La expansión de la IA en las aulas obliga a revisar la evaluación y la formación del profesorado

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El uso masivo de la inteligencia artificial entre estudiantes españoles de 15 años ha reabierto el debate sobre cómo evaluar, qué enseñar y cómo formar al profesorado en todos los niveles educativos.

El uso creciente de la inteligencia artificial entre el alumnado español de 15 años ha reabierto el debate sobre cómo evaluar, qué enseñar y cómo formar al profesorado tanto en la escuela como en la universidad, en un contexto marcado por la caída histórica de la comprensión lectora detectada por PISA y por el avance acelerado de estas herramientas en el día a día de los estudiantes.

El rector de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), José Capilla, sostiene que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Según afirma, ‘esto no se puede frenar. El que no entre quedará fuera e irá en perjuicio de su institución’. Asegura que todas las universidades, públicas y privadas, han estado trabajando ‘muchísimo respecto a la gobernanza de la IA’ para ordenar su uso y fijar criterios comunes.

Capilla destaca que uno de los retos inmediatos es saber qué herramientas de IA están utilizando los centros y negociar un acceso conjunto. El objetivo es lograr condiciones económicas razonables, porque, como subraya, ‘la IA supone un coste para las universidades’. Además, considera muy preocupante la falta de soberanía tecnológica de Europa y la fuerte dependencia actual de Estados Unidos y China en este campo.

PISA 2025 ha evidenciado que los estudiantes españoles de 15 años utilizan la IA a diario para tareas escolares más que la media de la OCDE. Al mismo tiempo, muchos directores de colegios públicos consideran insuficiente la capacidad digital de sus centros, lo que abre una brecha entre el uso que hacen los alumnos y los recursos disponibles en las aulas.

Según los últimos datos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, 698.833 docentes han sido acreditados en competencias digitales. Además, se han publicado 22.941 planes digitales de centro, se han distribuido 374.747 dispositivos y se han digitalizado 278.449 aulas públicas. Estas cifras muestran un despliegue importante de infraestructura, pero no resuelven por sí solas cómo integrar la IA de forma pedagógica.

El Ministerio también tiene previsto implantar este primer trimestre una ‘IA Educativa’ en los colegios de Ceuta y Melilla, como proyectos piloto. Esta iniciativa incluye desde nuevo equipamiento informático hasta el entrenamiento de una inteligencia artificial específica para la Educación. Según fuentes ministeriales, esta herramienta debe optimizar recursos, ofrecer respuestas a los alumnos y reducir la carga burocrática del profesorado.

Formar al profesorado y dar sentido al uso de la IA

Laia Lluch, profesora de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigadora educativa, insiste en que la clave no es solo la tecnología. A su juicio, ‘hay que formar no tanto en la técnica sino en el sentido que queremos dar al uso de la IA’. Defiende que el debate no debe centrarse en cuánta inteligencia artificial se utiliza ni en qué materias, sino en para qué tareas y en qué momento del aprendizaje resulta más adecuada.

Lluch recuerda que la crisis de comprensión lectora no puede atribuirse únicamente al profesorado. Lanza una pregunta a las familias: ‘¿Cuántos días a la semana leemos con nuestros hijos o comentamos una lectura juntos?’. Con ello sugiere que los hábitos de lectura en casa influyen directamente en las dificultades que luego muestran los estudiantes.

Otro reto central pasa por introducir la IA en los planes de estudio y, al mismo tiempo, diseñar sistemas de evaluación adaptados a un alumnado que recurre a estas herramientas de forma habitual. Esta combinación obliga a repensar tanto los contenidos como las formas de comprobar que el aprendizaje es realmente propio.

Alejandra Scherk, cofundadora de The Brain School y licenciada en Derecho y Economía por la Universitat Pompeu Fabra, alerta de que ‘los alumnos de primaria y secundaria no tienen conciencia de cuándo la IA es un sustituto de su pensamiento o es una ayuda’. Por ello propone desarrollar una inteligencia artificial específica para adolescentes, utilizada como si fuera un tutor que corrija deberes, plantee preguntas sobre la lección o revise si un esquema está bien elaborado.

Scherk considera conveniente aumentar el trabajo en el aula y apostar por pequeños exámenes frecuentes y más evaluación continua. De esta manera, sostiene, se puede asegurar un esfuerzo sostenido del alumnado y se reduce la tentación de delegar tareas en la IA.

La vicerrectora de Coordinación y Transformación Digital de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), Belén Vela, respalda esa línea. Propone ‘avanzar hacia una evaluación más diversa, personalizada y continua, que combine actividades realizadas en el aula, pruebas síncronas, presentaciones orales, resolución de casos prácticos’. Su planteamiento apunta a sistemas de evaluación menos centrados en un único examen final y más ligados al día a día de la asignatura.

El rector de la UPV insiste, además, en la necesidad de estudiar ‘muy bien cómo se hace la supervisión, para evaluar correctamente el aprendizaje del estudiante sin la interferencia del uso de la IA’. En su opinión, el objetivo es que el estudiante pueda aprovechar estas herramientas, pero sin que oculten su nivel real.

Capilla considera ‘lógico que en un examen no se utilice la IA generativa, tanto en materias científicas como en sociales’. Recuerda que en pruebas como la PAU ya se han utilizado sistemas de detección de radiofrecuencias para evitar trampas, lo que anticipa controles similares ante el avance de la inteligencia artificial.

Reformar contenidos y metodologías en la universidad

Desde su posición al frente de la Politécnica de Valencia, Capilla apuesta por introducir la IA de forma transversal en todos los niveles de la universidad. Plantea también reconsiderar los contenidos de la formación, ‘igual que con la entrada de la computación se cambiaron los métodos de cálculo en los planes de estudio de las ingenierías’. Es decir, no se trata solo de añadir herramientas, sino de revisar a fondo qué se enseña y cómo.

A su juicio, ‘no se resuelve poniendo asignaturas de IA’. Defiende que los programas de las materias deben reformularse, así como la manera de impartir los contenidos, para que la inteligencia artificial esté integrada en la práctica diaria y no quede relegada a una única asignatura optativa.

En paralelo, la vicerrectora de la URJC explica que su universidad ha estado ‘impulsando iniciativas para que el profesorado pueda integrarla la IA en sus metodologías docentes’. Este impulso formativo busca que el personal docente no solo conozca las herramientas, sino que sepa aprovecharlas de forma crítica y responsable.

En la URJC, el interés del profesorado por formarse en estas tecnologías ha crecido de forma notable. Los cursos presenciales han dado paso a modalidades de autoformación que permiten avanzar al propio ritmo. Según detalla Vela, ‘ya se han registrado más de 1.100 matrículas’, una cifra que refleja el cambio de actitud en las plantillas.

Además, las guías docentes de las asignaturas han empezado a exigir que se especifiquen de forma explícita los derechos y las prohibiciones relacionadas con el uso de la IA en las actividades académicas y de evaluación. Con ello se pretende dar seguridad jurídica y claridad tanto al profesorado como al alumnado, y evitar conflictos sobre qué se considera un uso aceptable de estas herramientas.

En conjunto, el sistema educativo español se enfrenta al reto de aprovechar el potencial de la inteligencia artificial sin agravar problemas ya existentes, como la brecha digital o el descenso de la comprensión lectora. Las universidades, los centros escolares, el Ministerio y las familias se ven empujados a redefinir su papel para que la IA sea un apoyo real al aprendizaje y no un sustituto del esfuerzo intelectual de los estudiantes.