Bioparc Valencia ha anunciado el nacimiento de una cría de mangabey de coronilla blanca, un primate en grave peligro de extinción que se caracteriza por su agilidad y por una llamativa forma de comunicarse mediante movimientos de sus párpados.
Este alumbramiento ha supuesto el décimo nacimiento de esta especie en el parque valenciano y ha reforzado el éxito de su participación en el programa europeo de conservación (EEP) del mangabey de coronilla blanca, catalogado en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una especie en grave peligro de desaparecer.
El equipo de cuidado animal ha confirmado que la cría ha evolucionado de forma positiva desde su nacimiento. En la actualidad ya puede observarse en la instalación donde estos primates conviven con el gorila occidental de llanura (Gorilla gorilla gorilla), una especie que se encuentra en riesgo crítico de extinción.
Según ha detallado el parque en un comunicado, la madre, de 12 años, ha facilitado la integración de la cría en el grupo. Este grupo está formado por un macho de la misma edad y otras tres hembras, dos de ellas también nacidas en Bioparc Valencia, lo que refleja la consolidación de esta población dentro del programa de cría.
Durante los desplazamientos, la cría permanece siempre agarrada al cuerpo de su madre. Este comportamiento ha despertado la curiosidad del resto de mangabeys y también de los gorilas, que observan de cerca a la nueva integrante del grupo.
Las personas que han visitado el parque estos días han podido contemplar estas escenas, que el propio Bioparc ha descrito como el lado ‘más tierno de la naturaleza salvaje’. Además, pueden ver otras crías de especies como dril, blesbok, elefante, chimpancé o rinoceronte, lo que refuerza el papel del recinto como centro de reproducción de fauna amenazada.
Un primate que se comunica con la mirada
El mangabey de coronilla blanca es un primate de tamaño medio y silueta esbelta. Presenta un pelaje en tonos marrones y grises, con las partes internas de las extremidades más claras, lo que le permite camuflarse mejor entre la vegetación de los bosques donde vive.
Sin embargo, el rasgo más llamativo de esta especie es su mirada. Sus característicos párpados blancos contrastan de forma muy evidente con la piel oscura del rostro. Esta peculiaridad no es solo estética, sino que cumple una función clave en su comunicación.
Bioparc ha explicado que estos párpados forman, junto a las vocalizaciones que emite el grupo para mantenerse en contacto y avisar de posibles peligros, un complejo lenguaje visual y sonoro. Este sistema de señales resulta esencial para coordinarse, reforzar los vínculos entre individuos y mantener la cohesión social dentro del grupo.
Otra de las características destacadas del mangabey de coronilla blanca es su potente mandíbula. Gracias a ella puede romper cáscaras muy duras para acceder a los frutos, que constituyen una parte fundamental de su dieta. También consume semillas, hojas y pequeños invertebrados, lo que le permite aprovechar distintos recursos del bosque según la estación y la disponibilidad de alimento.
Este primate habita en los bosques de África occidental, donde sus poblaciones han sufrido un fuerte declive. La degradación de su hábitat forestal y la presión de la caza han reducido de forma drástica el número de ejemplares en libertad, hasta situarlo en una situación límite.
Ante este escenario, su conservación requiere actuar en dos frentes complementarios: la protección ex situ, mediante programas de cría en zoos acreditados, y la intervención directa en los territorios donde la especie aún persiste. Bioparc Valencia ha recalcado que ambos enfoques son necesarios para asegurar su futuro.
En este segundo ámbito, la Fundación Bioparc participa en el proyecto West African Primate Conservation Action (WAPCA), que se desarrolla en Ghana y Costa de Marfil. Esta iniciativa trabaja para proteger a los primates amenazados y los bosques que son su hogar, implicando de forma activa a las comunidades locales.
Según el parque, la participación de la población local resulta esencial para conservar estos ecosistemas a largo plazo, ya que permite compatibilizar la protección de la fauna con las necesidades de las personas que dependen del bosque para vivir.




