España y Bulgaria encabezan la peor calidad de ríos en Europa, según un estudio de la UPV

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Un estudio de la Universitat Politècnica de València sitúa a España y Bulgaria con las peores tendencias de calidad fluvial en Europa, alejadas de los objetivos ambientales de 2030, mientras Eslovenia es el único país en trayectoria plenamente compatible.

España y Bulgaria se han situado como los países europeos con la situación más crítica en la calidad de sus ríos, al combinar altos niveles de contaminación y tendencias de mejora insuficientes, según un estudio liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV) difundido con motivo del Día Internacional de los Ríos.

El informe ha analizado la evolución de la contaminación en los ríos de hasta 18 países europeos. Sus autores han constatado que, aunque la calidad general ha mejorado durante los últimos años, ese avance no resulta suficiente para garantizar el cumplimiento de los objetivos ambientales fijados para 2030.

En conjunto, la contaminación orgánica ha disminuido en 14 de los 18 países evaluados. Además, las concentraciones de fosfatos han bajado en 11 de los 16 estados para los que se disponía de información suficiente. Estos datos reflejan una tendencia positiva, pero todavía insuficiente.

Pese a estas mejoras, las investigadoras advierten de que el ritmo de cambio sigue siendo demasiado lento. Así, las reducciones actuales no aseguran por sí solas alcanzar los niveles considerados sostenibles al final de esta década si no se refuerzan las políticas de gestión del agua.

Eslovenia, único país alineado con 2030

El estudio ha clasificado a los países según su situación actual y la trayectoria hacia 2030. Siete países presentan hoy un escenario relativamente favorable, pero solo Eslovenia mantiene una evolución plenamente compatible con los objetivos ambientales marcados para ese año.

Finlandia, Estonia, Irlanda, Italia y Dinamarca han obtenido también una valoración positiva. Sin embargo, las tendencias observadas indican que estos estados deberán, como mínimo, mantener e incluso reforzar sus actuales políticas de gestión del agua para asegurar que no se desvían de la senda sostenible.

Según ha explicado la autora principal del trabajo, María Pachés, del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la UPV (IIAMA-UPV), los resultados dejan claro que no basta con una foto fija del estado de los ríos. Pachés subraya que es imprescindible analizar también la velocidad de mejora de la calidad del agua.

En sus palabras, los datos demuestran que resulta fundamental comprobar si el ritmo actual de recuperación permitirá, o no, alcanzar los objetivos ambientales de 2030. Esa perspectiva temporal marca la diferencia entre una situación aceptable a corto plazo y una trayectoria insostenible a medio plazo.

España, entre los países con mayores desafíos

En el otro extremo del ranking se sitúan Bélgica, Bulgaria, Lituania, Rumanía, Suecia y España. Estos países concentran algunos de los mayores desafíos ambientales, bien por mantener niveles de contaminación altos, bien por mostrar tendencias de evolución poco favorables.

Dentro de este grupo, España y Bulgaria destacan como los casos más preocupantes. El estudio indica que ambos países combinan valores elevados de contaminación con tendencias desfavorables en alguno de los indicadores analizados, lo que dificulta avanzar hacia los objetivos de 2030.

En el caso concreto de España, el análisis ha revelado una reducción de la carga de contaminación orgánica en los últimos años. No obstante, esa mejora resulta insuficiente, ya que los niveles siguen siendo altos en comparación con otros países.

Además, el informe ha detectado que las concentraciones de fosfatos en los ríos españoles han aumentado en el periodo 2015-2021. Este incremento se vincula de forma directa al aporte de nutrientes a los ecosistemas fluviales y a un mayor riesgo de procesos de eutrofización.

La investigadora Remedios Martínez ha señalado que ‘esta evolución nos aleja de los objetivos ambientales de 2030 y evidencia la necesidad de reforzar las actuaciones destinadas a controlar las aportaciones de nutrientes a los ecosistemas fluviales‘. A su juicio, sin un cambio más intenso en las políticas de control de vertidos, España tendrá muy difícil cumplir los compromisos marcados para el final de la década.

Causas de la mejora y medidas necesarias

Las investigadoras han relacionado la mejora detectada en numerosos países con varios factores. Entre ellos destacan los avances en la recogida y tratamiento de aguas residuales urbanas, así como la aplicación de normativas más estrictas para reducir los vertidos de nutrientes a los ríos.

Sin embargo, el equipo investigador considera que estos esfuerzos no bastan todavía. Los resultados del estudio indican que buena parte de Europa deberá intensificar las medidas si quiere asegurar una calidad del agua compatible con los objetivos ambientales de 2030.

En este sentido, las autoras del trabajo han advertido de que ‘mejorar la calidad de los ríos europeos exigirá reforzar el control de los vertidos urbanos, industriales y agrícolas, armonizar los sistemas de seguimiento y disponer de series históricas más completas y homogéneas’. Señalan que solo con información robusta será posible evaluar con precisión el impacto de las políticas públicas.

Un nuevo indicador para medir la presión humana

Para elaborar el diagnóstico, el equipo de la UPV ha desarrollado el indicador Human Pressure on River Ecosystems (HPRE), siglas en inglés de Presión Humana sobre los Ecosistemas Fluviales. Esta herramienta permite transformar los datos disponibles en Eurostat en una escala comparativa de 0 a 100 entre países.

El indicador HPRE combina dos variables clave. Por un lado, la demanda bioquímica de oxígeno, ligada a la contaminación orgánica. Por otro, la concentración de fosfatos, asociada al aporte de nutrientes y a los procesos de eutrofización en los cursos de agua.

Gracias a esta metodología, el estudio ha podido determinar no solo la situación actual de cada país, sino también su evolución reciente. Además, el indicador permite calcular el ritmo de mejora necesario para lograr valores considerados sostenibles en 2030.

El equipo investigador ha subrayado, no obstante, que el HPRE es una herramienta de diagnóstico y no una evaluación ecológica completa. Para lograr una visión integral de la salud de los ríos, será necesario complementar este enfoque con variables biológicas, datos hidromorfológicos y la presencia de otros contaminantes.

En el trabajo han participado también los investigadores de la UPV Petra Amparo López-Jiménez y Modesto Pérez-Sánchez, junto a María Pachés y Remedios Martínez. Según destacan, la metodología propuesta permite comparar de forma más clara la situación de los países europeos y orientar mejor las políticas de gestión del agua en la próxima década.