El anestesista Juan Maeso, condenado a 1.933 años de prisión por el contagio masivo de hepatitis C que afectó a 275 pacientes en Valencia, ha fallecido este lunes en un hospital, según ha confirmado su defensa. Su muerte se produce casi tres décadas después de que se destapara el brote. Ese brote le situó en el centro de uno de los mayores escándalos sanitarios relacionados con esta enfermedad en España.
Maeso salió en marzo de 2023 en libertad condicional después de haber permanecido más de quince años en prisión efectiva. La decisión se adoptó por su delicado estado de salud, que ya entonces estaba muy deteriorado. Además, según la evolución descrita por su entorno, ese cuadro se fue agravando en los meses posteriores. Finalmente, acabó en su fallecimiento en el centro hospitalario.
Origen del brote de hepatitis C en Valencia
El caso que llevó a Maeso ante los tribunales salió a la luz en 1998, cuando se empezó a detectar un número inusual de infecciones por hepatitis C en varios centros sanitarios de Valencia. Los servicios de salud constataron que los contagios se concentraban en pacientes intervenidos en un mismo periodo de tiempo. Además, todos estaban bajo la atención del mismo anestesista, lo que levantó las primeras sospechas.
Las investigaciones se centraron en cuatro hospitales de la ciudad, uno de titularidad pública y tres privados. En todos ellos se identificó un patrón común: los pacientes afectados habían pasado por quirófano y compartían el antecedente de haber sido atendidos por el mismo profesional. A partir de ese punto, los análisis clínicos y epidemiológicos permitieron confirmar que el foco del brote era el propio anestesista, portador del virus de la hepatitis C.
Las coincidencias en fechas de intervención, tipo de procedimientos y seguimiento médico de los pacientes reforzaron la conclusión de que los contagios tenían un origen común. Esa conexión entre los casos llevó a acotar el número de personas afectadas. Así se alcanzaron los 275 pacientes, todos ellos vinculados a la actividad profesional de Maeso en esos cuatro centros hospitalarios.
El reconocimiento judicial de la responsabilidad penal del anestesista se tradujo en una condena de 1.933 años de prisión, una pena excepcionalmente elevada que reflejaba la gravedad del daño causado y el amplio número de víctimas. Aunque la duración real del cumplimiento efectivo fue mucho menor, la sentencia se convirtió en un referente sobre las consecuencias penales de los contagios masivos en el ámbito sanitario.
Con su fallecimiento, se cierra la trayectoria personal de un médico cuya figura quedó marcada por este caso. Para las víctimas y sus familias, el recuerdo del brote de hepatitis C en Valencia permanece ligado tanto al impacto en su salud como al largo recorrido judicial que siguió a la detección de los primeros casos en 1998.





