La superviviente española del naufragio en Indonesia denuncia en el juicio la falta de auxilio a su familia

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La única superviviente española adulta del naufragio en el Parque Nacional de Komodo declara en el juicio que la tripulación no activó protocolos de seguridad ni ayudó a su marido e hijos, fallecidos en el hundimiento.

La española que sobrevivió junto a una de sus hijas al naufragio de un barco turístico en el Parque Nacional de Komodo declaró por videoconferencia ante el tribunal de Labuan Bajo y acusó a la tripulación de no socorrer en ningún momento a su marido e hijos, fallecidos en el accidente.

Durante su intervención, que se prolongó cerca de tres horas y en la que estuvo asistida por una intérprete al indonesio, Andrea Ortuño relató que nadie les explicó los protocolos de seguridad antes de zarpar ni durante la travesía. Describió el barco como un navío de aspecto viejo y destacó que, al caer la tarde, vio a un chico joven al mando del timón, lo que, según su testimonio, reforzó su sensación de inseguridad a bordo.

Ortuño afirmó que, con el paso del tiempo, es cada vez más consciente de que la tragedia podría haberse evitado si la tripulación hubiera actuado con más diligencia. Considera que los responsables del barco tendrían que haber avisado con antelación del peligro y haber adoptado medidas de emergencia, y sostiene que su marido y sus hijos podrían seguir con vida si se hubieran aplicado correctamente las normas de seguridad.

El proceso penal en marcha imputa a la Fiscalía un delito de negligencia con resultado mortal al capitán del barco, de 56 años, y al jefe de la sala de máquinas, de 22. Este tipo de delito puede acarrear penas de hasta cinco años de prisión. El juicio se abrió el 12 de marzo con la lectura de los cargos y continúa en curso, sin que se haya fijado todavía la fecha de la próxima vista.

Responsabilidades en el mando y cronología del hundimiento

Según la investigación policial incorporada a la causa, el capitán no se encontraba al timón en el momento del accidente, ya que había cedido el control de la embarcación al jefe de máquinas. Este relevo en una fase delicada de la navegación es uno de los puntos que se analizan para determinar el grado de responsabilidad de cada uno.

El barco turístico KM Putri Sakinah se hundió en aguas de la isla de Padar, dentro del Parque Nacional de Komodo, alrededor de las 20:30 hora local del 26 de diciembre. El hundimiento se produjo tras el impacto de fuertes olas cuando la embarcación navegaba hacia otra isla durante una excursión de varios días que incluía pernoctar a bordo.

En el momento del accidente, Ortuño, de 37 años, dormía en un camarote de la parte superior del barco junto a una de sus hijas, de 7 años. En la parte inferior de la embarcación se encontraban su marido, Fernando Martín, y un hijo de este en una habitación, mientras que dos hijos de la superviviente, de una relación anterior, ocupaban otra estancia. Esta distribución de los camarotes influyó en las posibilidades de escapar, ya que la subida del agua afectó antes a la zona inferior del barco.

Tras un primer impacto que despertó a madre e hija, esperaron unos segundos sin recibir instrucciones ni avisos de la tripulación. Después de un segundo golpe, que ladeó el barco de manera acusada, Ortuño cogió a su hija, logró abrir la puerta del camarote y ambas consiguieron salir a cubierta. Según su relato, en ningún momento escuchó una voz de alarma ni vio a los tripulantes organizar un protocolo de evacuación.

La española indicó que, al ver cómo el agua iba llenando rápidamente el barco, se vio obligada a saltar al mar con su hija para intentar salvar la vida. Explicó que tuvo que gritar a los tripulantes para que se acercaran a socorrerlas con un pequeño bote auxiliar. Aseguró que, cuando llegaron hasta ellas, los miembros de la tripulación estaban secos y utilizaban sus teléfonos móviles con normalidad, lo que, a su juicio, reflejaba que no se habían expuesto al peligro para rescatar al resto de pasajeros.

Mientras madre e hija eran rescatadas, los otros cuatro españoles que viajaban en el barco no lograron salir a flote. Tras quince días de operativo de búsqueda, los equipos de rescate recuperaron los restos mortales de Fernando Martín, exfutbolista y entrenador del equipo femenino B del Valencia CF, de un hijo de este y de una de las hijas de Ortuño. El cuerpo de otro hijo de la superviviente y de una expareja no llegó a ser encontrado.

En el naufragio sobrevivieron, además de las dos españolas, cuatro tripulantes y un guía, todos indonesios. La diferencia entre quienes pudieron abandonar el barco y quienes quedaron atrapados bajo el casco hundido se ha convertido en un elemento central del relato de la víctima, que insiste en que la tripulación debió organizar un rescate inmediato y facilitar la salida de todos los pasajeros.

Ortuño sostiene que los tripulantes nunca socorrieron a sus hijos ni a su marido y que, cuando pidió que dieran la vuelta para buscarlos, se encontró con una negativa constante. Según su testimonio, los marineros respondían que no se podía regresar, incluso cuando el barco se encontraba medio hundido y el tiempo jugaba en contra de la localización de los desaparecidos.

A pesar del dolor, la superviviente asegura que solo pide justicia. En su declaración quiso subrayar también su agradecimiento a la población de Labuan Bajo, a las autoridades locales y a los equipos que participaron en las tareas de búsqueda, a quienes dice que llevará siempre en su corazón por el apoyo recibido en los días posteriores a la tragedia.


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