El capitán del barco turístico que naufragó en diciembre cerca de la isla de Padar, en el Parque Nacional de Komodo, cuando viajaba una familia valenciana de seis miembros de la que solo sobrevivieron dos, fue condenado a 3,5 años de prisión por un tribunal indonesio que considera probado que compró su licencia mediante pago y sin recibir formación.
La corte subrayó que el capitán, de 55 años, sabía desde el principio que no tenía los conocimientos necesarios para hacerse cargo de la nave, pero aun así decidió ponerse al mando. Para los jueces, esta decisión implicó asumir de forma consciente el riesgo de un incidente grave, especialmente al tratarse de un barco turístico que navegaba en una zona muy visitada y con condiciones de mar cambiantes.
Responsabilidades en el puente de mando
La investigación reveló que, en el momento del naufragio, el capitán ni siquiera estaba controlando el timón. Quien lo manejaba era el jefe de máquinas, que tampoco contaba con la licencia adecuada para gobernar la embarcación. Este segundo implicado también había obtenido su certificado de ingeniero mediante pago y sin formación, lo que, según la sentencia, multiplicó los riesgos de una maniobra inadecuada o una respuesta incorrecta ante cualquier emergencia.
El tribunal, integrado por tres jueces, consideró que la falta de formación de ambos no era solo una carencia administrativa, sino una aceptación deliberada del peligro para los pasajeros y la tripulación. Esa conducta se tradujo en un comportamiento negligente con consecuencias fatales, al producirse el hundimiento del barco KM Putri Sakinah la noche del 26 de diciembre.
La embarcación se hundió en torno a las 20:30 hora local en aguas de la isla de Padar, dentro del Parque Nacional de Komodo, activando de inmediato un operativo de búsqueda para localizar a los cuatro españoles desaparecidos tras el accidente. Las labores de rescate se prolongaron durante quince días, en un entorno de islas y corrientes complejas que dificultan las búsquedas.
Los equipos de rescate hallaron los cuerpos de Fernando Martín, exfutbolista y entrenador del equipo femenino B del Valencia CF; de un hijo suyo, y de una hija de su pareja, Andrea Ortuño, que logró sobrevivir junto a otra hija menor. El cuerpo de otro hijo de la superviviente y de una expareja nunca llegó a ser recuperado, lo que añadió dolor e incertidumbre a la tragedia para sus allegados.
El jefe de máquinas fue condenado a 2,5 años de cárcel por su responsabilidad en el siniestro. Además de las dos españolas supervivientes, salvaron la vida el propio capitán, el jefe de máquinas, otros dos tripulantes y un guía, todos ellos indonesios. La disparidad entre supervivientes y fallecidos evidenció el impacto del naufragio en un grupo reducido de pasajeros.
Comunicado de las familias y nuevas líneas de investigación
Los familiares de las víctimas valencianas difundieron un comunicado en el que aseguraron que desconocían las irregularidades en las titulaciones de los dos únicos procesados por el accidente. En su mensaje, señalaron que consideran que ahora corresponde a la Justicia seguir profundizando en los aspectos que se derivan de la investigación, especialmente en lo relativo a quienes contrataron a personal presuntamente no habilitado y a quienes permitieron que embarcaciones en esas condiciones operaran con normalidad.
Estas peticiones apuntan a posibles responsabilidades más allá del capitán y del jefe de máquinas, como armadores, empresas turísticas o autoridades que supervisan la actividad en el Parque Nacional de Komodo. Para las familias, esclarecer si hubo fallos en la contratación y en el control de las licencias es clave para evitar que se repitan tragedias similares en un destino turístico que recibe cada año a numerosos visitantes de todo el mundo.


