El secretario general del sindicato Justicia Policial (Jupol), Aarón Rivero, ha denunciado que la Policía Nacional reaccionó con una movilización tardía durante la dana de 2024 en la Comunitat Valenciana, a pesar de que muchos agentes se ofrecieron desde el primer momento para desplazarse a las zonas más castigadas por las inundaciones.
Rivero ha explicado que, según el relato de numerosos policías, ya en las primeras horas tras el episodio de lluvias intensas hubo efectivos dispuestos a acudir a los municipios afectados, pero la respuesta de la Jefatura Superior de Policía de Valencia no llegó hasta el cuarto día. Cuando por fin recibieron indicaciones, se les trasladó que se apuntaran como voluntarios en el teléfono 112 para colaborar en tareas de retirada de barro, o que se adscribieran de forma temporal a unidades de la zona sin retribución adicional ni compensación en días libres.
El dirigente sindical ha contrastado esta actuación con lo ocurrido en otras emergencias recientes en España, como el temporal Filomena, el volcán de La Palma o el terremoto de Lorca. En todos esos casos, ha recordado, las unidades de intervención y las unidades especiales de la Policía Nacional se activaron en cuestión de horas, mientras que en la dana se tardó al menos tres días en desplegar un dispositivo policial relevante. A su juicio, esta diferencia de tiempos refleja una falta de reacción y de planificación específica ante un fenómeno que ya estaba plenamente identificado como un riesgo grave.
Críticas al liderazgo y a la capacidad de despliegue
Rivero ha insistido en que los policías nacionales sí tenían voluntad de acudir a las zonas inundadas pero, según su versión, no se les permitió hacerlo en los primeros momentos. En esos días iniciales, en los municipios más afectados se concentraron policías locales llegados desde numerosos puntos de España, pero prácticamente no había presencia de la Policía Nacional. Para el responsable de Jupol, esta ausencia resultó especialmente llamativa porque se trata de un cuerpo con competencias en seguridad pública y con experiencia en grandes dispositivos.
En su intervención ha relatado que la instrucción que recibieron muchos agentes fue que estuvieran tranquilos, con el mensaje de que la situación se gestionaría correctamente. Sin embargo, ese mensaje no se tradujo en una activación rápida de refuerzos nacionales, y los efectivos que querían desplazarse a las áreas inundadas se quedaron a la espera de órdenes claras. Esta demora, sostiene, contribuyó a que la ciudadanía percibiera una falta de presencia policial estatal en las primeras horas críticas tras las inundaciones.
El secretario general de Jupol ha llegado a afirmar que en la respuesta a la dana faltó liderazgo y faltó capacidad de despliegue en la Policía Nacional, aunque no faltaron ganas de trabajar ni de servicio público por parte de los agentes. Según su análisis, el problema no estuvo en la disposición de la plantilla, sino en la ausencia de decisiones ágiles por parte de la cadena de mando, que debería haber coordinado mejor los recursos disponibles para garantizar tanto las labores de rescate como la seguridad en las zonas dañadas.
El representante sindical también ha calificado de temeridad que se movilizara a personas que aún estaban en la Academia y no eran policías de pleno derecho. A estos alumnos, ha señalado, se les entregó un uniforme y una pala para ayudar en la retirada de barro, mientras que seguía sin desplegarse a todas las unidades profesionales con experiencia en intervenciones complejas. A su entender, en una crisis de este tipo no solo eran necesarias manos para las tareas físicas, sino también efectivos policiales para evitar posibles saqueos y proteger los bienes de quienes habían tenido que abandonar sus viviendas.
Rivero ha añadido que, ante la falta de un dispositivo amplio de la Policía Nacional, en algunas de las zonas más afectadas se organizaron patrullas vecinales con el objetivo de vigilar calles y propiedades en los momentos en que el riesgo de robos era mayor. Considera que esta situación es una señal de que la respuesta oficial no alcanzó el nivel de presencia policial que la población esperaba tras un episodio meteorológico tan grave.
En su comparecencia en la comisión de investigación sobre la dana de 2024 en Les Corts Valencianes, Rivero ha defendido que, de haberse declarado el estado de alarma, todos los agentes de la Policía Nacional habrían sido movilizados y se habría contado con un marco legal claro para ordenar servicios y desplazamientos de forma inmediata. Ha pedido disculpas por que el cuerpo no llegara a tiempo en la dana para salvar a más personas, y ha atribuido esa falta de reacción a la incapacidad operativa de los mandos para dirigir a una plantilla que, según recalca, estaba dispuesta a intervenir desde el primer momento.
El dirigente de Jupol ha explicado que le llamó la atención que el jefe superior de Policía de Valencia no se encontrara en la comunidad en el momento de la dana y tardara un día en desplazarse desde Madrid. A su juicio, en un episodio de esta magnitud, la presencia temprana de los máximos responsables operativos es clave para coordinar actuaciones con otros cuerpos, priorizar recursos y ofrecer instrucciones claras a los equipos sobre el terreno.
También ha criticado que, durante la primera jornada, se llegara a grabar un vídeo de agentes en una furgoneta dando una vuelta a una rotonda para dar la sensación de que la Policía Nacional ya estaba actuando de forma organizada. Según su relato, finalmente no se permitió que esas imágenes se difundieran, lo que, en su opinión, evidencia que se era consciente de que la respuesta todavía no estaba a la altura de las expectativas ciudadanas. Para Rivero, este tipo de decisiones comunicativas no compensa la falta de un despliegue real y solo contribuye a aumentar la desconfianza sobre la gestión de la emergencia.
En conjunto, las críticas del sindicato apuntan a una gestión de la dana en la que se desaprovechó la capacidad de movilización de la Policía Nacional, se recurrió a voluntariado y a personal en formación para tareas de limpieza, y se dejó en segundo plano la función de seguridad en los primeros días, precisamente cuando el impacto de la catástrofe y la vulnerabilidad de los vecinos afectados eran mayores.


