El 14 de octubre de 1957, el río Turia se desbordó sobre Valencia en dos oleadas devastadoras que arrasaron barrios enteros, segaron cientos de vidas y transformaron para siempre el urbanismo y la memoria colectiva de la ciudad. Hoy se cumplen 69 años de la mayor catástrofe natural de la historia moderna de Valencia, una fecha que en 2026 resuena con una intensidad especial: menos de dos años después de la Dana del 29 de octubre de 2024, la ciudad sigue procesando qué significa vivir junto a un río en una región mediterránea castigada por lluvias extremas.
La riada del 57 comenzó con una DANA —una depresión aislada en niveles altos de la atmósfera— que descargó lluvias torrenciales sobre las cuencas del interior durante horas. El Turia recibió en pocas horas más caudal del que podía transportar a su paso por la ciudad. Poco después del mediodía llegó la primera crecida. Antes de que los vecinos pudieran evacuar, una segunda oleada más violenta golpeó Valencia a última hora de la tarde. El agua alcanzó entre tres y cuatro metros en calles del centro histórico, el Grao, Campanar y Russafa. Coches, muebles y animales flotaban entre los edificios.
Cuántos muertos causó la riada de Valencia de 1957
El régimen franquista cifró oficialmente las víctimas de la riada del 57 en 81 muertos. Esa cifra nunca fue aceptada por los supervivientes ni por los historiadores. Investigaciones posteriores de la Universitat de València y otros centros académicos apuntan a cifras que oscilan entre varios cientos y más de un millar de fallecidos, en una ciudad que entonces rondaba el medio millón de habitantes. La dictadura controló los entierros, cerró las páginas de sucesos de la prensa y prohibió hablar de la magnitud real del desastre. Documentos desclasificados décadas después confirman que el número real de víctimas fue muy superior al reconocido oficialmente.
Los daños materiales fueron igualmente devastadores. Más de 4.000 edificios quedaron destruidos o gravemente dañados en Valencia capital. La red de alcantarillado y los servicios básicos colapsaron durante semanas. El fango tardó meses en desaparecer de los sótanos y plantas bajas del centro. El coste económico total, actualizado a valores de hoy, equivaldría a miles de millones de euros.

Por qué se desvió el Turia y cómo nació el Jardín del Turia
La respuesta institucional llegó con el Plan Sur, aprobado en 1961 y ejecutado a lo largo de la siguiente década. La obra desvió el cauce del Turia hacia el sur de la ciudad mediante un canal artificial de 12 kilómetros que desemboca en el mar a la altura de Pinedo. Fue una de las mayores obras hidráulicas de la España del siglo XX y eliminó el riesgo de nuevas inundaciones en el centro urbano.
El antiguo cauce del Turia, seco desde entonces, generó un debate político que duró veinte años. El Ayuntamiento franquista y los primeros consistorios de la democracia barajaron convertirlo en una autopista urbana. La respuesta ciudadana fue histórica: el lema ‘El riu és nostre i el volem verd’ encabezó un movimiento cívico que ganó la batalla. En 1986 comenzaron las obras de transformación del antiguo cauce en el Jardín del Turia, el parque urbano lineal más largo de España, con más de nueve kilómetros, doce tramos diferenciados y equipamientos que van desde la Ciudad de las Artes y las Ciencias hasta el Bioparc.
Una memoria que la Dana de 2024 ha vuelto urgente
El aniversario de la riada del 57 en 2026 llega marcado por la sombra de la Dana del 29 de octubre de 2024, la mayor catástrofe natural registrada en España en el siglo XXI, con más de 220 víctimas mortales en la Comunitat Valenciana. Las imágenes de L’Horta Sud anegada y de la autovía V-30 convertida en un río volvieron a plantear las mismas preguntas que en 1957: la eficacia de los sistemas de alerta temprana, la gestión de los cauces secundarios y la responsabilidad de las administraciones ante los fenómenos meteorológicos extremos propios del clima mediterráneo.
La riada de 1957 y la Dana de 2024 comparten algo más que el mes y la geografía. En ambas, la información llegó tarde a los ciudadanos, las víctimas quedaron expuestas sin aviso suficiente y el debate político e institucional se prolongó durante meses después de la tragedia. La diferencia es que en 1957 no existían los teléfonos móviles, las redes sociales ni los sistemas de predicción meteorológica modernos. Esa diferencia hace que las preguntas sobre 2024 sean todavía más incómodas.
Hoy, actos de recuerdo en distintos puntos de Valencia rinden homenaje a quienes murieron hace 69 años. El Jardín del Turia —el legado más visible de aquella catástrofe— seguirá mañana lleno de valencianos que pasean, corren y juegan sin pensar, quizás, que están caminando sobre el lecho del río que en 1957 intentó engullir su ciudad.


