El panteón funerario de Vjekoslav Luburić, situado en el cementerio municipal de Carcaixent, ha sido incluido por el Gobierno en el Catálogo de Símbolos y Elementos contrarios a la Memoria Democrática y deberá retirar de inmediato el escudo Ustaša, símbolo del partido fascista croata que colaboró con la Alemania nazi durante la ocupación de los Balcanes.
En este panteón reposan los restos de uno de los perpetradores más conocidos de la violencia de la organización Ustaša, apodado como ‘el carnicero’ por su implicación directa en la represión y el exterminio. Luburić fue uno de los principales dirigentes del campo de concentración y exterminio de Jasenovac, un complejo donde se asesinó a miles de personas por motivos étnicos, religiosos o políticos, entre ellas serbios, judíos, romaníes y comunistas, en el marco de la política genocida del régimen croata aliado de los nazis.
Protección dictadura franquista
Tras el fin de la II Guerra Mundial, Luburić se instaló en España bajo la protección de la dictadura franquista, donde llevó una vida aparentemente normal utilizando una identidad falsa. Este amparo le permitió permanecer durante años alejado de los procesos de depuración y justicia que se desarrollaban en otros países europeos contra responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad.
El informe vinculante de la Comisión Técnica sobre símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática concluye que el monumento constituye una exaltación del fascismo y de sus protagonistas. Considera que esta exaltación es incompatible con los valores democráticos vigentes y con el deber de memoria, reparación y dignificación de las víctimas de aquellos regímenes, principios que la legislación actual busca garantizar y hacer efectivos en los espacios públicos.
Contextualizar el papel de Luburić
La resolución ya ha sido comunicada a las partes interesadas y a las administraciones autonómica y local competentes, con el objetivo de asegurar la retirada inmediata del escudo del régimen fascista Ustaša tanto del monumento funerario como del espacio público donde se ubica. Con ello se pretende evitar que el cementerio albergue símbolos que puedan interpretarse como homenaje o legitimación de regímenes responsables de graves vulneraciones de derechos humanos.
Además, la resolución establece la obligación de instalar elementos interpretativos que aporten una contextualización histórica rigurosa y veraz, ajustada a los principios de la ley de Memoria Democrática. Estos recursos deberán incluir referencias explícitas al papel de Luburić en el régimen Ustaša, a los crímenes cometidos, con especial mención al genocidio perpetrado en el campo de Jasenovac, y a su trayectoria posterior en España. De esta forma, el espacio funerario pasará de ser un lugar de posible enaltecimiento a un punto de información y recuerdo crítico de lo sucedido.
El texto recuerda que el incumplimiento de estas medidas podrá dar lugar a la activación de los procedimientos sancionadores previstos en la normativa vigente, lo que introduce un componente coercitivo para garantizar que la retirada del escudo y la colocación de los elementos explicativos no se demoren ni se eludan.
Monumento creado en 1976
El monumento funerario fue erigido en 1976 y se encuentra en una zona destacada del cementerio de Carcaixent, lo que le otorga una gran visibilidad para quienes visitan el camposanto. El diseño del panteón incluye simbología y elementos que ensalzan tanto la figura de Luburić, responsable destacado del sistema de campos de concentración del Estado Independiente de Croacia durante la Segunda Guerra Mundial, como el régimen Ustaša al que perteneció.
Entre estos elementos sobresale la presencia del escudo Ustaša, emblema del partido fascista croata, así como diversas inscripciones honoríficas que contribuyen a la exaltación del personaje y de la ideología que representó. Según el comunicado del Ministerio, Vjekoslav Luburić estuvo estrechamente vinculado al campo de exterminio de Jasenovac, donde fueron asesinadas decenas de miles de personas, entre ellas población serbia, judía y gitana. Por este motivo, su figura se sitúa entre los grandes perpetradores de violencia masiva del siglo XX, y su presencia exaltada en un espacio público resulta incompatible con las políticas de memoria y reparación impulsadas por la legislación democrática.




