El Valencia de Javier Aguirre ha entrado en una fase decisiva de la temporada, con el equipo aún en descenso tras sumar solo dos empates y una derrota en los tres primeros partidos del técnico mexicano, y afronta ahora un calendario exigente en Liga y Copa del Rey que puede marcar su futuro inmediato.
En su primer mes al mando en Mestalla, Aguirre ha debutado con un empate ante el Racing de Santander por 2-2, ha repetido igualada sin goles frente al Athletic Club y ha sufrido su primera derrota contra el Villarreal por 1-2, con un tanto encajado en el tiempo añadido.
Ese balance de dos puntos de nueve posibles ha confirmado las dificultades del conjunto valencianista para encontrar la regularidad necesaria y salir de la zona baja. Pese a ello, el equipo ha mostrado fases de buen juego y capacidad competitiva en distintos tramos de los encuentros.
Falta de contundencia en los momentos clave
Los tres primeros partidos con Aguirre han evidenciado problemas claros para gestionar las ventajas y cerrar los encuentros. Ante el Racing, el Valencia no ha sabido conservar su renta inicial. Frente al Athletic, se ha vuelto a quedar sin marcar. Contra el Villarreal, ha desperdiciado la opción de ampliar su ventaja antes de encajar dos goles en la segunda parte.
La derrota en Mestalla ha dejado la sensación de que el grupo todavía necesita mejorar su respuesta en los minutos decisivos. El Valencia se ha adelantado gracias a un penalti transformado por Pepelu, pero no ha logrado proteger esa ventaja y ha acabado cediendo ante un rival que ha aprovechado mejor sus oportunidades.
Aguirre ha admitido la urgencia de corregir los desajustes defensivos que aparecen cuando el equipo se vuelca hacia la portería rival. Su principal reto pasa por encontrar un equilibrio entre la ambición ofensiva y la solidez atrás, al tiempo que mejora la eficacia de un ataque que no ha encontrado continuidad goleadora.
Esa falta de contundencia en las dos áreas ha impedido que las buenas fases de juego se traduzcan en resultados. Cada error en el tramo final ha tenido un impacto directo en la clasificación, lo que ha mantenido la presión sobre el vestuario y sobre el propio entrenador.
Un calendario decisivo para salir del descenso
El Valencia iniciará el próximo miércoles su participación en la Copa del Rey ante el Tavernes, un duelo que puede servir para reforzar confianza y dar minutos a jugadores menos habituales, pero en el que también estará en juego evitar un nuevo golpe anímico.
Después llegará una visita clave al Elche el 1 de noviembre, un enfrentamiento directo en la lucha por la permanencia que puede tener un peso especial en la tabla. Un buen resultado en el Martínez Valero permitiría al equipo ganar oxígeno y encarar con más calma las siguientes citas.
El calendario se endurecerá a continuación. El Valencia recibirá al Real Madrid el 7 de noviembre en Mestalla, un partido de máxima exigencia en el que necesitará una versión muy sólida en defensa para aspirar a puntuar.
Más adelante visitará al Rayo Vallecano el día 21 y cerrará el mes de noviembre en casa frente a Osasuna, en el fin de semana del 28 y 29. La acumulación de compromisos ante rivales de perfiles muy distintos obligará al equipo valencianista a mantener la concentración y aprovechar al máximo cada ocasión.
Ya en diciembre, el Valencia afrontará dos salidas complicadas, primero al campo del Getafe el día 6 y después al del Atlético de Madrid el 13. Entre medias, completará el último compromiso liguero previsto para 2026 en Mestalla ante el Espanyol, el 20 de diciembre.
Los partidos frente a Elche, Osasuna y Espanyol pueden adquirir un valor especial por su incidencia directa en la clasificación. Sumar en esas jornadas permitiría al Valencia crear un pequeño colchón respecto al descenso. En cambio, las citas ante Real Madrid y Atlético exigirán un rendimiento casi perfecto atrás y una gran eficacia en las pocas ocasiones que se generen.
El reto de Aguirre en Mestalla
‘El Vasco’ Aguirre dispone ahora de varias semanas de trabajo para consolidar una estructura defensiva fiable y mejorar la circulación del balón. El técnico también deberá recuperar la confianza del vestuario, muy condicionada por la falta de victorias y por la posición actual en la tabla.
Uno de los objetivos marcados pasa por devolver a Mestalla su condición de fortín. Tras el empate ante el Athletic y la derrota frente al Villarreal, el equipo necesita convertir sus partidos como local en una fuente regular de puntos. Lograrlo aliviaría la presión en las salidas y permitiría gestionar mejor los momentos de dificultad.
La evolución del Valencia dependerá, en buena medida, de su capacidad para reducir los errores en los minutos finales y transformar los encuentros igualados en triunfos. Con el equipo todavía instalado en la zona de descenso, el margen de error se ha reducido al mínimo y cada jornada adquiere una relevancia añadida.
Los partidos de noviembre se presentan, por tanto, como un tramo decisivo para reconducir el curso. Si el Valencia aprovecha esa serie de duelos ante rivales directos, podrá encarar el cierre de 2026 con un escenario más estable. En caso contrario, la presión clasificatoria podría condicionar el resto de la temporada y aumentar todavía más la exigencia sobre la plantilla y el cuerpo técnico.


