La DANA reabre el debate sobre un Cecopi gestionado solo por técnicos

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El subdirector de Emergencias de la Generalitat Valencianaha ha insistido en que la discusión sobre si avanzar hacia un modelo absolutamente técnico está encima de la mesa y se está planteando en los órganos responsables de la gestión de emergencias

El subdirector general de Emergencias de la Generalitat Valenciana, Jorge Suárez, ha explicado en el Congreso que la DANA de octubre de 2024 ha dejado abierto un debate de fondo sobre el modelo de gestión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) y la conveniencia de que funcione con un mando exclusivamente técnico, sin presencia de cargos políticos en la toma directa de decisiones.

Suárez ha recordado que las medidas que se acuerdan en el Cecopi afectan a un volumen muy amplio de población y ha admitido que, por ese impacto, no es sencillo limitar todo el proceso a decisiones técnicas. Pese a ello, ha insistido en que la discusión sobre si avanzar hacia un modelo absolutamente técnico está encima de la mesa y se está planteando en los órganos responsables de la gestión de emergencias.

Responsabilidades tecnicas y politicas en la DANA

Los diputados de la comisión de investigación sobre la DANA han centrado buena parte de sus preguntas en la frontera entre las responsabilidades políticas y técnicas durante el episodio de octubre de 2024. En especial, se han interesado por cómo se tomaron las decisiones en la reunión del Cecopi y qué margen tuvieron los técnicos frente a los cargos políticos presentes.

Suárez ha explicado que, durante aquella jornada, la atención del Cecopi se centró primero en la zona de Requena y Utiel y, posteriormente, en la presa de Forata. Esa concentración de esfuerzos, ha dicho, secuestró hasta las 19.15 horas de ese día la visión global sobre la afección en el resto de la provincia de Valencia, lo que dificultó una evaluación más temprana del alcance real del episodio.

Sobre el confinamiento generalizado

En una comparación planteada por el diputado popular Óscar Clavell, el subdirector de Emergencias ha señalado que, si se mide la atención de cero a cien, la presa de Forata llegó a absorber en algún momento el 200 % de los recursos y el foco del Cecopi.

Ha descrito un centro de Emergencias trabajando al 400 %, con personal que seguía protocolos ya establecidos para ciertas actuaciones, pero ha subrayado que hay decisiones que la dirección técnica nunca adopta por sí sola, como un confinamiento generalizado, el envío de una alerta masiva o la activación de la UME, que siempre requieren autorización superior.

Preguntado por si un envío más temprano del sistema de alertas es-Alert habría salvado vidas, Suárez ha reconocido que no lo puede saber ni conectar de forma directa con el resultado final. Tampoco ha querido ser tajante sobre si el es-Alert se lanzó con retraso, al señalar que ahora se está analizando a posteriori y que no puede juzgarlo de manera categórica.

Sin coincidencias de la verdadera gravedad

Suárez ha apuntado que intervinieron varios factores y que posiblemente no hubo conciencia de la verdadera gravedad de la situación mientras se desarrollaban los hechos. Sobre si las consecuencias de la DANA deben atribuirse principalmente a los responsables políticos o a los técnicos, se ha mostrado igual de prudente y ha considerado que sería una simplificación cargar las culpas solo en un ámbito.

En relación con el momento en que el expresident de la Generalitat, Carlos Mazón, se incorporó al Cecopi, el subdirector ha señalado que no le corresponde a él valorar si esa llegada se produjo demasiado tarde, dejando claro que ese juicio compete a otros.

Información CHJ y AEMET

Durante su comparecencia, Suárez ha analizado también el papel de la información suministrada por la Confederación Hidrográfica del Júcar y la Agencia Estatal de Meteorología. Ha defendido que, por supuesto, disponer únicamente de datos en bruto sin una interpretación clara limita la capacidad de decisión en un contexto de emergencia. En este sentido, ha señalado que se generó una falsa sensación de seguridad a partir de un correo que indicaba que el caudal del barranco del Poyo tenía tendencia descendente, mensaje que influyó en la percepción del riesgo.

Respecto al contenido del es-Alert, el subdirector ha reiterado las explicaciones que ya había dado ante la jueza de Catarroja. Ha recordado que se redactaron distintas versiones del mensaje y que se eliminaron las referencias al confinamiento de la población y a la recomendación de subir a zonas altas. Según ha expuesto, en el Cecopi se debatió el temor a provocar un alarmismo excesivo o un posible efecto estampida, así como la conveniencia de avisar primero a los alcaldes antes de lanzar la alerta a la ciudadanía.

Suárez ha reconocido que en el Cecopi no estuvo encima de la mesa el dato concreto del aumento del caudal en el barranco del Poyo durante las horas críticas. Ha admitido que, evidentemente, esa información debería haber llegado a la mesa de coordinación y ha planteado dos posibilidades: o bien no llegó, o bien no se alcanzó a analizar con la profundidad necesaria en ese momento.

Número de fallecidos

El responsable de Emergencias ha relatado que, ya en la primera noche tras la DANA, tenía la seguridad absoluta de que se habían producido fallecimientos, aunque nunca habría imaginado la cifra final de 230 muertos. Ha reconocido que los técnicos no fueron conscientes del verdadero impacto mientras se desarrollaba la emergencia y ha resumido que falló la capacidad de ser conscientes de la magnitud real del episodio.

En su intervención, ha afirmado que, mirando en retrospectiva, se podrían haber hecho mil cosas antes, durante y después del episodio, y ha admitido que el sistema nacional de Protección Civil no estaba preparado para lo que ocurrió. Ha añadido que todos los técnicos del centro de Emergencias se sienten afectados por lo sucedido y que habrían querido poder hacer cualquier cosa que hubiera reducido el daño.

Las emergencias cada vez más complejas

Suárez ha advertido de que las emergencias son cada vez más complejas y que la sociedad vive en un territorio de riesgo, lo que obliga a reforzar múltiples ámbitos de trabajo. Ha defendido que hay que adaptarse a nuevos tipos de emergencias derivadas del cambio climático y que esa adaptación debe traducirse en mejoras tanto en la prevención como en el análisis de la información y en los sistemas de respuesta.

Según ha expuesto, se puede y se debe actuar con antelación, diseñando mecanismos que permitan reaccionar aun cuando parezcan sobredimensionados o estén largos periodos sin activarse. A su juicio, hay que asumir que estos dispositivos a veces permanecerán parados, pero deben estar siempre preparados para cuando se necesiten y orientarse a analizar los incidentes en su conjunto, y no solo el volumen de llamadas que recibe el sistema.


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