Los operarios de la presa de Buseo admiten que carecían de protocolo ante la riada del 29-O

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Dos operarios de la presa de Buseo declaran ante la jueza que nadie les indicó cómo actuar ante la crecida súbita del 29 de octubre y detallan el desfase entre las previsiones y el desbordamiento real.

Dos operarios encargados de la vigilancia y el mantenimiento de la presa de Buseo han declarado ante la magistrada que investiga la gestión de la dana que no recibieron instrucciones concretas sobre cómo actuar ante una crecida súbita como la registrada el pasado 29 de octubre, cuando el embalse pasó en pocas horas de estar prácticamente vacío a desbordarse por la coronación.

Según han explicado en su comparecencia como testigos, hasta las 16 horas de ese día el embalse, situado en la cuenca del Turia y de competencia autonómica, se encontraba casi vacío. Esta situación transmitía una aparente normalidad pese al episodio de lluvias intensas asociado a la dana, lo que, según se desprende de sus declaraciones, pudo contribuir a que no se activaran antes medidas específicas de emergencia.

A última hora de la tarde, alrededor de las 20:15 horas, los dos trabajadores fueron informados por la empresa que gestiona las instalaciones, Typsa, de una previsión concreta: se esperaba que el caudal que estaba entrando en el embalse alcanzara el aliviadero hacia la 1:30 horas de la madrugada. Esta estimación fijaba un margen de varias horas para que el agua subiera hasta el punto de desagüe de seguridad, dejando entender que había tiempo para seguir la evolución del episodio sin necesidad de decisiones inmediatas.

Sin embargo, tal y como han detallado ante la jueza, la realidad fue muy distinta a esas previsiones. El agua comenzó a rebosar por la coronación de la presa a partir de las 21:35 horas, es decir, apenas algo más de una hora después del aviso y varias horas antes del momento calculado inicialmente. Según su relato, el nivel del embalse llegó a superar en torno a dos metros el extremo superior de la estructura, lo que refleja la rapidez y la intensidad de la crecida.

Actuacion durante la noche del desbordamiento

Tras el inicio del desbordamiento, los operarios han explicado que se quedaron sin cobertura en la zona, una circunstancia que dificultó cualquier comunicación adicional y que, según se deduce de su testimonio, les dejó con un margen muy limitado para coordinarse o recibir nuevas órdenes. Pese a esa situación, uno de ellos decidió permanecer en una caseta situada a más altura que la presa hasta la mañana siguiente, con el objetivo de vigilar la evolución del embalse desde un punto relativamente seguro.

Durante el interrogatorio, se les preguntó si tenían conocimiento de que se hubiera avisado del riesgo a los municipios situados aguas abajo de la presa. Ambos respondieron que lo desconocían y que solo podían suponer que se habría comunicado, aunque no pudieron concretar por qué medio ni en qué momento se habría producido ese eventual aviso.

Los trabajadores también han informado a la magistrada de que la presa se encuentra actualmente en obras y han señalado que, tras el episodio del 29 de octubre, se han instalado sirenas en la infraestructura. Esta medida apunta a reforzar los sistemas de aviso y emergencia para futuras crecidas, en contraste con la ausencia de instrucciones específicas que, según su declaración, existía cuando se produjo la súbita riada.


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