Logroño vive su primera falla para acercarse a la cultura valenciana

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Logroño estrena este fin de semana su propia falla, una figura alegórica al vino de Rioja que se plantó el viernes y arderá el domingo, acompañada de actos típicos de la fiesta valenciana.

Logroño vive este fin de semana una fiesta inédita con la plantà de su propia falla, una figura que se levantó el viernes y que arderá el domingo al cierre de tres días de actividades pensadas para acercar la cultura valenciana a la capital riojana. Más allá del momento de la quema, el programa busca mostrar cómo es realmente la fiesta de las fallas en su conjunto y qué tradición hay detrás de estos monumentos efímeros.

La iniciativa parte de la asociación valenciana Fallers pel Món, que ha desplazado hasta Logroño a unas tres mil personas. Durante tres jornadas, grupos falleros, músicos y representantes de distintas comisiones protagonizan degustaciones gastronómicas, pasacalles de falleras, una mascletá y, como colofón, la cremà de la falla. Con este despliegue tratan de reproducir, adaptada al entorno riojano, la atmósfera que se vive en Valencia durante su fiesta grande.

Una falla centrada en el vino de Rioja

La falla plantada en Logroño es un monumento alegórico con un guiño claro a la identidad riojana. La figura principal representa a un hombre pisando uva en un tinanco, una imagen tradicional ligada a la elaboración del vino de Rioja. Alrededor de ese motivo central se han incorporado elementos característicos de la cultura valenciana y de su huerta, de modo que el monumento conecta simbólicamente ambas tierras.

Con este diseño, Fallers pel Món adapta el lenguaje visual de las fallas al lugar que visita. El vino de Rioja se convierte así en el hilo conductor que permite explicar a los visitantes cómo se conciben estos monumentos y qué simbolizan, al mismo tiempo que se rinde homenaje a uno de los productos más reconocibles de la región.

La asociación Fallers pel Món recorre desde hace doce años distintas comunidades autónomas y provincias con un objetivo definido: exportar la fiesta de las fallas y darla a conocer fuera de la Comunidad Valenciana. Incluso han llevado esta experiencia a otros territorios como Andorra, siempre con la misma idea de mostrar cómo se vive esta tradición más allá de las imágenes de la quema que suelen difundirse en los medios.

Uno de los miembros de la asociación, José Manuel Espíritu Santo, resume así su filosofía: su primer mensaje es interno, ya que para ellos ir a una ciudad significa también descubrir su cultura, sus costumbres y su forma de entender la fiesta. Al mismo tiempo, subraya que buscan trasladar lo que son y lo que hacen en sus celebraciones, compartiendo su manera de vestir, de organizar actos y de vivir las fallas a lo largo del año.

Según explica, fuera de Valencia la atención suele centrarse casi exclusivamente en la quema del monumento, mientras que pasan más desapercibidos otros aspectos fundamentales, como la indumentaria de las falleras, el protocolo de los actos o el hecho de que se trata de una tradición muy arraigada en numerosos municipios. Esta visión parcial hace que muchos no conozcan la dimensión social y cultural de las fallas, que abarcan desde la crítica y la sátira hasta la convivencia vecinal.

En su tierra, recuerda Espíritu Santo, las fallas se orientan especialmente a la crítica y a la sátira de la actualidad política y de lo que sucede en los barrios. Los monumentos recogen escenas irónicas y personajes reconocibles, con mensajes que invitan a la reflexión y al humor. Cuando viajan fuera, sin embargo, ajustan el contenido para aludir sobre todo al territorio que visitan. En el caso de Logroño, esa adaptación se traduce en una falla centrada en el vino, elemento emblemático de la ciudad y de toda La Rioja, que se convierte en símbolo del encuentro entre dos culturas festivas.

Además de los actos más vistosos, la asociación dedica una parte importante del fin de semana a actividades educativas con escolares, una labor que consideran esencial para difundir su cultura. Estas iniciativas permiten explicar a las nuevas generaciones qué significan las fallas, cómo se preparan durante meses y por qué se convierten en un punto de encuentro para barrios enteros. Con la plantà y la cremà de esta falla en Logroño, Fallers pel Món busca que quienes se acerquen a verla comprendan que detrás del fuego hay una tradición compleja, viva y en constante diálogo con los lugares que visita.


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