Los vecinos de Oliva y Miramar siguen este jueves retirando barro y enseres de viviendas, garajes y negocios anegados por la dana Adam en la provincia de Valencia, mientras evalúan los daños y fotografían desperfectos para poder reclamarlos a las aseguradoras.
En estas dos localidades costeras, entre ellas la playa de Miramar y la playa de Oliva, el agua ya ha salido de la mayoría de las casas. Sin embargo, todavía permanece acumulada en numerosos garajes subterráneos, donde los vecinos continúan sacando muebles, electrodomésticos y pertenencias personales completamente empapadas.
Comercios de temporada arrasados
Uno de los afectados es Toni Pallarés, propietario de una zumería y cafetería de temporada situada en la playa de Miramar, por debajo del nivel de la calle. En su local, el agua ha llegado a alcanzar un metro de altura. Toni muestra en las paredes la marca de la riada y detalla que, al estar más bajos que otros comercios, el nivel ha sido aún mayor.
Toni reside en la zona del pueblo de Oliva, que se confinó durante el temporal, por lo que no ha podido acceder a su negocio hasta el martes. Desde entonces ha conseguido achicar el agua y, junto a su mujer, ha ido sacando al sol las sillas, herramientas, neveras y todo el material que consideran recuperable.
A apenas unos metros, decenas de piezas de piel y cuero cuelgan de un muro para intentar secarse. Proceden de un garaje donde Sandra, artesana gallega del cuero del municipio de Lalín (Pontevedra), había guardado material de su tienda.
Tomasa, pareja de la propietaria, explica que pudieron entrar al garaje el día anterior gracias a que la puerta no tiene motor. Desde entonces, junto a su hermana, familiares y amigos, han ido sacando todo lo que han podido recuperar. Revisan bolsa a bolsa pequeños abalorios metálicos completamente mojados.
En las escaleras de madera y en los muros de una vivienda de enfrente han tendido telas, piezas de piel y cuero, además de colocar al sol dos máquinas de coser industriales. Temen que sea difícil salvarlas, aunque mantienen más esperanzas en una máquina Singer con más de cien años de antigüedad.
Rescates en plena noche y pertenencias perdidas
El temporal también ha sorprendido a muchos vecinos mientras dormían. Es el caso de Genaro López, de 62 años, con movilidad reducida tras varios ictus que le han dejado paralizada la parte izquierda del cuerpo. Relata que el agua le sorprendió en la cama de su habitación.
Genaro cuenta que se levanta cada día a las seis y media de la mañana para pasear al perro. Esa madrugada, cuando ha puesto el pie en el suelo, el agua ya le llegaba al tobillo y entraba incluso por los enchufes. Han sido los vecinos de enfrente quienes le han ayudado a cruzar la calle y lo han subido a una primera planta.
‘Muebles, ropa, documentación, todo perdido’, lamenta Genaro, que viste ropa prestada. Unos vecinos le han ofrecido alojamiento en una vivienda situada en un primer piso, fuera de la zona inundable.
En la misma zona, Ivo, dueño de una cafetería cercana, ha conseguido reabrir hoy su negocio. A su local acuden tanto vecinos como miembros de los servicios de Emergencias que trabajan en el área. El establecimiento se sitúa unos escalones por encima de la acera y eso ha limitado los daños en la barra y la cocina, aunque la terraza exterior y parte de los productos se han perdido.
Uno de los clientes de la mañana es Luis López, inquilino de un bajo en la zona. Explica que el aviso de Es-Alert le ha despertado y que el agua ha empezado a entrar en la vivienda sobre las siete de la mañana. En ese momento ha decidido coger el coche y dejarlo sobre un puente cercano, en una cota más alta, confiando en que podría salir por el otro lado.
Sin embargo, ha permanecido aislado durante 22 horas entre el puente y el paseo marítimo de Miramar, que se ha mantenido sin agua. ‘Tanto el ayuntamiento, como la Guardia Civil y los bomberos estuvieron atentos de la gente que estábamos por allí y nos trajeron agua y comida’, agradece Luis.
Calles llenas de coches abiertos al sol
A unos cinco kilómetros de Miramar, en la playa de Oliva, la imagen se repite. Decenas de coches permanecen aparcados en la calzada con puertas y maleteros abiertos, aprovechando los aproximadamente 25 grados de temperatura para intentar secar el interior.
Los vecinos que este jueves han podido acceder a sus viviendas y garajes en esta zona sacan a la calle mobiliario, electrodomésticos y objetos dañados. Las calles ya han quedado sin agua y presentan un aspecto más limpio que el día anterior, pero aún persisten problemas.
En algunas casas sigue sin llegar agua potable. Además, muchos cuadros eléctricos continúan húmedos, lo que provoca cortes de suministro de luz. Bomberos forestales siguen trabajando en el achique de varios aparcamientos subterráneos que continúan totalmente inundados.
La vivienda de la madre de 82 años de Susi Gisbert, un bajo que se anegó por completo la madrugada del lunes, es otro de los puntos donde la limpieza resulta más dura. Susi, su hermana y varios familiares han optado por no llevar todavía a la propietaria a la casa y se encargan ellos de retirar lodo y enseres.
En el momento del temporal, en la vivienda se encontraba Ana, sobrina de la dueña, que residía allí de forma temporal. ‘Estaba durmiendo y me desperté al mojarme con el agua. Llegaba ya a la altura del colchón’, relata. Consiguió salir con lo puesto y alcanzar la escalera del vecino, que la rescató y la acogió en su piso, un primer piso más resguardado.
Negocios jóvenes golpeados por la riada
La dana Adam también ha afectado con fuerza a pequeños negocios recién abiertos. A pocos metros de la casa de la madre de Susi, Ailín Manzure graba un vídeo para enseñar a sus familiares el estado de su local, un centro de manicura que esta joven argentina de 20 años abrió el pasado mes de enero.
Ailín vive en el propio local, donde dispone de una habitación, junto a su pareja. Explica que el agua les ha sorprendido mientras dormían. ‘Estábamos durmiendo y me despertó un ruido, cuando salí de la habitación estaba todo florando y el agua me llegaba a las rodillas’, recuerda.
La joven subraya que ‘lo más importante es que estamos los dos bien’. Pese a los daños, se muestra optimista y confía en poder volver a poner en marcha el negocio una vez limpien y revisen el material.
Mientras tanto, en Miramar y Oliva continúa el goteo de vecinos que bajan a los garajes, vacían trasteros y extienden al sol ropa, sofás, colchones y recuerdos familiares. Todos intentan salvar lo poco que ha resistido a una inundación que ha dejado bajo el agua bajos comerciales, viviendas y coches en estas localidades del litoral valenciano.


