La exdirectora de la residencia Savia de Paiporta, Inés Talaya, ha asegurado ante la comisión investigadora de la DANA en el Congreso de los Diputados que el centro no recibió ninguna comunicación directa de la administración alertando del episodio de lluvias antes de la riada del 29 de octubre de 2024, en la que fallecieron seis residentes. Talaya ha defendido que todas las decisiones que se adoptaron durante aquella jornada y la noche de la inundación tuvieron un único objetivo: proteger, cuidar y tratar de salvar la vida de los mayores a su cargo.
Talaya trabajaba como psicóloga en la residencia cuando se produjo la riada y ha recordado que, en el momento de la catástrofe, en el centro vivían 119 personas.
Durante su comparecencia ha subrayado el profundo impacto personal y emocional que dejó la tragedia, que se produjo en un contexto de situación extrema e inesperada y en la que, según ha destacado, perdieron la vida 230 personas en total por la DANA en diferentes puntos.
Los grupos parlamentarios han centrado sus preguntas en esclarecer si los trabajadores siguieron algún protocolo de emergencia específico y si el centro recibió algún tipo de aviso previo sobre el riesgo de inundaciones. La exdirectora ha insistido en que, a lo largo del día, no se recibió comunicación directa de ninguna administración u organismo que advirtiera de lo que estaba a punto de ocurrir, lo que, a su juicio, condicionó la capacidad de anticipar medidas adicionales más allá de la atención rutinaria a los residentes.
Heroicidad del personal durante la noche de la riada
La compareciente, que fue reconocida por la Generalitat Valenciana por su actuación al regresar al centro para ayudar en la evacuación una vez acabado su turno, ha destacado la heroicidad de sus compañeros. Ha descrito su papel como fundamental para socorrer a los residentes, muchos de ellos con problemas de movilidad que dificultaban cualquier traslado rápido.
Según ha relatado, los catorce profesionales que se encontraban en la residencia aquella tarde y noche no dudaron ni un instante en proteger a los mayores. Ha elogiado su valentía, entrega y compromiso ejemplares, que consideró decisivos en una noche que, en sus palabras, desafió los límites de lo imaginable. Esta reacción inmediata del personal permitió organizar una evacuación de urgencia dentro del propio edificio, priorizando a las personas más vulnerables y a quienes tenían más dificultades para desplazarse por sí mismas.
La jornada transcurrió con absoluta normalidad
Talaya ha explicado que la jornada del 29 de octubre transcurrió con absoluta normalidad hasta aproximadamente las 19.30 horas. Ha remarcado que no llovió en todo el día y que se recibieron visitas de familiares hasta las 19.00 horas, tal y como consta en los registros del centro. A su entender, esa sensación de normalidad reforzaba la idea de que no existía un riesgo inminente y contribuyó a que nadie en la residencia previera la magnitud de lo que estaba por llegar.
Al finalizar su turno, a las 19.30 horas, ella y una compañera se disponían a abandonar la residencia. En ese momento, según ha relatado ante los diputados, vio a lo lejos lo que describió como un mar en calma, una lámina de agua que avanzaba sin estruendo aparente. Lo siguiente que recuerda es subir a su vehículo y tener que salir por la ventanilla al estar este inundado de agua, lo que ilustra la rapidez con la que el agua anegó la zona.
La exdirectora ha contado que volvió al interior de la residencia entrando por una ventana, desde donde comenzó a gritar que todo el mundo subiese a la planta superior. Ha descrito que pidió a quienes pudieran caminar que subieran lo más rápido posible porque, según sus palabras, entró un tsunami. Ha narrado también el gran estruendo que se produjo cuando los coches comenzaron a impactar contra la puerta del centro, un ruido que reflejaba la fuerza de la corriente que arrastraba los vehículos.
Poner a salvo a los residentes y atender sus necesidades básicas
Una vez los residentes estuvieron en la planta de arriba, la prioridad inmediata del equipo fue poner a todos a salvo y atender sus necesidades básicas. Talaya ha explicado que lo primero que hicieron fue cambiarles de ropa para que estuvieran secos, con el fin de evitar que la humedad y el frío agravaran su estado de salud, especialmente en personas mayores y frágiles. En paralelo, el personal trató de mantener la calma entre los residentes, muchos de ellos desorientados ante el ruido, la oscuridad y la rapidez con la que había cambiado la situación.
Durante la comparecencia, la diputada Teresa Jordá, del Grupo Republicano, le ha preguntado si hubiera podido actuar de forma distinta y proteger aún mejor a los residentes en caso de haber recibido un aviso claro con horas de antelación. Con esta cuestión, la parlamentaria ha buscado aclarar hasta qué punto la falta de alertas directas influyó en la capacidad de respuesta del centro y en la adopción de medidas preventivas.
No se recibió comunicación directa
Talaya ha reiterado que durante todo el día no se recibió comunicación directa por parte de ninguna administración u organismo alertando de lo que iba a suceder. Ha insistido en que, de haber existido un aviso concreto y personalizado dirigido a la residencia, podrían haberse valorado otras decisiones, pero ha remarcado que actuaron en todo momento con la información de la que disponían y centrados en la protección de los usuarios.
La exdirectora ha señalado que, sobre las 3.30 horas de la madrugada, tres personas de la Unidad Militar de Emergencia llegaron caminando hasta la residencia para comprobar el estado del centro. Su presencia marcó un punto de inflexión en la gestión de la situación, al aportar refuerzos y apoyo externo al equipo que llevaba horas enfrentándose a la inundación y a sus consecuencias. Antes de la llegada de estos efectivos, ha recordado que la vicepresidenta de la Generalitat, Susana Camarero, llamó personalmente para interesarse por la situación, preguntar cómo estaban y qué estaban haciendo para afrontar la emergencia.
Al cierre de su intervención, Talaya ha querido dejar claro que, incluso ante unas circunstancias que ha descrito como las más adversas y en un contexto límite, la prioridad de su equipo fue siempre la misma: proteger, cuidar y tratar de salvar la vida de las personas usuarias del centro. Ha defendido que todas las decisiones tomadas se guiaron por ese objetivo y ha insistido en que el comportamiento de los profesionales de la residencia fue ejemplar en una noche marcada por el miedo, la incertidumbre y la falta de avisos directos sobre la DANA.




