Un equipo de investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) ha desarrollado un nuevo biomarcador que permite evaluar con mayor precisión la agresividad del glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos. El avance, basado en imágenes de resonancia magnética, permite identificar distintos patrones de crecimiento tumoral y predecir de forma independiente la supervivencia de los pacientes.
El nuevo biomarcador, denominado Dynamic Infiltration Rate (DIR), ha sido diseñado por investigadores del grupo Biomedical Data Science Laboratory (BDSLab) del instituto ITACA de la UPV. Según explican los autores, esta herramienta aporta información sobre el comportamiento biológico del tumor más allá de su tamaño, uno de los criterios que se han utilizado habitualmente para valorar su evolución.
El estudio aborda uno de los principales retos clínicos en el diagnóstico y tratamiento del glioblastoma: su elevada capacidad para infiltrarse en el tejido cerebral sano. Según señalan los investigadores, los métodos convencionales se han centrado sobre todo en medir el crecimiento del tumor o el desplazamiento de estructuras cerebrales, pero no han captado con la misma precisión cómo avanza ni qué efecto mecánico provoca sobre el cerebro.
Cómo funciona el biomarcador DIR
El método desarrollado por el equipo de la UPV combina dos variables: el crecimiento volumétrico del tumor a lo largo del tiempo y el efecto mecánico que ese crecimiento ejerce sobre el tejido cerebral adyacente. A partir del análisis longitudinal de imágenes médicas, los investigadores han generado mapas de compresión tisular que permiten comprobar si el tumor empuja el tejido sano o si, por el contrario, se infiltra sin causar una compresión significativa.
De este modo, el biomarcador DIR permite diferenciar entre tumores más proliferativos, que generan una mayor compresión del cerebro, y tumores más infiltrativos, que se expanden con menor presión mecánica. Esa distinción resulta relevante porque ofrece una caracterización más precisa de la agresividad tumoral y puede ayudar a ajustar mejor las decisiones clínicas.
Los responsables del trabajo sostienen que este índice permite analizar el comportamiento del tumor de forma objetiva, reproducible y no invasiva, ya que se basa exclusivamente en técnicas de imagen médica.
Diferencias en la supervivencia de los pacientes
El nuevo método ha sido validado con datos sintéticos y también en dos cohortes clínicas internacionales de pacientes con glioblastoma. Los resultados muestran, según detallan los investigadores, que el biomarcador permite estratificar de forma robusta a los pacientes según su pronóstico.
En concreto, los pacientes con valores bajos de DIR presentan una supervivencia media de 35,2 semanas, frente a las 16 semanas registradas en aquellos con valores altos. Para el equipo investigador, esta diferencia refuerza el potencial del biomarcador como herramienta de apoyo en la toma de decisiones clínicas.
La investigación ha sido desarrollada por Carles López Mateu, María Gómez Mahiques, F. Javier Gil Terrón, Víctor Montosa i Micó, Juan M. García-Gómez y Elies Fuster García, en colaboración con investigadores del Oslo University Hospital.
Hacia una oncología de precisión más personalizada
El estudio abre la puerta, según destacan sus autores, a una medicina más personalizada en el abordaje del glioblastoma. La posibilidad de conocer con mayor detalle el patrón de crecimiento de cada tumor permitiría adaptar mejor tanto las estrategias terapéuticas como los protocolos de seguimiento de cada paciente.
Desde el equipo investigador subrayan además que se trata de una metodología accesible y con potencial de transferencia futura a la práctica clínica, lo que refuerza el papel de la ingeniería biomédica y la ciencia de datos en el desarrollo de herramientas aplicadas a la oncología de precisión.




