La meteoróloga de À Punt Victoria Roselló ha defendido que las previsiones de los días previos a la dana del 29 de octubre ya señalaban un episodio de lluvias históricas y un riesgo brutal para la población, hasta el punto de que, con los datos disponibles y un mínimo conocimiento de la geografía valenciana, se podía deducir lo que iba a pasar.
Antes de su declaración como testigo ante la jueza que investiga la gestión de aquel temporal, en el que murieron 230 personas en Valencia, Roselló ha explicado que los modelos ya apuntaban a un episodio excepcional, un episodio de lluvias como no habían visto en mucho tiempo. Según ha relatado, esos avisos no eran simples advertencias genéricas, sino que reflejaban la posibilidad de acumulaciones muy intensas y persistentes, con especial impacto en las cuencas de ríos y barrancos.
Ha recordado que toda previsión meteorológica tiene un cierto índice de incerteza, porque depende de la evolución de la atmósfera y de cómo se comportan las masas de aire. Sin embargo, ha insistido en que el mismo día de la dana, el 29 de octubre, desde primera hora À Punt estaba preparado porque sabían el riesgo que había. Esa preparación se tradujo, ha señalado, en una planificación específica de la cobertura informativa y en la activación de alertas continuadas a la audiencia.
Roselló ha subrayado que À Punt fue informando puntualmente desde la madrugada y que la información de que disponían permitía avisar a la población con tiempo para poder proteger sus vidas. Ha recordado que se estaba ofreciendo información constante sobre la manera en que estaba lloviendo, las zonas más afectadas y la evolución prevista de las precipitaciones, con el objetivo de que los ciudadanos entendieran no solo que iba a llover mucho, sino qué implicaciones podía tener en su entorno inmediato.
Aviso rojo y seguimiento en directo
Según la meteoróloga, en aquel momento se mantenía un aviso rojo, que implica riesgo máximo para la población. Ha remarcado que se estaba dando en vivo y en directo la evolución de la dana desde primera hora de la mañana, con datos que estaban al alcance de todo el mundo. Esa información, ha añadido, no se limitaba a cifras generales, sino que se apoyaba en observaciones muy detalladas del territorio.
En este sentido, ha destacado el papel de la Asociación Valenciana de Meteorología (Avamet), que ha descrito como única en Europa por contar con más de 800 observatorios. Esa red permitía saber exactamente en qué momento y cómo estaba lloviendo y hacia dónde iría toda esa agua. Gracias a esa densidad de estaciones, se podía detectar con precisión dónde se concentraban las lluvias torrenciales y prever el comportamiento de las escorrentías.
Roselló ha explicado que el peligro de esta situación era que la lluvia torrencial caería en las cuencas medias y altas de ríos y barrancos, no a orilla del mar. Es decir, toda la lluvia tenía que llegar a la desembocadura. Esa configuración, ha detallado, multiplica el riesgo de crecidas súbitas y desbordamientos cuando el agua acumulada en el interior desciende hacia la costa a través de cauces que, en pocos kilómetros, pueden pasar de niveles normales a caudales extraordinarios.
A su juicio, la información estaba al alcance de cualquiera; cualquier ciudadano, no solo las instituciones, podía consultar esos datos. Ha insistido en que, con los datos en la mano y un mínimo de conocimiento de la geografía, se podía deducir lo que iba a pasar, ya que se conocían tanto la intensidad de la lluvia como los puntos del territorio donde se estaban produciendo las precipitaciones más extremas y el recorrido que seguiría el agua hasta el mar.




