ está construido con muchas viñetas y muy poco diálogo. La narración recuerda al cine mudo, porque, como ha señalado, ‘lo que se puede contar con una imagen, no se tiene que explicar con palabras’. Ha añadido que este uso del lenguaje visual es ‘muy consciente’ y que formaba parte del diseño inicial del proyecto.
Para Laura Pérez, el personaje de Óscar está en una búsqueda constante de respuestas. Por eso, ha indicado, el libro tiene un ritmo deliberadamente lento y casi mudo. Sin embargo, ha defendido que ‘los diálogos que hay son esenciales’ y se han trabajado para que cada frase aporte información decisiva.
La ilustradora ha recordado que venía de varios libros en solitario, como ‘Ocultos’, ‘Tótem’ o ‘Nocturnos’, esta última obra reconocida con el Premio Eisner 2026. En ese contexto, la propuesta de Guillermo Corral le ha resultado muy atractiva, sobre todo por la libertad creativa que le ha ofrecido. Según ha señalado, el escritor le permitió llevar el proyecto ‘a su campo’, es decir, a una narrativa muy visual y simbólica.
Pérez ha contado que el proceso de trabajo ha comenzado por el color y después ha pasado al guion. La creación se ha prolongado durante un largo periodo de tiempo, con muchos borradores y pruebas cromáticas. Durante todo ese proceso, el cine ha funcionado como telón de fondo e inspiración, tanto en la composición de las escenas como en el uso de la luz.
La autora ha admitido que ‘es el libro más bonito respecto al color de todos los que he hecho’. Ha detallado que ha realizado numerosos estudios sobre combinaciones cromáticas adecuadas para representar la infancia. Ha usado muchos colores primarios y ha tratado de mostrar la psicología del personaje a través del color, dando prioridad a las emociones que transmite cada tonalidad.
Por su parte, Guillermo Corral ha reconocido que el proceso de escritura ha incluido una ‘profunda depuración’ del texto. El objetivo era dejar solo lo imprescindible y eliminar todo lo superfluo. Ha advertido que ‘se puede pensar que menos diálogo es menos trabajo, pero es todo lo contrario’, porque obliga a condensar la información en muy pocas palabras.
El iglú como refugio y memoria
El guionista ha explicado que el iglú que aparece en el cómic funciona como símbolo de la casa. Representa la construcción íntima del refugio para un amigo perdido, un lugar mental y emocional más que un espacio físico. Este elemento simbólico conecta la trama presente del protagonista con sus recuerdos de infancia.
Corral ha insistido en que ‘lo más real que te ocurre en la vida es la infancia’. Por ese motivo, el personaje de Óscar está tan marcado por esa etapa y por el paisaje en el que creció. El contraste entre la nieve de entonces y la grisura actual actúa como detonante de su crisis vital.
El guionista ha vivido en Suiza hasta la adolescencia y ha explicado que su regreso a España fue traumático. Ha recordado que ‘la España del 78, recién salida de la dictadura, no era la de ahora, y el contraste con Suiza fue tremendo. Perdí mis referencia y el mundo de infancia, al que no regresé hasta muchas décadas después’.
Desde entonces, ha confesado que ‘siempre me sentí un poco exiliado, sin importar donde estuviera’. Ha añadido que, cuando la infancia se vive con desarraigo y pérdida de paisaje, ‘se convierte en una ausencia que te acompaña siempre’. Esa sensación de exilio interior atraviesa la novela gráfica y se proyecta en el viaje de Óscar a La Chaux-de-Fonds.



