El Día de la Hispanidad ha encontrado en València una nueva dimensión. Más de 20.000 personas han participado en la celebración del 12 de octubre, que ha reunido a representantes de 29 países en pleno centro de la ciudad. Además, el desfile, planteado por primera vez con este formato, ha superado las expectativas y ha puesto de manifiesto el potencial de una celebración que aspira a consolidarse en el calendario festivo valenciano.
La iniciativa, impulsada por el Cuerpo Consular acreditado en València con la colaboración de la Generalitat Valenciana, la Diputación y el Ayuntamiento, ha encontrado una respuesta especialmente afectuosa entre las comunidades latinoamericanas. Asimismo, los participantes han recibido con agradecimiento la implicación de las instituciones en una jornada que ha permitido visibilizar sus tradiciones y reforzar sus vínculos con la sociedad valenciana.






El recorrido entre la plaza de la Porta de la Mar y la plaza de la Reina ha transformado la calle de la Paz en un escenario de música, indumentaria tradicional y manifestaciones culturales. Apenas medio kilómetro de desfile ha bastado para reunir expresiones folclóricas de distintos continentes. Por tanto, ha convertido el centro histórico en un punto de encuentro entre culturas.
Bolivia, Colombia, Ecuador, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, México y otros países han compartido protagonismo con la representación española. También han participado delegaciones de Estados Unidos, Filipinas y Guinea Ecuatorial, entre otras naciones vinculadas histórica y culturalmente con España






Un éxito que supera la difusión del evento
La respuesta ciudadana ha sido uno de los aspectos más destacados de esta primera experiencia. La elevada asistencia ha contrastado, sin embargo, con una difusión previa que podría haber alcanzado a un público mucho mayor. Esa falta de promoción suficiente aparece como uno de los principales aspectos que convendría mejorar en futuras ediciones.
El resultado invita a plantear qué dimensión podría alcanzar el desfile con una campaña de comunicación más amplia, una mayor anticipación y una programación consolidada. La celebración ha demostrado capacidad de convocatoria incluso sin contar todavía con la notoriedad de otros acontecimientos festivos plenamente asentados en la ciudad.
La colaboración entre el cuerpo consular y las administraciones públicas también ha marcado el desarrollo de la jornada. Además, la iniciativa ha permitido que las representaciones diplomáticas y consulares participen de la mano de las instituciones valencianas en un proyecto común que ha recibido una respuesta de agradecimiento entre las comunidades participantes.






Además, el desfile ha permitido reivindicar la aportación cultural de una población latinoamericana que forma parte de la realidad cotidiana de València. Asociaciones, familias y colectivos han mostrado sus raíces ante miles de ciudadanos que han seguido el recorrido desde las aceras.
Los caporales bolivianos, las danzas ecuatorianas, los ritmos colombianos y los trajes tradicionales de distintos países han compartido espacio con las jotas valencianas, las falleras y la música de dolçaina y tabalet. No obstante, la diversidad de expresiones ha reforzado el carácter integrador de una celebración concebida para reunir, no para separar.
El programa ha continuado en la plaza de la Reina con el Concierto de las Naciones. En este, la Banda de Música de Ciutat Vella ha interpretado composiciones populares de distintos países. Así, la actividad ha prolongado el ambiente festivo tras la finalización del desfile.






València mira al modelo de Madrid y Nueva York
El éxito de participación abre ahora una perspectiva de futuro. València tiene la oportunidad de convertir el desfile civil del 12 de octubre en una cita de referencia internacional. De hecho, sigue la estela de las grandes celebraciones de la Hispanidad que se organizan en ciudades como Madrid o Nueva York.
La comparación no implica que el acontecimiento valenciano haya alcanzado todavía esa dimensión. Sin embargo, la respuesta registrada en su estreno ofrece argumentos para trabajar en esa dirección. Una estructura organizativa estable, una mayor promoción y la implicación continuada de las comunidades participantes podrían favorecer su crecimiento.
El principal activo de València reside precisamente en la diversidad de sus comunidades y en la disposición mostrada por sus representantes para participar en una celebración conjunta. Por ello, el desfile ha permitido comprobar que existe una base social sobre la que construir una convocatoria de mayor alcance.






La jornada también ha dejado una lectura que trasciende el carácter festivo. Mientras el Tribunal Supremo mantenía en suspenso el ejercicio del derecho al voto de los nacionalizados por la denominada Ley de Nietos ante las elecciones generales del 29 de noviembre, las calles de València ofrecían una imagen de encuentro entre ciudadanos de distintos orígenes.
Un desfile de hermandad lejos de la polarización política
La coincidencia ha puesto de relieve dos realidades diferentes. Por un lado, el debate jurídico y político sobre los derechos electorales. Por otro, la voluntad de las comunidades participantes de celebrar sus vínculos históricos y culturales al margen de las controversias partidistas.
El mensaje que ha predominado durante el desfile ha sido el de la hermandad entre pueblos. Por otra parte, las banderas, lejos de funcionar como elementos de confrontación, han servido para reivindicar identidades compatibles con la convivencia y el sentimiento de pertenencia a una sociedad compartida.
De cara a próximas ediciones, el reto será transformar el éxito inicial en una celebración estable y con mayor proyección. La respuesta de más de 20.000 personas ha situado el listón alto. Además, ha mostrado a las instituciones el alcance que puede tener una iniciativa respaldada por las comunidades que le dan sentido.
València dispone ahora de una oportunidad para hacer del 12 de octubre una de sus grandes citas multiculturales, con capacidad para atraer visitantes y proyectar internacionalmente una imagen de convivencia. El siguiente paso será acompañar el entusiasmo ciudadano con una difusión y una planificación a la altura de esa ambición.


