Una investigación de la Universitat de València detecta un repunte del nitrógeno y advierte de que incrementar los caudales sin reducir la contaminación en origen puede agravar la degradación del lago
La recuperación ecológica de l’Albufera continúa bloqueada por la elevada entrada de nutrientes y por un régimen de renovación del agua cada vez menor. Además, una investigación de la Universitat de València constata que los aportes de fósforo permanecen estancados. Asimismo, la carga de nitrógeno ha aumentado de forma significativa respecto a los niveles registrados después de los planes de saneamiento puestos en marcha durante los años 90.
El estudio, realizado por los investigadores del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (ICBiBE) Juan Víctor Molner, Rebeca Pérez-González y Juan Miguel Soria, concluye que aumentar el volumen de agua que recibe el lago no será suficiente para recuperar el ecosistema. Sin embargo, esto solo es cierto si no se reducen de forma drástica los contaminantes que llegan hasta él.
Según advierte el equipo investigador, «aumentar el caudal sin reducir drásticamente los contaminantes en origen no limpiará el lago, sino que incrementará la masa total de contaminación».
Para analizar la situación, los investigadores han monitorizado durante un año hidrológico completo, correspondiente a 2023-2024, un total de 18 canales principales de riego. Además, han analizado las tres estaciones depuradoras que vierten al entorno lacustre: Pinedo, Quart-Benàger y Albufera-Sur.
Las mediciones se han comparado con series históricas de aportes hídricos comprendidas entre 1970 y 2022. También se han comparado con registros de nutrientes disponibles desde 1970 hasta 2008.
El nitrógeno alcanza las 1.904 toneladas anuales
Los resultados señalan que durante el periodo estudiado entraron en el humedal 265,27 hectómetros cúbicos de agua. Esta cantidad se sitúa en el umbral mínimo histórico necesario para mantener las funciones ecológicas básicas del ecosistema.
Sin embargo, la investigación advierte de que la calidad fisicoquímica de esa agua continúa gravemente comprometida.
La tasa de renovación del lago también se ha reducido casi a la mitad respecto al periodo anterior a 1994. Actualmente se sitúa en una media de 11,5 renovaciones anuales. Esta situación, según los investigadores, está relacionada con un régimen de estancamiento artificial condicionado por la gestión agraria.
Juan Víctor Molner señala que «las inversiones en depuración ejecutadas a partir de los años 90 lograron frenar el colapso inicial, pero el proceso de recuperación está completamente paralizado».
El investigador añade que «los aportes de nitrógeno no solo no se han reducido, sino que han aumentado de manera preocupante hasta alcanzar las 1.904 toneladas anuales, superando con creces los registros de las últimas décadas».
El sur concentra casi la mitad del nitrógeno
El estudio detecta además importantes diferencias entre las distintas zonas de l’Albufera en cuanto al origen de la contaminación.
El sector sur, vinculado al sistema del río Júcar y a la acequia Nova, constituye la principal fuente de contaminación difusa. Este sector aporta el 49,17 % de todo el nitrógeno que llega al parque natural.
Dentro de esta red destaca especialmente la acequia de l’Overa. Por sí sola, concentra el 35,78 % del nitrógeno y el 19,14 % del fósforo contabilizados en todo el sistema.
En cambio, la presión urbana e industrial tiene un mayor peso en el sector norte. Como consecuencia, esta zona concentra el 33,96 % de la carga de fósforo. El estudio lo atribuye al considerable caudal procedente de la estación depuradora de Pinedo.
Sobre el funcionamiento de las depuradoras, Molner explica que «la reducción neta aparente de fósforo aguas abajo de la depuradora de Quart-Benàger no obedece a una asimilación activa, sino a un efecto de dilución física al mezclar su efluente con el agua altamente degradada de la acequia de Favara».
El cultivo del arroz también desempeña un papel diferente en función de la zona y de la calidad del agua que reciben los campos. Entre mayo y agosto, los arrozales inundados absorben nitrógeno de manera generalizada, mientras que su capacidad para retener fósforo varía.
Así, los arrozales actúan como sumideros de fósforo en el norte y el oeste. Sin embargo, pueden saturarse y convertirse en fuentes emisoras en el sector sur.
Más caudal, pero con agua de mejor calidad
Los investigadores consideran que la recuperación del ecosistema requiere abandonar una gestión centrada únicamente en los calendarios de riego. Por ello, proponen avanzar hacia una planificación integral del agua.
Entre las medidas planteadas figura garantizar la llegada de caudales ambientales de agua dulce de buena calidad. Estos caudales pueden proceder de los ahorros derivados de la modernización del regadío o del canal Júcar-Turia.
Estas actuaciones deberían acompañarse, según el estudio, de un mayor control de la fertilización en las cabeceras de los sistemas de riego. Además, proponen mejoras en los tratamientos terciarios de instalaciones como Quart-Benàger y Albufera-Sur.
La investigación insiste en que aumentar únicamente el volumen de agua que llega al lago, sin reducir previamente la contaminación en origen, puede incrementar la carga total de nutrientes. Por lo tanto, este procedimiento puede prolongar la degradación del humedal.
El trabajo ha sido desarrollado por el Grupo de Investigación de Limnología de la Universitat de València y se ha publicado en la revista científica Regional Studies in Marine Science.




