Hace cincuenta años, el 11 de agosto de 1976, un joven argentino de 22 años ha aterrizado en España para firmar por el Valencia CF. Su nombre, Mario Alberto Kempes Chiodi, era entonces casi desconocido en Mestalla, pero su impacto ha cambiado la historia del club y le ha convertido durante varios años en uno de los mejores futbolistas del mundo.
En siete temporadas repartidas en dos etapas, Kempes ha disputado 246 partidos oficiales con el Valencia y ha marcado 149 goles. Con esa producción goleadora ha liderado a un equipo que ha conquistado la Copa del Rey de 1979, la Recopa de Europa de 1980 y la Supercopa de Europa ese mismo año, títulos que han situado al club entre las grandes potencias del continente.
Su imagen se ha quedado grabada en la memoria del valencianismo. La melena al viento, la zancada poderosa y la celebración con ambos brazos en alto forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones de aficionados. Hoy, medio siglo después de su llegada, esas escenas siguen presentes en fotografías, vídeos y testimonios que circulan entre quienes vivieron aquella época y quienes la han conocido después.
Kempes no solo ha brillado en Valencia. En 1978 se ha proclamado campeón del mundo con la selección de Argentina y ha sido el máximo goleador del torneo. Su doblete en la final del Mundial le ha elevado al olimpo del fútbol argentino, un espacio reservado solo a unos pocos elegidos al que, con el tiempo, también han accedido figuras como Diego Armando Maradona o Leo Messi.
Un rendimiento arrollador y una lesión decisiva
Las siete campañas de Kempes en el Valencia han tenido dos etapas muy distintas. Su arranque ha sido demoledor tanto en lo colectivo como en lo individual. En sus dos primeras temporadas en España ha sido ‘Pichichi’ de Primera División, un logro que ha confirmado su condición de goleador implacable.
Entre su debut oficial y octubre de 1980, el delantero argentino ha firmado 122 tantos en 154 encuentros con el Valencia. Ese ritmo, unido a su capacidad para asistir a compañeros como Rainer Bonhoff, Enrique Saura o Javier Subirats, ha alimentado la sensación generalizada de que el club contaba con el mejor futbolista del mundo.
Sin embargo, una lesión de hombro en un partido de competición europea ante el Carl Zeiss Jena, cuatro años después de su llegada, ha frenado en seco esa progresión. Kempes no ha podido recuperarse del todo y su producción goleadora ha disminuido de forma notable en los años posteriores.
Desde esa lesión hasta su salida, el delantero ha marcado 27 goles en 92 partidos. Para cualquier jugador serían cifras destacadas, pero para ‘El Matador’ han supuesto un bajón respecto a su etapa inicial. Esa caída en sus registros ha abierto la puerta a su marcha a River Plate en marzo de 1981.
El traspaso, valorado en 300 millones de pesetas, equivalentes a 1,8 millones de euros, no se ha podido completar del todo. La imposibilidad del club argentino de abonar la totalidad del importe ha propiciado el regreso de Kempes a Mestalla, aunque su vínculo definitivo con el Valencia ha finalizado en 1984.
De las páginas de ‘El Gráfico’ a la grada que lleva su nombre
El fichaje de Kempes por el Valencia ha tenido un origen poco habitual. Pese a su condición de figura en Argentina, pocos imaginaban el impacto que iba a tener en el fútbol español. El secretario técnico del club, Bernardino Pérez ‘Pasieguito’, se ha fijado en él por su presencia recurrente en la revista futbolera argentina ‘El Gráfico’.
A ‘Pasieguito’, que luego sería entrenador del Valencia campeón de Copa del Rey en 1979 y de la Supercopa de Europa de 1980, le ha llamado la atención un detalle. Kempes, que ya había disputado el Mundial de 1974 con solo 20 años, no jugaba ni en River Plate ni en Boca Juniors, los grandes focos del país.
Esa curiosidad le ha llevado a viajar a Argentina para verlo en directo y comprobar que su talento podía trasladarse al fútbol europeo. Tras confirmar su impresión, ha impulsado un traspaso de 500.000 dólares desde Rosario Central. Para aprobar la operación, los socios del club argentino han tenido que votar en referéndum y dar el visto bueno a la salida de su gran estrella.
La llegada a España tampoco ha estado exenta de anécdotas. Desde el aeropuerto de Barajas, el entonces presidente del Valencia, José Ramos Costa, ha recogido a Kempes y juntos han iniciado por carretera el viaje hacia València. En el trayecto han parado a comer en Motilla del Palancar, en la provincia de Cuenca.
Ya en la ciudad, el reconocimiento médico previo a la firma ha dejado una sorpresa. Los servicios médicos del club han detectado unos puntos negros a la altura del estómago. Eran restos de perdigones, fruto de una jornada de caza de perdices, según explicó el propio jugador, que ha recordado que al principio nadie ha identificado bien qué eran.
Un debut gris, una canción y una carrera legendaria
La adaptación de Kempes al fútbol español no ha sido inmediata. Su primer encuentro con la camiseta del Valencia ha sido en las semifinales del Trofeo Naranja ante el CSKA de Moscú. Las crónicas de la época han calificado aquel estreno de decepcionante.
Una de ellas ha señalado: ‘En cuanto a Kempes, si hubiera que juzgarle por sólo este partido, casi habría que decir que se había hecho un mal negocio con su fichaje. Cabe esperar que será bastante mejor de lo que mostró, pues falló dos goles hechos, no estuvo bien y, a última hora, al ser el primer ejecutor de los penalties valencianistas y tirarlo fuera, redondeó con este fallo una actuación que al público le defraudó por completo’.
Ese amargo debut ha llegado incluso a tener su reflejo musical. La canción ‘Nostalgia de Bell Ville’, del grupo ‘La Gran Esperanza Blanca’, publicada en 2022, recuerda aquel primer partido y el contraste con todo lo que vendría después.
La reacción de Kempes ha sido inmediata. Diez días después, en su primer duelo oficial, ha marcado un doblete contra el Celta. En los tres siguientes encuentros ha firmado otros tres tantos, una racha que ha disipado cualquier duda y ha iniciado una relación especial con la grada de Mestalla.
A partir de ahí, el argentino se ha consolidado como referencia de una delantera en la que compartía ataque con Carlos ‘el Lobo’ Diarte y el neerlandés Johnny Rep. Ese tridente ha marcado una época en el Valencia y ha contribuido a que el club viviera una de sus etapas más exitosas.
La huella de Kempes en la afición ha trascendido el terreno de juego. Es el único futbolista que da nombre a una grada de Mestalla, un honor que refleja el peso de su figura en la historia del club. Medio siglo después de su fichaje, el valencianismo sigue viendo en ‘El Matador’ a su gran ídolo y a la gran figura de la historia del Valencia CF.







