Las personas que acosan a niños, niñas y adolescentes en internet han pedido imágenes íntimas en los primeros minutos de chat, según un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV) que ha analizado conversaciones reales y ha identificado los principales patrones lingüísticos con los que logran ese material.
Según la UPV, los resultados de esta investigación han permitido detectar cómo se desarrollan estas interacciones y han puesto de relieve que muchas solicitudes de fotos y vídeos sexuales llegan de forma muy temprana. Esto puede ayudar a diseñar herramientas de detección más eficaces y a reforzar los programas de prevención del abuso sexual infantil en la red dirigidos a familias, docentes y fuerzas de seguridad.
Primeras peticiones en los cinco primeros turnos
El trabajo, realizado por las investigadoras Nuria Lorenzo-Dus, Andrea García-Montes y Carmen Pérez-Sabater, ha sido el primer análisis corpus-pragmático en español centrado en las estrategias comunicativas que usan las personas agresoras cuando piden material de abuso y explotación infantil (MAESI) en entornos digitales.
Uno de los hallazgos más relevantes ha sido que más de la mitad de las primeras peticiones de imágenes o vídeos de contenido sexual se han producido durante los cinco primeros turnos de conversación. Es decir, la presión para obtener material íntimo llega muy pronto, cuando la víctima apenas ha tenido tiempo de comprender la situación.
Además, quienes agreden no se limitan a amenazas o chantajes explícitos. Con frecuencia combinan peticiones directas con mensajes de cercanía, afecto o aparente confianza. De este modo presentan las solicitudes como algo normal dentro de una supuesta relación, lo que reduce la percepción de riesgo por parte del menor.
El análisis también ha puesto de manifiesto diferencias claras entre el comportamiento comunicativo de cada parte. Mientras los niños, niñas y adolescentes hablan sobre todo de aspectos personales o cotidianos, las personas agresoras desvían rápidamente el diálogo hacia contenidos sexuales. A la vez aplican estrategias para reforzar su influencia sobre la víctima, como intentar generar un sentimiento de confianza, compromiso o deuda emocional, con el objetivo de aumentar las probabilidades de recibir imágenes.
Según ha explicado Andrea García-Montes, investigadora de la UPV y coautora del estudio, ‘muchas de las personas agresoras no comienzan con amenazas. Construyen primero una relación aparentemente cercana para normalizar conductas que constituyen una forma de explotación sexual’.
Mejorar la detección y la prevención
Las autoras han subrayado que conocer estos patrones comunicativos puede ayudar a mejorar tanto los sistemas automáticos de detección como los programas de educación digital. Estos programas se dirigen a niños, niñas y adolescentes, pero también a sus familias y a profesionales que trabajan con menores.
Carmen Pérez-Sabater ha señalado que ‘nuestro trabajo identifica señales lingüísticas que pueden facilitar la detección temprana de situaciones de riesgo. Comprender cómo evolucionan estas conversaciones resulta esencial para diseñar mejores estrategias de prevención’.
El estudio ha combinado técnicas de lingüística de corpus y análisis pragmático para seguir con detalle la evolución de las conversaciones. Esta metodología ha permitido identificar estrategias comunicativas difíciles de detectar mediante otros enfoques más superficiales, ya que no se limita al contenido explícito, sino también a la forma en que se construye el diálogo.
En esta línea, Nuria Lorenzo-Dus ha afirmado que ‘la prevención empieza por entender cómo se construye el engaño. Este estudio demuestra que las solicitudes de material de abuso y explotación infantil no son actos aislados, sino el resultado de estrategias comunicativas específicas y reconocibles. Identificarlas nos permite avanzar hacia herramientas de detección más eficaces y hacia una educación digital mejor informada’.
Esta investigación se ha enmarcado en el proyecto PRECISION, coordinado por Nuria Lorenzo-Dus en la UPV y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El objetivo de este proyecto ha sido generar conocimiento riguroso para anticipar y combatir las nuevas formas de explotación y abuso sexual infantil en entornos digitales, aportando evidencias útiles para la prevención y la actuación temprana.


