En las Fallas, la música de charanga es el pulso de la calle: sin ella, la fiesta perdería su carácter popular. Ese latido evoluciona cada año y hoy tiene en el ‘cara a cara’ uno de sus formatos más vivos, con dos bandas midiéndose a base de arreglos, improvisación y energía para levantar al público.
En ese espíritu se mueven las valencianas Pintant-la y Telotocotó, que afrontan la semana grande exprimiendo una veintena de actos y apenas unas horas de sueño. Este domingo se unirán en la Falla Josep Antoni Puríssima i Major de L’Eliana para una ‘batalla’ festiva: dos horas alternándose sobre la marcha y un final conjunto a modo de estallido musical.
La clave diferencial está en los arreglos —versiones trabajadas de temas conocidos—, que definen la identidad de cada grupo. Telotocotó apuesta por sonidos ‘remember’ y repertorio inglés, mientras que en Pintant-la subrayan la necesidad de actualizarse para no quedarse en modas de hace años. Como ejemplo, relatan la sorpresa del público cuando interpretaron un arreglo de Camela en una falla.
El catálogo no tiene fin: de Melendi o El Canto del Loco a Extremoduro y Maná. Aun así, hay piezas que nunca fallan en la calle: el solo de trompeta de ‘La Amapola’ y los himnos valencianos como ‘El Caballo Camina Palante’ y ‘El Tablón’ siguen siendo munición infalible para hacer vibrar a falleros y falleras.
Concursos en auge
La expansión del fenómeno también se nota en los concursos de charangas, surgidos en los últimos años con premios económicos y prestigio para quien se corona. La charanga Sib Moolt, con doce músicos profesionales y sede en Llíria, se alzó con la sexta edición del certamen organizado por la Falla Espartero-Maestro Plasencia de Burjassot.
Su preparación fue milimétrica: ensayos semanales durante dos meses y, en las dos últimas semanas, sesiones de lunes a viernes de 22 a 01 horas para encajar papeles individuales y coreografías antes de ponerlo todo en común. Ante 2.000 personas y un jurado profesional que valoró afinación, uniformidad musical e interacción con el público, lucieron sus mejores arreglos y se llevaron el triunfo, además de multitud de mensajes de asistentes celebrando la actuación.
Más allá de los trofeos, los músicos destacan la ‘germanor’ que se respira. La Ofrenda figura entre los actos favoritos por su mezcla de emoción y solemnidad, y lo que más valoran es el reencuentro entre charangas, una competitividad sana donde la verdadera recompensa es ver la progresión del grupo. Telotocotó, por ejemplo, logró el Primer Premio en el Concurso Nacional ‘Batalla de Charangas de Zamora’.
Esa complicidad también se extiende a los casales. Tras jornadas interminables, ducha rápida y vuelta a la fiesta con los falleros: por la noche mandan los ritmos más festivos y, a la mañana siguiente, con gafas de sol y voz gastada, el cuerpo pide otras cadencias y ‘La Amapola’ ya no suena tanto.







