La Albufera pide un frente común tras demostrar su resistencia a la dana

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La Albufera ha demostrado su capacidad para amortiguar la dana y regenerar su vida microbiana, pero expertos reclaman ahora una hoja de ruta común para reducir la contaminación y recuperar las aguas claras de hace décadas.

La Albufera de València ha frenado parte del impacto de la dana, ha regenerado su vida microbiana y ha asumido un aumento medio de nueve centímetros de sedimentos en el fondo, pero sigue muy contaminada y necesita un frente común entre administraciones para recuperar las aguas claras de hace décadas.

Dos años después de las inundaciones del 29 de octubre de 2024, que alteraron de forma intensa el humedal, expertos han coincidido en que la laguna ha mostrado una gran resiliencia. Según señalan, el lago ha sido capaz de recomponer su vida microbiana en pocos meses y ha demostrado su papel como barrera natural frente a las avenidas de agua. Sin embargo, recuerdan que ya antes de la dana la calidad ecológica era muy deficiente.

Impacto de la dana sobre el lago

El director del Parque Natural de la Albufera, Natxo Lacomba, ha explicado que la dana ha supuesto ‘una perturbación momentánea e intensa, que alteró toda la vida microbiana del lago, sobre todo por el aporte de artefactos y materiales exógenos’. Ha añadido que, si el episodio se hubiera limitado a agua y sedimentos, habría sido ‘un episodio más en la dinámica del ecosistema’.

El presidente de la Junta rectora del Parque Natural de la Albufera, Carles Sanchis, ha señalado que ‘lo peor de la dana para el lago fueron las ingentes cantidades de residuos sólidos que entraron y que quedaron allí, porque los residuos líquidos salieron junto con la gran masa de agua hacia el mar posteriormente’.

Por su parte, el catedrático de Ecología de la Universitat de València Antonio Camacho ha destacado ‘el aluvión de contaminación de todo tipo que recibió’, aunque ha subrayado también el papel amortiguador del lago ‘por todo el agua que se pudo tragar y que hizo que el desastre fuera un poco menor’.

Función amortiguadora y resiliencia

Camacho ha defendido que, ‘si no hubiera estado la Albufera, la catástrofe todavía habría sido mayor’. A su juicio, la presencia del lago ‘hizo que el desastre fuera menor’, al retener una gran cantidad de agua y de residuos.

Lacomba ha remarcado que se ha demostrado que ‘la Albufera es resiliente, cumplió su funcionalidad de acoger todos esos volúmenes de agua y parar el golpe aguas abajo y proteger a las poblaciones de Pinedo, El Saler y El Palmar‘. Según ha apuntado, el humedal ha actuado como un gran vaso de expansión natural para la ciudad de València y su entorno más cercano.

Sanchis ha coincidido en que la dana ha confirmado que estos humedales ‘juegan un papel extremadamente importante de amortiguación de este tipo de impactos de inundaciones, y que absorbiera esa cantidad de agua salvó otros territorios’. De este modo, la Albufera ha evitado daños todavía mayores en zonas urbanas y agrícolas situadas río abajo.

Un fondo del lago más elevado

Los tres especialistas han señalado que la laguna ha vuelto en menos de un año a una situación similar a la previa al episodio, al menos en lo relativo a la estructura microbiana. No obstante, han recordado que esa situación previa ya era mala por los altos niveles de contaminación y por el deterioro de la salud ecológica.

Lacomba ha detallado que la Albufera ha recibido agua y residuos a través del barranco del Poyo y del río Magro. En el caso del Poyo, el agua ha atravesado zonas urbanas e industriales, lo que ha arrastrado ‘materiales y elementos que no eran sedimentos, como productos cosméticos o farmacéuticos’. El Magro, en cambio, ha transportado sobre todo ‘agua y sedimentos’, procedentes de áreas de cultivo.

Ha recordado que las imágenes satelitales han mostrado cómo la dana ha afectado a la vida microbiana, a la calidad del agua, a los sedimentos e incluso a la pesca. Aunque la estructura microbiana ha regresado al estado anterior al 29 de octubre en aproximadamente un mes, los nuevos sedimentos han modificado la morfología del vaso. Según ha indicado, se estima ‘un aporte de unos 9 centímetros de media’ en el fondo del lago.

Hoja de ruta común para recuperar las aguas claras

Lacomba ha defendido que ‘la Albufera es un patrimonio natural de los valencianos pero con importancia internacional’. Ha recalcado además que las competencias de gestión se encuentran muy repartidas entre el Gobierno, la Generalitat, el Ayuntamiento de València y otros municipios que rodean el lago, lo que complica las decisiones y las actuaciones.

Por ello, ha pedido ‘desarrollar una hoja de ruta común, firmar un compromiso de desarrollo de proyectos y actuaciones para volver a la Albufera de los años 60 -antes del desarrollo del área metropolitana-, con las aguas claras y con las praderas de macrófitos acuáticos, que son los que garantizan todos los procesos ecosistémicos recuperados’. Ha insistido en que sin ese compromiso conjunto será difícil consolidar una recuperación duradera.

Sanchis ha señalado que el reto inmediato del humedal ‘no es nuevo’, y que pasa por ‘aislar completamente el lago de los aportes contaminantes’ y reducir de forma clara los niveles de fósforo. A su juicio, sin ese paso no será posible mejorar la calidad de las aguas ni recuperar las comunidades vegetales sumergidas.

Camacho ha coincidido en el diagnóstico y ha afirmado que en la Albufera ‘la calidad del agua es muy mala por todos los vertidos que recibió durante décadas de aguas residuales sin depurar y todo tipo de contaminantes, sobre todo nutrientes, nitrógeno y fósforo, que alimentan el crecimiento de las algas que dan ese color verde característico, que degrada mucho la calidad ecológica del sistema’.

Según ha explicado, ‘antes de la dana teníamos eso y ahora lo tenemos de nuevo, con algunos cambios por la contaminación adicional que no se ha podido eliminar’. Ha subrayado que ‘el impacto sobre el ecosistema fue muy grande y a eso se añade que el problema anterior ya era suficientemente grave. La dana fue otra herida más’.

El catedrático ha resumido que el principal desafío es ‘volver a tener unas aguas claras y eso supone revertir la eutrofización’, el enriquecimiento excesivo de nutrientes —principalmente nitrógeno y fósforo— en el ecosistema. Ha indicado que hasta ahora ‘se ha hecho mucho, pero no suficiente’.

Debate sobre la Reserva de la Biosfera de la Unesco

Lacomba ha considerado que una posible declaración de la Unesco como Reserva de la Biosfera sería ‘una oportunidad para una gobernanza compartida, tener unos objetivos comunes y unos mecanismos que garanticen que todos vamos a trabajar en la misma dirección’. Ha planteado esta figura como una herramienta para coordinar mejor a todas las administraciones implicadas.

Sanchis ha advertido de que este título ‘no es una varita mágica pero es una herramienta más para captar recursos, para desarrollar planes de actuación que pueda mejorar la situación de la Albufera y ejecutarlos’. Ha recalcado que la declaración, por sí sola, no resolvería los problemas de contaminación, pero sí podría facilitar la financiación y la planificación.

Camacho ha matizado que las reservas de la biosfera suelen ser zonas donde las actividades humanas y el medio natural conviven de manera equilibrada, ‘no es el caso de la Albufera, un sistema estresado como consecuencia de la acción humana’, algo que, en su opinión, ‘no es el mejor modelo de Reserva de la Biosfera’.

No obstante, ha admitido que esa figura ‘puede ayudar a movilizar todavía más’. Ha considerado que ‘la sociedad valenciana está totalmente convencida de que hay que recuperar la Albufera y lo que hace falta es que las administraciones haga todo lo necesario para la recuperación ecológica de la Albufera’.