La cascada escondida en el interior de Valencia que aparece entre paredes de roca

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La Cueva de las Palomas, en Yátova, ofrece un salto de unos 20 metros cuando el río Juanes lleva suficiente agua

El interior de Valencia guarda lugares que cambian completamente dependiendo de cuánto haya llovido. Uno de los más espectaculares está en Yátova. Allí, el río Juanes ha modelado un paisaje de roca, pozas y cascadas conocido como la Cueva de las Palomas.

Su imagen más llamativa aparece cuando el agua cae desde unos 20 metros de altura entre las paredes rocosas. Pero hay una advertencia importante: el caudal y la espectacularidad de la cascada dependen de las precipitaciones. Por ello, no siempre presenta el mismo aspecto.

Un paisaje construido por el agua

El río Juanes recorre apenas unos kilómetros. Sin embargo, en ese corto trayecto ha creado diferentes formaciones naturales. La Cueva de las Palomas forma parte de un corredor de paisajes relacionados con el agua. Este corredor conecta también con otros enclaves de Buñol y Alborache.

Diferentes senderos atraviesan el paraje y permiten descubrirlo caminando. El entorno dispone además de instalaciones recreativas, aunque antes de desplazarse conviene consultar su situación y cualquier posible restricción vigente.

Yátova tiene mucho más alrededor

La cascada puede ser la excusa para descubrir el resto del municipio. Junto al río Magro se encuentra el Paraje Natural Municipal de Tabarla, con senderos y una importante riqueza paisajística y ambiental.

Otra opción para quienes busquen una caminata más exigente es ascender al Motrotón. Es una elevación que domina el paisaje de la zona y cuya ruta presenta una dificultad media.

El término conserva además los denominados «cucos», pequeñas construcciones tradicionales realizadas con piedra en seco que servían como refugio. Además, hay senderos que conducen hacia el poblado ibérico del Pico de los Ajos.

Por eso, incluso cuando la cascada no lleva su máximo caudal, Yátova sigue ofreciendo suficientes motivos para una escapada. Y cuando las lluvias acompañan, la Cueva de las Palomas proporciona una de esas imágenes que cuesta asociar con el interior de Valencia. Eso se comprende hasta que se contempla en persona.