Casi la mitad de las personas mayores ve difícil acceder a atención psicológica

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Un estudio del Observatorio Social de la Fundación la Caixa revela que el 45 % de las personas mayores ve difícil acceder a recursos de salud mental y que la mayoría desconoce los teléfonos de ayuda disponibles.

Casi la mitad de las personas mayores en España ha considerado difícil o muy difícil acceder a recursos de atención psicológica, según un estudio del Observatorio Social de la Fundación ‘la Caixa’ que ha analizado la percepción de este colectivo sobre la salud mental.

El informe lo han elaborado los investigadores Miriam Marco, de la Universitat de València, y Francisco Sánchez-Sáez, de la Universitat Politècnica de València. El trabajo ha recogido la opinión de 1.411 personas de entre 60 y 75 años sobre el acceso a distintos recursos de salud mental. Entre ellos se incluyen la atención psicológica y psiquiátrica, las líneas telefónicas de ayuda y las asociaciones de apoyo.

El 45 % del total de encuestados ha declarado que llegar a estos recursos es difícil o muy difícil. Sin embargo, la percepción no es igual en todos los tramos de edad dentro de este grupo. El estudio ha detectado diferencias claras entre quienes se encuentran al inicio de la vejez y quienes ya han superado los 70 años.

Diferencias por edad en la percepción de barreras

Hombres y mujeres han descrito de forma similar las dificultades para acceder a los recursos de salud mental. No obstante, el análisis sí ha hallado variaciones relevantes según la edad. El 52 % de las personas de entre 60 y 64 años ha considerado complicado llegar a estos servicios. Ese porcentaje ha bajado al 42 % entre quienes tienen de 65 a 69 años y al 38,7 % en el grupo de 70 a 75 años.

Para la investigadora Miriam Marco resulta significativo que la sensación de dificultad sea más alta en la franja más joven y baje después de forma progresiva. En su opinión, ‘una posible explicación sería que las personas más jóvenes dentro de este grupo tienen una mayor expectativa de acceso a estos recursos o son más conscientes de las barreras existentes, mientras que las generaciones de mayor edad pueden tener una percepción diferente de sus necesidades de atención o estar menos familiarizadas con este tipo de recursos’.

El estudio ha puesto de manifiesto que la edad no solo influye en cómo se valoran las barreras. También podría estar relacionada con la forma de entender la salud mental y el uso de servicios especializados. Las cohortes de mayor edad se han socializado en épocas con menos oferta de apoyo psicológico y con menos costumbre de acudir a estos profesionales.

Desconocimiento de las líneas de ayuda telefónica

La investigación ha evidenciado además un amplio desconocimiento sobre los recursos disponibles en salud mental entre las personas mayores. El 76,1 % de los participantes ha asegurado no conocer ningún número de teléfono de ayuda. Este dato indica que, aunque existan servicios específicos, una gran mayoría no los tiene presentes como opción real cuando necesita apoyo.

Entre quienes sí han citado algún número, el más mencionado ha sido el 112, que ha aparecido en el 8,7 % de las respuestas. En segundo lugar se han situado los teléfonos de hospitales o centros de salud, recordados por el 5,2 % de los encuestados. El 061, vinculado a emergencias sanitarias, solo ha sido identificado por el 2,3 %.

Aún más llamativo ha sido el resultado relativo al 024, la línea nacional de atención a la conducta suicida. Únicamente el 0,4 % de las personas entrevistadas ha identificado este teléfono como recurso disponible. Marco ha señalado que ‘conocer que existe y saber cómo acceder a él es un primer paso para que pueda ser utilizado cuando una persona lo necesite’.

Según el informe, esta falta de información limita el uso efectivo de los servicios y reduce las posibilidades de intervención temprana. Si una persona en crisis no tiene interiorizado ningún número de ayuda, es menos probable que lo utilice en un momento crítico.

Las mujeres buscan más ayuda y temen menos el estigma

El estudio ha mostrado también diferencias de género en la actitud ante la búsqueda de apoyo psicológico. En conjunto, las mujeres han presentado una mayor predisposición a pedir ayuda y una menor preocupación por el estigma asociado a acudir a servicios de salud mental.

Al mismo tiempo, ellas han sido quienes han declarado una peor calidad de vida y de salud en comparación con los hombres. Esta combinación ha llevado a las investigadoras a concluir que las mujeres, pese a sentirse peor, se muestran algo más abiertas a usar los recursos disponibles.

Los resultados han sugerido que varios factores se asocian con actitudes más favorables hacia la búsqueda de ayuda en salud mental. Entre ellos figuran ser mujer, tener un mayor nivel educativo, percibir menor soledad social y haber recibido anteriormente tratamiento psicológico. Cada uno de estos elementos parece facilitar que la persona vea con mejores ojos la opción de pedir apoyo profesional.

Impacto de la pandemia en el bienestar emocional

La investigación ha analizado también la huella que ha dejado la pandemia de covid en el bienestar emocional de este colectivo. Según el informe, la pandemia ha ejercido un impacto moderado, especialmente entre las mujeres.

Este efecto se ha traducido en un aumento de las preocupaciones y en una mayor carga emocional en el día a día. Aunque no siempre haya derivado en trastornos graves, sí ha supuesto un empeoramiento de la sensación de bienestar general en parte de las personas encuestadas.

Motivar la búsqueda de ayuda y mejorar la información

Ante los resultados, Marco ha defendido la necesidad de reforzar la información disponible. A su juicio, ‘reforzar la educación y mejorar la comunicación sobre los recursos disponibles es esencial para promover un acceso equitativo y fomentar conductas de búsqueda de ayuda’.

El informe ha subrayado que la combinación de barreras percibidas, escaso conocimiento de los teléfonos de apoyo y estigma todavía presente puede frenar la demanda de servicios. Por eso, la investigación ha apostado por campañas claras y adaptadas a las personas mayores. El objetivo sería que conozcan los recursos, sepan cómo utilizarlos y se sientan legitimadas para pedir ayuda cuando la necesiten.