La UPV detecta diferencias térmicas de hasta 25 grados entre zonas soleadas y espacios con sombra

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Un estudio en el campus de Vera confirma que las cubiertas, los árboles y las pérgolas reducen de forma notable el estrés térmico y ayudarán a diseñar espacios urbanos mejor adaptados al cambio climático

La Universitat Politècnica de València (UPV) analiza el confort térmico de los espacios exteriores del campus de Vera para mejorar su adaptación al aumento de las temperaturas. Las primeras mediciones revelan diferencias de hasta 25 grados en la temperatura radiante entre las zonas expuestas al sol y los espacios protegidos por árboles, pérgolas o sombras de los edificios.

El proyecto lo desarrolla un equipo del Centro de Tecnologías Físicas de la UPV, con la colaboración de la École Nationale Supérieure d’Architecture de Nantes, en Francia. El trabajo busca identificar los puntos más calurosos y los lugares que funcionan como refugios climáticos dentro del recinto universitario.

La vicerrectora de Desarrollo Sostenible de los Campus, Débora Domingo, explica que el objetivo consiste en «mejorar el diseño del espacio para garantizar las mejores condiciones de tránsito y estancia en el campus, ante el calentamiento climático».

Los investigadores estudian la temperatura radiante, es decir, el calor que perciben las personas debido a la radiación emitida por el suelo, las fachadas y los objetos del entorno. Este valor puede diferir de la temperatura del aire y condiciona de forma directa la sensación térmica.

Un pasaje cubierto mantiene la temperatura entre 25 y 29 grados

Las mediciones muestran que las cubiertas y las sombras construidas ofrecen una elevada protección frente al calor. En uno de los pasajes cubiertos analizados, la temperatura fisiológica equivalente, conocida como índice PET, se mantiene entre 25 y 29 grados durante toda la jornada.

El profesor e investigador de la UPV Ignacio Guillén señala que «las cubiertas y sombras construidas ofrecen la mejor protección térmica». Además, el investigador de ENSA Nantes Ignacio Requena destaca que estos valores son inferiores a los registrados en otros puntos del campus.

«Así se demuestra que la sombra construida, además de la vegetal, puede reducir notablemente el estrés térmico del ciudadano», afirma Requena.

Por el contrario, las zonas expuestas directamente al sol registran una mayor oscilación térmica. Los espacios protegidos por vegetación, pérgolas o edificios conservan unas condiciones más estables a lo largo del día.

Una estación meteorológica toma datos cada 40 centímetros

El equipo ha realizado las mediciones durante dos recorridos por el campus de Vera, desarrollados el 22 de junio y el 3 de julio de 2026. Para recopilar los datos, los investigadores han utilizado una estación meteorológica móvil creada por el Centro de Investigación CRENAU de la escuela de arquitectura francesa.

El dispositivo ha registrado información cada 40 centímetros de recorrido. Entre los parámetros analizados figuran la temperatura del aire, la humedad relativa, la velocidad del viento y la radiación solar directa y reflejada.

También ha medido la radiación infrarroja emitida por los materiales del suelo y las fachadas. Con estos datos, el equipo ha calculado índices que representan la percepción humana de las condiciones térmicas y ha elaborado diferentes mapas de calor.

Por su parte, el Centro de Tecnologías Físicas de la UPV ha desarrollado simulaciones microclimáticas a pequeña escala. El trabajo está dirigido por Ignacio Guillén y cuenta con la participación de Fernando Mendiguchia, Juan Secondo, Vanesa Sáez y Marina Iguaz.

Estas herramientas reproducen el comportamiento térmico de los espacios exteriores y permiten proyectar posibles escenarios futuros. Según explica Mendiguchia, los modelos ya han sido validados previamente en edificios y ofrecen una mayor fiabilidad en el análisis a escala arquitectónica.

El diseño del espacio condiciona el estrés térmico

El estudio también ha recogido la percepción térmica de la comunidad universitaria. Las mediciones se han repetido en distintas zonas y momentos del día para conocer cómo evolucionan las condiciones ambientales.

Los resultados apuntan a que el diseño del espacio influye de forma decisiva en la aparición de zonas de estrés térmico o de refugio. Guillén sostiene que los datos confirman que «el confort y el estrés térmico dependen principalmente del diseño espacial».

El mapa elaborado presenta un patrón estable. Aunque las temperaturas cambian según la hora, las mismas áreas aparecen de forma reiterada como puntos calientes o puntos frescos en los distintos recorridos.

Esta información servirá para calibrar las simulaciones de la UPV y orientar futuras actuaciones del Vicerrectorado de Desarrollo Sostenible de los Campus. El objetivo es incorporar soluciones que faciliten los desplazamientos y las estancias al aire libre durante los episodios de altas temperaturas.

La metodología podrá trasladarse posteriormente a otras zonas urbanas. De hecho, los equipos de la UPV y de ENSA Nantes prevén aplicar próximamente este sistema al estudio del confort térmico de la ciudad de València.