Rafael Aznar afronta la presidencia del Casino de Agricultura de Valencia con el propósito de actualizar una institución con 167 años de historia sin romper con sus raíces. Al frente de una junta directiva integrada por empresarios, juristas, académicos, representantes del sector agrícola y miembros de conocidas familias valencianas, defiende que el Casino debe convertirse en un punto de encuentro de la sociedad civil, incrementar su número de socios y ofrecer una programación cultural, gastronómica y social adaptada a los nuevos tiempos.
A sus 75 años, Aznar rechaza limitarse a gestionar la continuidad de la institución. Su objetivo, asegura, es impulsar una etapa de crecimiento, mejorar sus espacios y recuperar capacidad de influencia en asuntos como la financiación autonómica, las infraestructuras o la situación de la agricultura valenciana, aunque precisa que el Casino no pretende asumir funciones políticas ni ejecutivas.
Entrevista
Cuando se repasa la composición de la nueva junta directiva aparecen apellidos históricos, empresarios, aristócratas, juristas y personas con una gran capacidad de influencia. ¿Qué le diría a quien vea en el Casino de Agricultura un club de élites alejado de la sociedad real?
El comportamiento humano es complejo, pero creo que la generosidad suele ser directamente proporcional a la capacidad. Las personas que han demostrado su valía en una profesión, en una empresa o en cualquier otra actividad suelen tener también capacidad para contribuir en proyectos de carácter social.
No estamos hablando de élites distantes, sino de grandes personalidades en sus respectivos ámbitos —la cultura, la empresa o las profesiones liberales— que han decidido unir sus fuerzas alrededor de un proyecto común. Ese proyecto tiene mucho que ver con situar a Valencia en el lugar que siempre ha tenido: el de una ciudad importante, cosmopolita y preocupada no solo por el progreso individual, sino también por el progreso social.
Queremos promover debates de nivel que puedan tener conclusiones interesantes y aplicables. No hablamos de pensamientos etéreos, sino de propuestas de orden práctico, relacionadas también con la cultura, el ocio y las relaciones sociales. El progreso es la suma de muchas voluntades, y eso es lo que pretendemos conseguir con esta junta directiva.
El Casino ha atravesado monarquías, repúblicas, una guerra, una dictadura y la actual democracia. ¿Cuál es ahora su principal reto?
El reto fundamental está en la juventud. Quienes llevamos años como socios hemos vivido la evolución de la institución y hemos sido capaces de ir transformándonos, pero ahora tenemos que conseguir que las nuevas generaciones encuentren aquí respuestas a sus inquietudes.
La juventud se encuentra muy ocupada, e incluso asaltada interiormente, por las nuevas tecnologías y por fenómenos como la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, percibo una cierta búsqueda de autenticidad. Hay jóvenes que se preguntan cómo pueden recuperar espacios para la cultura, la lectura y la vida social.
El Casino puede ofrecer instrumentos para volver a cultivar esas dimensiones sin renunciar al progreso. No pretendemos crear una isla ni vivir de espaldas a la realidad, sino conseguir que la gente joven se encuentre cómoda, halle respuestas a sus inquietudes y pueda proyectar después esa experiencia en su propio entorno.
¿Cómo puede rejuvenecerse la institución sin decepcionar a los socios históricos ni alterar su identidad?
Ese es precisamente el equilibrio que debemos encontrar. Tenemos que satisfacer a los socios de siempre, porque no podemos decepcionarlos ni cambiar súbitamente el rumbo de la institución, pero debemos hacerlo compatible con las exigencias de los nuevos tiempos.
Contamos con un edificio extraordinario, de cinco plantas y situado en pleno centro de Valencia, entre la calle de las Comedias y la calle de la Paz. Tenemos que revisar y aprovechar esos espacios para ampliar nuestra oferta cultural, gastronómica, artística y de ocio, además de organizar foros de debate.
Hay espacio suficiente para desarrollar todas esas actividades con sentido. Debemos utilizar los recursos actuales para crear una oferta más atractiva, pero respetando siempre nuestros orígenes. No es fácil encontrar una institución con 167 años de historia y no podemos modificar su esencia.
Nuestros fundadores supieron identificar lo que reclamaba la sociedad de su tiempo. Ahora nos corresponde actuar con la misma responsabilidad, aunque las demandas sociales sean muy diferentes. Tenemos que hacerlo con conocimiento, decisión, sensatez y serenidad.
¿Tiene hoy la sociedad civil valenciana menos influencia que hace algunas décadas?
Sí, y en cierta medida es razonable. España ha evolucionado muy positivamente y, cuando nació esta institución, Valencia era una capital especialmente floreciente. Contábamos con un sector agrícola cuyo peso era fundamental para la economía española. Era lógico que entonces nuestra influencia relativa fuese mayor.
Pero cada etapa tiene su afán. Valencia sigue teniendo personas muy preparadas, sectores esenciales para el desarrollo económico de España, una gran capacidad emprendedora y una economía muy orientada hacia el exterior. Todo ello puede abrir una nueva etapa de influencia.
Influir es importante porque nos movemos dentro de un marco legal y las leyes se elaboran en los parlamentos. La sociedad civil debe contribuir a que esas normas generen un régimen de convivencia creciente y saludable y a que también se perciba la huella de nuestra tierra.
Además, necesitamos obtener los recursos, las infraestructuras y las palancas necesarias para competir. La finalidad debe ser situar a nuestra población en mejores condiciones de progreso y bienestar y, en definitiva, ayudar a que las personas puedan ser más felices.
¿Se implicará el Casino en reivindicaciones como la financiación autonómica, las infraestructuras o el agua?
Por supuesto, en todo aquello que demande la sociedad. Pero probablemente no se trata tanto de abanderar esas reivindicaciones como de facilitar que puedan expresarse.
No somos un ente político ni queremos convertirnos en uno. Debemos mantener una posición equilibrada y sensata. Es verdad que en esta institución participan personas que lideran diferentes sectores, porque toda sociedad que avanza necesita locomotoras, pero nadie debe sentirse excluido.
Queremos ser un elemento aglutinador de voluntades y convertirnos en un hub social en el que confluyan distintas sensibilidades y necesidades. Todo el mundo debe sentirse cómodo y acogido.
Para ello también debemos incrementar la masa social. No somos una sociedad mercantil y aquí no hay accionistas: son los socios quienes aportan, mediante sus cuotas, los recursos necesarios para sostener las actividades. Tenemos que generar un círculo virtuoso: más actividades atraerán a más socios; más socios proporcionarán más recursos; y esos recursos permitirán ofrecer todavía más actividades.
¿Cómo puede alcanzarse esa vocación aglutinadora en un momento de tanta polarización política?
La palabra polarización ya irrita por sí misma. Creo que la sociedad es mucho más sensata, serena y tranquila de lo que puede parecer a partir de determinados análisis o de lo que transmiten en ocasiones los representantes políticos.
Cada persona tiene una sensibilidad política y todas son respetables. También estamos condicionados por nuestro entorno inmediato, porque somos sensibles a aquello que nos rodea. Por eso es importante ofrecer factores de contraste y permitir que las personas comprueben que se puede pensar de otra manera.
No debemos provocar choques. Podemos generar contraste, pero nunca confrontación. Intentaremos que esa palabra no forme parte de nuestro vocabulario. La población sabe convivir bastante mejor de lo que a veces parece.
Valencia atraviesa un momento de gran proyección económica y turística. ¿Qué ciudad cree que recibirán sus hijos y sus siete nietos?
Valencia tiene unos componentes fantásticos. Es una ciudad cosmopolita, con una población amplia, pero no agobiante; con sectores culturales muy interesantes; con un buen clima, aunque en ocasiones haga demasiado calor; con mar y con un puerto de primer nivel.
El puerto mejora nuestra conexión con el mundo, asegura las cadenas de suministro y facilita la llegada de nuestros productos a otros mercados. Todo ello configura una ciudad atractiva y amable para vivir. Así lo reflejan las personas que vienen a estudiar un grado o un posgrado y también las inversiones que eligen Valencia por su calidad de vida.
Creo que en estos momentos la ciudad está sosegada y tranquila, y que las autoridades saben interpretar lo que la sociedad demanda. Esa estabilidad es muy importante porque los recursos y las inversiones buscan entornos tranquilos. Estamos en una situación buena, incluso muy buena, para dar un salto cualitativo en el nivel de vida y cuantitativo en términos de progreso.
¿Está teniendo ese crecimiento turístico efectos negativos para los residentes?
El turismo contribuye decisivamente a fortalecer sectores como la restauración, los hoteles y el pequeño comercio. Es positivo que venga gente y deje recursos en la ciudad, porque eso permite que muchas actividades económicas funcionen mejor.
La parte menos amable es que algunos espacios están más saturados. Antes uno podía acudir a determinados establecimientos y ser atendido inmediatamente; ahora debe esperar. Eso genera alguna incomodidad para quienes vivimos aquí, pero personalmente doy por bienvenida esa incomodidad si el conjunto de la sociedad sale ganando.
Debemos ser conscientes de los efectos negativos y tratar de corregirlos, pero sin caer en una queja permanente. Es mucho más útil mantener una actitud positiva y buscar soluciones.
Uno de esos efectos es la dificultad de acceder a una vivienda. ¿Qué respuesta debería darse?
La vivienda es un problema, pero considero que no está relacionado exclusivamente con el turismo. Muchos expertos señalan que la clave se encuentra en la falta de suelo y en la escasez de oferta.
Cuanta más oferta exista, más posibilidades habrá de moderar los precios. Actualmente son demasiado elevados, y eso no es bueno para las familias jóvenes que quieren formar un hogar ni para quienes tienen un empleo, quieren independizarse y se ven obligados a continuar viviendo con sus padres.
Son factores que hacen que la sociedad resulte menos amable y que deben resolverse. Creo que las autoridades están trabajando en ello. Desde la sociedad civil podemos apoyar y difundir criterios que contribuyan a encontrar soluciones, pero también debemos transmitir tranquilidad. Ser conscientes de las dificultades no significa instalarnos en la excitación o en el malestar permanente.
Desde su experiencia al frente del Puerto de Valencia, ¿qué tres proyectos o prioridades considera estratégicos para el futuro de la ciudad?
En primer lugar, la comunicación entre los barrios. Se ha avanzado mucho, pero todos los valencianos deben sentirse próximos al centro de la gran ciudad cosmopolita que somos. Los barrios más alejados deben contar con comunicaciones eficientes y debemos eliminar cualquier barrera.
En segundo lugar, debemos evitar estrangulamientos en el funcionamiento económico. Es esencial resolver la financiación autonómica, porque nuestra Comunitat no puede disponer de recursos asimétricos respecto de otros territorios. Una parte muy importante de los servicios públicos depende de esa financiación y su calidad debe optimizarse.
No quiero entrar en análisis políticos, porque esta sociedad no tiene esa función, pero sin recursos resulta más difícil mejorar los niveles de bienestar.
La tercera prioridad sería reforzar la convivencia. Es imposible que todo el mundo esté de acuerdo en todas las cuestiones, pero sí debemos coincidir en aquello que resulta verdaderamente importante. Tiene que haber debate y diferentes opiniones, pero el resultado debe ser un régimen de convivencia sensato.
La institución mantiene la palabra Agricultura en su nombre, mientras que el campo valenciano atraviesa una situación muy delicada. ¿Puede el Casino hacer algo más que manifestar su apoyo?
Somos una sociedad de deliberación, debate, generación de opinión e incluso de influencia, pero no somos un órgano ejecutivo ni debemos asumir responsabilidades que corresponden al ámbito político.
En esta nueva etapa hemos incorporado a la junta directiva al presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores. No es un simple guiño, sino una muestra inequívoca de apoyo a las reivindicaciones del sector. Es una persona responsable y sensata, que ha defendido a los agricultores tanto en España como en Bruselas, y queremos escucharla con mucha atención.
Nuestra denominación es Sociedad Valenciana de Agricultura y debemos ser fieles a nuestras raíces. El reto consiste en combinar tradición y vanguardia. La agricultura forma parte de nuestro ADN y cualquier cuestión procedente del sector será atendida y reforzada.
Ahora bien, también debemos ser realistas. Los desafíos actuales no se limitan exclusivamente a la agricultura, sino que afectan a muchas otras actividades. Podemos apoyar al sector primario desde nuestras funciones, pero no convertirnos en algo diferente de lo que establecen nuestros estatutos.
¿Qué indicadores utilizará para determinar si su presidencia ha sido útil dentro de cuatro años?
Me encantaría disponer de un termómetro exacto, pero no creo que exista. Hay un resultado intangible que es la satisfacción que se percibe respecto de lo que se está haciendo.
Naturalmente, si la cuenta de resultados está equilibrada y la institución crece, será una buena señal. Pero lo verdaderamente importante será que la sociedad perciba que el Casino vuelve a ser útil.
Cuando hablo de convertirnos en un hub social me refiero a concentrar recursos para difundir posteriormente sus efectos. Queremos sumar masa crítica, pero no a costa de nadie. Aspiramos a un crecimiento orgánico, basado en nuestra capacidad de atracción, y no en absorber otras instituciones o competir contra ellas.
Cuantas más personas se sientan cómodas y seguras aquí dentro, mayor será nuestro poder de atracción. Necesitamos aumentar la masa social para disponer de más recursos, organizar más actividades y mejorar nuestra oferta. El eje es muy sencillo: queremos ser útiles.
¿Cómo piensa financiar el crecimiento y la renovación que propone?
La principal vía es el crecimiento de la masa social, pero también debemos desarrollar los patrocinios. Cuanta más audiencia y participación tengamos, más atractiva será la institución para quienes quieran apoyar sus actividades.
En otros países existen fórmulas de colaboración privada muy desarrolladas. Por ejemplo, determinados espacios pueden recibir el nombre de una persona o una empresa que contribuya económicamente a su mantenimiento. Es un modelo muy utilizado en Estados Unidos y puede funcionar.
Tenemos que emplear la imaginación para obtener recursos, siempre de forma ordenada y transparente. Contamos con un equipo profesional reducido, pero muy eficiente, y la junta directiva debe actuar como un conjunto de antenas y radares capaces de detectar necesidades y proyectar iniciativas.
Para trabajar con eficacia hemos creado entre ocho y diez grupos de trabajo. Cada uno deberá plantear conclusiones y soluciones que pasarán por los órganos correspondientes de la junta directiva y, cuando sea necesario, por la Asamblea General. Los primeros pasos ya están dados.
¿Le preocupa que una parte de la nueva generación perciba conceptos como familia, tradición o humanismo cristiano como algo ajeno o anticuado?
No es que me preocupe. Cada persona debe elegir libremente. La gran virtud de la vida es que la libertad permite escoger.
Nosotros no queremos confundir a nadie. Somos una sociedad que incorpora esos principios a su ideario. La libertad consiste en poder elegir esta propuesta o cualquier otra alternativa.
No me gusta utilizar la palabra tradicional cuando puede sonar a algo caduco. Prefiero hablar de un comportamiento eficiente y contrastado. Creo que debemos conservar las raíces y la esencia histórica, porque renunciar a ellas puede llevarnos a repetir errores del pasado.
Nuestra propuesta es positiva y constructiva. La modernidad y la vanguardia son perfectamente compatibles con estos principios. Queremos que las personas que compartan esos valores se sientan cómodas. Quienes no los compartan tienen toda la libertad para elegir otros espacios.
El respeto es fundamental, pero también lo es no generar confusión. Cuando alguien se incorpora a un proyecto debe conocer sus coordenadas y la oferta que encontrará.
La inteligencia artificial está transformando las profesiones y la manera de relacionarnos. ¿Cómo afectará al Casino durante los próximos años?
Nos afectará como a cualquier otra institución, porque no somos ajenos a lo que ocurre en nuestro entorno. Lo que hoy resulta sorprendente será mucho más natural dentro de cinco o diez años.
El reto consiste en no descartar los avances y aprovechar todos aquellos que sean útiles para el progreso. La inteligencia artificial es un instrumento, no un fin en sí mismo. Confundir ambas cosas sería un error.
La tecnología puede ayudarnos a producir mejor, ser más eficientes y eliminar determinadas tareas insalubres o poco productivas desde el punto de vista humano. Ha ocurrido desde la máquina de vapor hasta nuestros días.
La otra cara de la moneda son las amenazas. Debemos evitar que estos instrumentos se aparten del progreso humano y se conviertan en un peligro. Para ello son muy importantes la conciencia individual y el entorno legislativo.
Tenemos que proteger el pensamiento, la racionalidad y la libertad humanas. Si esos principios se sitúan por delante, el progreso tecnológico servirá de apoyo a la felicidad. Si pretende sustituirlos, podrá convertirse en una amenaza.
Cuando termine esta etapa, ¿qué le gustaría haber dejado en el Casino? ¿Y qué le ha llevado a asumir este reto a los 75 años?
No tengo ninguna vocación de pasar a la historia. Me conformo con haber sido buena persona, el mejor profesional que he podido ser y haber mantenido cierta sensibilidad social.
Esta etapa tampoco es mía. Puedo ser la cara visible, pero hay muchas personas implicadas y se trata de un reto compartido.
En el aspecto material, me gustaría dejar unas instalaciones más atractivas y acordes con los tiempos actuales. Las actuales son dignas y se han realizado muchos esfuerzos, pero todavía podemos mejorarlas. Quiero que quien entre encuentre un soplo de aire fresco sin perder la tradición ni las raíces.
No perseguimos las modas. Queremos adaptar nuestros espacios para que sean más prácticos, atractivos y confortables. Que los socios y sus invitados puedan decir que aquí se está bien, que existe una atmósfera de convivencia agradable y que la oferta gastronómica es excelente.
Podríamos hablar de mejorar tanto el hardware como el software: las instalaciones que nos envuelven y la actividad social que desarrollamos dentro de ellas. Queremos que sea un centro cultural, social y de ocio divertido, respetuoso y abierto, que genere orgullo de pertenencia y capacidad de atracción.
Respecto a la edad, cada vez que escucho que tengo 75 años me asusto un poco, porque en generaciones anteriores una persona de esta edad probablemente se habría quedado en casa. Eso no pasa remotamente por mi cabeza.
Afortunadamente, hoy disfrutamos de otro nivel de salud física e intelectual. Es muy importante levantarse cada mañana y tener cosas que hacer. Toda mi familia ha sido siempre muy activa y yo he continuado trabajando, asesorando a empresas y dando clases en la universidad.
Cuando me propusieron asumir la presidencia me pregunté por qué no podía unir mi actividad profesional e intelectual con una responsabilidad de gestión social. Ya formaba parte de la anterior junta y las personas de mi entorno me animaron.
No he venido simplemente a conseguir que las cosas sobrevivan, sino a producir un efecto de crecimiento. Me gustan esos retos. Si uno conserva determinadas facultades, aunque no tenga un mérito especial por ello, posee también una obligación moral de ponerlas al servicio de los demás. Tenemos ideas, proyecto y un grupo dispuesto a trabajar. Me siento privilegiado por tener esta oportunidad y voy a afrontarla con el máximo interés.





