Las Fallas de València han puesto este jueves su broche final con la Cremà de sus cerca de 770 monumentos, entre grandes e infantiles, en una edición marcada por el mensaje contra las guerras, la defensa de la paz y un debate cada vez más visible sobre la gestión de una fiesta multitudinaria que sigue creciendo.
En el año en que la celebración cumple una década como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, la fiesta se cierra con una primera valoración positiva en el plano económico, a falta de cifras definitivas de visitantes, ocupación hotelera y gasto en hostelería. También deja una sensación generalizada de que hay cuestiones clave que deben abordarse cuanto antes para evitar problemas mayores en futuras ediciones.
Estas Fallas de 2026 han estado acompañadas por una climatología suave, aunque todavía invernal, y serán recordadas por las grandes aglomeraciones, los problemas de movilidad, el récord del censo fallero, que ya roza las 130.000 personas inscritas, y la controversia política generada en torno a la logística de la fiesta. Pese a ello, desde el punto de vista de la seguridad apenas se han registrado incidentes graves, incluso en los actos de mayor concentración de público, como la mascletà, las verbenas y los castillos nocturnos.
El debate público, político y mediático ha crecido este año en torno a asuntos como la gestión de las grandes aglomeraciones, el transporte, las licencias de puestos ambulantes de comida y bebida, la posibilidad de implantar una tasa turística en Fallas, la lucha contra el incivismo y el uso incontrolado de la pirotecnia. Las distintas administraciones se han emplazado ya a discutir estas cuestiones con la vista puesta en 2027.

El ritual final de la Cremà
Las más de 380 fallas grandes han comenzado a arder a las 22.00 horas, después de la Cremà infantil, entre castillos pirotécnicos, aplausos y lágrimas de las comisiones repartidas por toda la ciudad. El estruendo de los petardos y las tracas, convertido desde principios de marzo en la banda sonora de València, ha vuelto a estar muy presente durante la jornada final.
A las 22.30 horas ha llegado el turno de la falla Convento Jerusalén-Matemático Marzal, ganadora por segundo año consecutivo del primer premio de la sección Especial con Redimonis!, obra del artista fallero David Sánchez Llongo. Con un presupuesto de 260.000 euros, ha sido el monumento más caro de esta edición.
La falla giraba en torno a los demonios que acechan disfrazados de salud, dinero, amor, éxito, poder o juventud, y ha vuelto a situar a esta comisión entre las más laureadas de la ciudad. Su Cremà ha estado precedida por un castillo pirotécnico que ha seguido numeroso público en directo.
Antes han sucumbido a las llamas otras fallas de Especial muy aplaudidas por visitantes y turistas, como Exposición-Micer Mascó, Na Jordana, El Pilar o Sueca-Literato Azorín, algunas de las propuestas más destacadas de una edición que ha vuelto a exhibir estructuras imposibles, gran imaginación y una fuerte carga satírica.
En muchos de esos monumentos, Donald Trump ha sido uno de los grandes protagonistas, en ocasiones acompañado por Vladimir Putin o Benjamin Netanyahu. En clave nacional, también han aparecido figuras como José Luis Ábalos, Koldo García, Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo o Santiago Abascal, junto a referencias al deporte y a la farándula, habituales en el universo fallero.
En cambio, este año han sido menos visibles las referencias directas o indirectas a la dana, que en 2025 ocupó buena parte del protagonismo temático, tanto por su dimensión solidaria como por la crítica política y judicial generada en torno a la tragedia que dejó 230 muertos tras arrasar parte de la provincia de València.
El presupuesto total de las fallas ha ascendido este año a 9,8 millones de euros, lo que supone 600.000 euros más que en 2025.

Un Chaplin monumental para cerrar las Fallas
La falla municipal ha protagonizado uno de los momentos más simbólicos de la noche. A las 23.00 horas ha arrancado el espectáculo pirotécnico previo a la Cremà del monumento plantado en la plaza del Ayuntamiento, presidido por un Chaplin de más de 20 metros de altura que, bajo el lema Hope, ha lanzado un mensaje contra las guerras y las injusticias del mundo actual.
La obra, firmada por Alejandro Santaeulalia y Vicente Llácer, ha sido una de las grandes imágenes de estas Fallas y ha destacado por sus dimensiones y por su integración en el corazón festivo de la ciudad. El monumento, rodeado además de alusiones a la cultura y la infancia, ha dejado una de las estampas más reconocibles de esta edición.
La fallera mayor de València, Carmen Prades, ha sido la encargada de dar la orden para iniciar la quema de esta falla municipal, sufragada por el Ayuntamiento con un presupuesto de 239.000 euros y, por tanto, fuera de concurso. La plaza del Ayuntamiento ha vuelto a llenarse por completo en el cierre de las fiestas, en un ambiente marcado por el cansancio acumulado y la sensación de despedida antes de pensar ya en las Fallas del próximo año.
Ese mensaje pacifista de la falla municipal ha tenido reflejo en otras muchas comisiones falleras. Uno de los ejemplos más destacados ha sido el ninot indultat grande de Sueca-Literato Azorín, una escena protagonizada por una niña que sueña con el fin de la guerra y que se ha convertido en una de las imágenes más fotografiadas y emotivas de estas fiestas.

Más de 6.000 agentes y un gran dispositivo de limpieza
Las Fallas de 2026 se han cerrado con un dispositivo de más de 6.000 agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, además del despliegue especial de bomberos encargado de supervisar la Cremà tanto en la ciudad de València como en otros municipios de la provincia, y también en algunas localidades de Alicante y Castellón.
Tras la quema de los monumentos, el operativo de limpieza afronta ahora una de las tareas más exigentes de la fiesta. Este año, ese servicio ha contado con un presupuesto de 3,2 millones de euros para intentar devolver a las calles su aspecto habitual después del impacto que dejan la pirotecnia, el turismo, las verbenas, el incivismo y las cenizas de unos monumentos que, un año más, han convertido a València en un gran escaparate de arte efímero, crítica social y deseo de paz.

















