La alcaldesa de València, María José Catalá, ha insistido en que no entiende por qué se mantiene de forma oficial la tilde abierta en el topónimo de la ciudad cuando la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) recomienda en su dictamen la pronunciación cerrada de la e.
Para la responsable municipal, resulta incoherente que la forma escrita oficial no se ajuste a la orientación pronunciativa del órgano normativo del valenciano.
Catalá ha explicado que el debate se ha reactivado a raíz del acuerdo adoptado por el pleno municipal, en el que el Ayuntamiento aprobó recientemente las alegaciones que han considerado oportunas al dictamen de la AVL de 27 de febrero de 2026. En ese pronunciamiento, la Acadèmia se mostraba contraria al cambio del topónimo València por la forma bilingüe Valéncia, con tilde cerrada, y Valencia en castellano.
Debate sobre el topónimo oficial
En este contexto, la alcaldesa ha detallado que el consistorio ya ha remitido a la Generalitat todas las alegaciones aprobadas.
Con este paso, el Ayuntamiento traslada formalmente su posición para que el gobierno autonómico la valore en la resolución que finalmente determine la forma oficial del nombre de la ciudad. Catalá ha señalado que ahora están a la espera de esa decisión, que deberá aclarar si se mantiene la grafía actual o se introduce alguna modificación.
Según ha expuesto, para su equipo lo verdaderamente relevante es el uso real que hacen los ciudadanos del nombre de la ciudad. Ha subrayado que lo importante es que los valencianos sigan llamando a su ciudad como siempre lo han hecho, y que la denominación oficial no se perciba como algo impuesto o alejado de la costumbre social. En su opinión, la recomendación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua de pronunciar el nombre con la e cerrada refuerza la idea de que la forma oficial debería reflejar esa realidad fonética.
Catalá ha reiterado que no comprende con qué criterio se mantiene oficialmente la tilde abierta cuando, según recuerda, el propio dictamen de la AVL aconseja la pronunciación con la tilde cerrada.
A su juicio, esa discrepancia entre la recomendación pronunciativa y la forma escrita que permanece en los documentos oficiales supone forzar una denominación que no coincide plenamente con lo que indica la institución lingüística. Por ello, ha defendido que se revise la decisión para que el topónimo recoja de manera más fiel la forma en que se pronuncia y se siente el nombre de València entre la ciudadanía.





