El final del verano no supone el fin del riesgo de incendios forestales. La Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) reclama mantener la vigilancia y las medidas de prevención durante los próximos meses ante unas condiciones que todavía pueden favorecer la propagación del fuego.
La entidad señala que los episodios registrados recientemente en distintos puntos de España, entre ellos el incendio de Tuéjar (Valencia), evidencian la necesidad de no reducir las precauciones mientras continúen factores como la baja humedad de la vegetación, el viento o las temperaturas elevadas.
Los datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reflejan que entre el 1 de enero y el 30 de agosto de 2026 se han contabilizado 7.431 siniestros forestales, frente a una media de 6.907 en el mismo periodo de la última década. La diferencia es mayor en la superficie afectada: 265.635,99 hectáreas, casi tres veces más que las 97.879 hectáreas de media registradas en los últimos diez años.
Además, durante esos ocho meses se han registrado 44 grandes incendios forestales (GIF), considerados aquellos que superan las 500 hectáreas, frente a una media de 23 en la última década.
El riesgo de incendio forestal no depende del calendario
Tecnifuego sostiene que el número de incendios no explica por sí solo la evolución de la campaña, ya que una pequeña ignición puede convertirse en un gran incendio cuando encuentra unas condiciones favorables.
“El número de incendios por sí solo no explica lo que estamos viendo. Una ignición puede quedar en un conato o evolucionar hasta convertirse en un gran incendio dependiendo de las condiciones que encuentre: la cantidad, disponibilidad y continuidad del combustible vegetal, su contenido de humedad, el viento, la temperatura, la humedad ambiental o la propia topografía”, explica Ramon Maria Bosch, responsable del Comité Sectorial de Incendios Forestales de Tecnifuego.
La asociación recuerda que la vegetación puede seguir manteniendo un bajo contenido de humedad después de los meses de mayor calor. Además, las lluvias de primavera favorecieron el crecimiento de biomasa en muchas zonas, que tras el verano puede convertirse en combustible disponible para el fuego.
“El riesgo de incendio no lo determina el calendario. Lo determinan las condiciones meteorológicas, el estado del combustible vegetal y las características del territorio en cada momento”, señala Bosch.
Prevención durante todo el año
Tecnifuego defiende una prevención menos vinculada a una única temporada y apuesta por una gestión continua del territorio y del combustible vegetal. La entidad considera necesario adaptar los dispositivos de vigilancia y las medidas preventivas al nivel de riesgo existente en cada momento.
La asociación recomienda consultar previamente los niveles de peligro y posibles restricciones antes de realizar actividades en zonas naturales, además de extremar las precauciones ante cualquier acción que pueda generar una chispa o una fuente de calor.
Especial atención requiere también la interfaz urbano-forestal, donde viviendas y vegetación se encuentran próximas. En estas áreas, Tecnifuego recuerda la importancia de mantener controlada la vegetación alrededor de las edificaciones y despejados los accesos para facilitar la intervención de los servicios de emergencia.
La entidad también alerta sobre el uso de material pirotécnico durante las fiestas que todavía se celebran en estas fechas, ya que las partículas incandescentes pueden convertirse en una fuente de ignición en zonas próximas a terrenos forestales.
“Que termine el verano no puede llevarnos a bajar la guardia. La prevención debe mantenerse durante todo el año y, en estos meses, debemos seguir atentos a las condiciones reales de riesgo. Evitar una ignición sigue siendo la primera oportunidad que tenemos para evitar un gran incendio forestal”, concluye Bosch.



