La Secretaría de Estado de Comunicación ha trasladado a la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) su respaldo a los planteamientos defendidos por CLABE sobre el futuro sistema de medición de audiencias digitales en España, actualmente en proceso de definición a través del concurso para elegir al nuevo medidor oficial.
El posicionamiento parte de las tesis expresadas por CLABE el pasado mes de mayo y considera que las preocupaciones planteadas por la organización «son legítimas y pertinentes». La entidad había advertido del riesgo de equiparar en una única métrica los consumos generados en activos editoriales propios, como webs, aplicaciones o newsletters, con las interacciones producidas en plataformas de terceros y redes sociales.
La Secretaría de Estado de Comunicación comparte esa preocupación y sostiene que no resulta comparable una visita producida en un entorno editorial propio con consumos registrados en espacios caracterizados por contenidos «fragmentados, fugaces y fuertemente dependientes de algoritmos volátiles».
Una medición con impacto en todo el ecosistema mediático
El debate sobre el nuevo medidor digital no se limita a una cuestión técnica. La Secretaría de Estado de Comunicación advierte de que el sistema que finalmente se adopte tendrá consecuencias sobre los incentivos económicos, editoriales y publicitarios del ecosistema mediático español durante los próximos años.
En este sentido, el posicionamiento alerta de los riesgos de agregar datos procedentes de entornos de naturaleza distinta sin distinguir su origen, su contexto y su valor comunicativo. Según recoge el planteamiento trasladado a AIMC, «la agregación indiferenciada de datos cualitativamente distintos no genera información; genera ruido estadístico que impide tomar decisiones racionales sobre la asignación de recursos».
La reflexión coincide con una de las principales reclamaciones de CLABE: que el futuro sistema de medición no mezcle de forma automática los consumos producidos en medios editoriales con aquellos generados en redes sociales o plataformas condicionadas por algoritmos.
Audiencia, impacto y calidad informativa
La Secretaría de Estado de Comunicación también plantea una diferencia clave entre medir audiencia y medir impacto comunicativo. En su análisis, señala que «las preocupaciones de CLABE son legítimas y pertinentes, pero el debate que plantean abre una cuestión aún más profunda: la diferencia entre medir audiencias y medir el impacto real de la comunicación». Y añade que «es en esta distinción donde reside el verdadero desafío».
El planteamiento cuestiona que el volumen de audiencia pueda identificarse de forma automática con la eficacia comunicativa. «El volumen de audiencia es una condición necesaria, pero radicalmente insuficiente para la eficacia comunicativa. Sin audiencia no hay comunicación, pero la audiencia por sí sola no garantiza ni comprensión, ni cambio de actitud, ni acción», afirma.
Además, el análisis coincide con CLABE al advertir de que los sistemas de recomendación de las plataformas digitales tienden a «premiar contenidos emocionales, agresivos o polarizadores». Esta dinámica, según se desprende del posicionamiento, puede distorsionar la comparabilidad entre medios y afectar a la calidad informativa.
El futuro medidor digital, en una fase decisiva
El respaldo de la Secretaría de Estado de Comunicación llega en un momento relevante para el sector, mientras AIMC y el resto de organizaciones implicadas avanzan en la definición del nuevo sistema que sustituirá al actual modelo de medición digital.
La posición trasladada defiende que el futuro medidor no debería limitarse a contabilizar más datos o más puntos de contacto. A juicio de la Secretaría, el sistema debe incorporar criterios que permitan evaluar la calidad, el contexto y la capacidad real de los distintos soportes para generar comprensión, recuerdo, acción e impacto comunicativo.



