Siete pueblos de València que ganan encanto cuando llega el otoño

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Del casco medieval de Bocairent a los cañones de Chulilla, la provincia ofrece escapadas perfectas para aprovechar los primeros fines de semana con temperaturas más suaves

El final de septiembre cambia poco a poco la forma de recorrer la provincia de València. Las jornadas siguen siendo suficientemente largas para pasar el día fuera. Sin embargo, el descenso de las temperaturas devuelve protagonismo a los pueblos del interior, los cascos históricos y los senderos. Estos caminos, durante los meses de más calor, pueden resultar menos apetecibles.

Este domingo, además, coincide con el Día Mundial del Turismo, una celebración a la que se han sumado 37 municipios y mancomunidades valencianas con actividades especiales entre el 23 y el 27 de septiembre. Más allá de la programación puntual, la fecha sirve de excusa para mirar hacia algunos de esos destinos de la provincia. Así, estos lugares permiten organizar una escapada prácticamente en cualquier momento del otoño.

Bocairent, un pueblo construido sobre la roca

Bocairent es uno de esos lugares en los que apenas hace falta buscar un monumento concreto para empezar la visita. El propio entramado del barrio medieval, levantado sobre una ladera, obliga a caminar entre calles estrechas, desniveles, escaleras y casas que parecen adaptarse a la montaña.

Uno de sus espacios más conocidos son las Covetes dels Moros, un conjunto de cavidades artificiales abiertas en un acantilado del Barranc de la Fos. El complejo cuenta con alrededor de medio centenar de aberturas comunicadas con cámaras excavadas en la roca. A ello se suman el barrio medieval, la cava de Sant Blai y los diferentes museos del municipio.

Con la llegada del otoño, el paisaje de la Vall d’Albaida y la cercanía de la Serra de Mariola convierten la visita en una opción. Esta opción permite combinar patrimonio, naturaleza y gastronomía en una misma jornada.

Chulilla y sus paredes sobre el Turia

En La Serranía, Chulilla ofrece una imagen completamente diferente. El pueblo se levanta junto a las hoces excavadas por el río Turia, rodeado por grandes paredes de roca. Estas paredes han convertido la zona en uno de los destinos de naturaleza más reconocibles del interior valenciano.

La Ruta de los Pantaneros es su recorrido más popular. El itinerario pasa por las hoces del Turia y atraviesa dos puentes colgantes. Estos puentes recuerdan el camino utilizado por los trabajadores que participaron en la construcción del embalse de Loriguilla durante los años cincuenta.

Pero Chulilla no termina en los puentes. El castillo, las calles que ascienden por la montaña y los miradores naturales permiten plantear la visita sin necesidad de convertirla obligatoriamente en una jornada larga de senderismo.

Chelva, cuatro barrios y una ruta junto al agua

A pocos kilómetros, Chelva permite hacer un viaje por distintas etapas de su historia simplemente caminando por el casco urbano. Sus barrios conservan la huella de las culturas que habitaron el municipio y forman parte de uno de los paseos históricos más singulares de la comarca.

Desde la Plaza Mayor parte además la conocida Ruta del Agua, un recorrido circular que combina patrimonio y naturaleza y atraviesa distintos barrios históricos antes de acercarse al río Chelva. La ruta oficial está planteada como un paseo sencillo de aproximadamente dos horas. Por tanto, la convierte en una opción especialmente accesible para una excursión familiar.

Requena, mucho más que bodegas

El otoño tiene una relación especial con Requena. El paisaje de viñedos cambia después de la vendimia y el interior de su casco histórico permite descubrir otra de las caras de una comarca habitualmente asociada al vino.

Bajo el barrio de La Villa se encuentra una extensa red de cuevas excavadas en el subsuelo que tuvo diferentes funciones a lo largo de los siglos. Sirvieron como silos, espacios de almacenamiento e incluso bodegas. Además, hoy forman un recorrido visitable bajo el centro histórico.

A pie de calle, la Torre del Homenaje, las iglesias históricas y las casas tradicionales permiten completar una jornada. Esta jornada puede continuar en alguno de los municipios vitivinícolas de Utiel-Requena.

Xàtiva, una ciudad para recorrer desde las alturas

Hay pocos perfiles urbanos tan fáciles de reconocer como el de Xàtiva con su castillo extendiéndose sobre la sierra. La fortaleza combina estructuras de diferentes épocas y conserva elementos de origen ibérico, romano, islámico y gótico.

Desde la parte alta se contemplan la ciudad, la huerta y buena parte de las sierras que rodean La Costera. Abajo esperan la Colegiata, Sant Feliu, el antiguo Hospital Real, los museos y algunas de las calles monumentales del conjunto histórico.

El otoño resulta especialmente apropiado para una visita que obliga a caminar y ganar altura. Esto es bastante más llevadero una vez quedan atrás las temperaturas más altas del verano.

Alpuente, entre una villa medieval y dinosaurios

Alpuente ofrece probablemente una de las excursiones más diferentes de la provincia. Su pasado como capital de un reino taifa todavía puede reconocerse en el castillo, la muralla, la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad y la Torre Alhama.

Pero el municipio guarda bajo sus pies una historia mucho más antigua. En su término se encuentran yacimientos con huellas de dinosaurios, entre ellos el de Corcolilla, declarado Bien de Interés Cultural y acondicionado para las visitas. Algunas de esas pisadas se remontan a unos 145 millones de años.

Es una escapada especialmente interesante para familias que busquen algo diferente al habitual recorrido monumental.

Ayora, la puerta a otro paisaje valenciano

En el extremo occidental de la provincia, Ayora permite descubrir una València alejada del paisaje mediterráneo más conocido. Su castillo domina el municipio desde la parte alta y alrededor se extiende un territorio de montes, pinares y pequeñas poblaciones del Valle de Ayora-Cofrentes.

La gastronomía ayuda también a explicar la identidad de la comarca. El gazpacho ayorino es uno de sus platos más característicos y la miel ocupa un lugar central en la tradición local. De hecho, octubre marca una de las fechas señaladas del municipio con su feria dedicada al primer corte de la miel.

Bocairent, Chulilla, Chelva, Requena, Xàtiva, Alpuente o Ayora son solo siete posibilidades dentro de una provincia que cambia mucho en apenas unos kilómetros. El otoño abre ahora varios meses especialmente adecuados para descubrir ese interior valenciano que durante el verano queda con frecuencia eclipsado por la costa.