El sector del transporte marítimo afronta la guerra de Irán con un sentimiento de incertidumbre y preocupación, a la vez que confía en que el conflicto no se prolongue y reivindica la resiliencia del sistema portuario español. Los operadores asumen que los próximos días serán decisivos para estabilizar tráficos y costes.
La cuestión centró una mesa del primer Congreso Nacional del sector portuario sobre la situación y los desafíos del transporte mundial, con la participación del presidente de Puertos del Estado, Gustavo Santana, y del presidente de la Asociación de Navieros Españoles (Anave), Vicente Boluda, entre otros responsables.
Rutas y puertos españoles
Según Santana, la incertidumbre se ha instalado en la cadena logística desde la invasión rusa de Ucrania y ahora vuelve a intensificarse con Irán. Cada crisis bélica o económica reordena las rutas: la afectación del estrecho de Ormuz y el desplazamiento de la tensión hacia Yemen condicionan el paso por el canal de Suez y empujan a los grandes buques que conectan Asia y Europa a rodear África por el Cabo de Buena Esperanza. Esta alternativa alarga los tiempos de navegación, reduce la oferta efectiva de espacio en buque y presiona al alza los fletes; además, en las zonas más expuestas aumentan las primas de los seguros marítimos y otros costes operativos.
En ese escenario, España gana relevancia por su posición geoestratégica: el primer puerto europeo en la ruta que discurre por el Cabo de Buena Esperanza es el de Las Palmas, seguido por Algeciras, Valencia y Barcelona. Para Santana, el sistema portuario español está respondiendo con agilidad y eficiencia, manteniendo la calidad de los servicios y adaptándose a eventuales incrementos de tráfico. Recordó, asimismo, que los puertos cuentan desde hace años con planes de protección frente a amenazas, aprobados por Interior, que se activan según las necesidades.
Impacto en la energía y costes
El impacto más sensible se concentra en la energía. Vicente Boluda subrayó que esta guerra afecta especialmente al transporte de hidrocarburos y apuntó que lo más preocupante es el gas: ‘el 50 % del consumo mundial sale de Irán y de Qatar, y del resto del mundo el otro 50 %‘. Con los riesgos en Ormuz y Suez, advirtió que ‘el precio se puede ir por las nubes, de hecho ya está multiplicándose día a día‘, una escalada que, aunque amortiguada por el final del invierno, encarecería la factura de industrias y hogares y elevaría los costes logísticos de muchas cadenas de suministro.
En el caso de España, Boluda recordó que ‘el 50 % del gas lo importamos de EEUU‘, por lo que una subida sostenida del precio sería muy inconveniente. Expresó su deseo de que la crisis de Oriente Medio se resuelva en un máximo de quince días, aludiendo al atasco de petroleros en Ormuz. Si el conflicto se prolonga, añadió, el sector tenderá a reciclarse y acoplarse: a los barcos que se encuentren dentro del estrecho les resultará imposible salir, mientras que los que estén fuera podrán optar por rutas alternativas. A escala global, estimó que las pérdidas ascienden a ‘miles de millones de dólares diarios‘.
El contexto energético se complica, además, por las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de romper relaciones comerciales con España tras la negativa a usar las bases de Morón y Rota. Para Boluda, resulta preocupante por la dependencia gasista estadounidense, aunque matizó que una ruptura inmediata es difícil porque se trata de contratos de largo plazo. Apostó por recomponer las relaciones mediante diálogo diplomático y advirtió de que, desde hace unos dos meses, compañías navieras de interés español ya encuentran dificultades para tocar puertos americanos, un síntoma de que la situación se está complicando.




