El inspector jefe del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia durante la DANA del 29 de octubre de 2024, José Miguel Basset, ha defendido ante la Comisión del Congreso que investiga la catástrofe que la Unidad Militar de Emergencias (UME) estuvo operativa desde el principio de la tragedia y que la emergencia alcanzó una magnitud que ha descrito como «exageradamente brutal».
Basset, ya retirado, ha sido interrogado como uno de los testimonios considerados clave para aclarar la cadena de mando y las decisiones adoptadas durante aquellas horas críticas, en una catástrofe en la que fallecieron 230 personas. Su comparecencia se centra en cómo se organizaron los recursos, en qué momento se activaron y quién asumió la responsabilidad de cada decisión.
La actuación de la UME ha sido uno de los puntos más polémicos de la investigación, por las dudas sobre la rapidez de su despliegue en las zonas más afectadas. El exjefe de Bomberos ha rebatido estas críticas y ha negado que este operativo llegara tarde a los focos de la emergencia, desdiciendo declaraciones previas como las del expresident de la Generalitat Carlos Mazón, que había apuntado a un retraso en la llegada de los militares.
La UME, “disponible desde el minuto cero”
Según ha explicado Basset, la UME estuvo disponible desde el principio, desde el minuto cero, lo que implica que, desde su punto de vista, la unidad de emergencias ya formaba parte de los recursos listos para intervenir cuando comenzaron a percibirse los primeros efectos graves del temporal. Esta versión refuerza la idea de que los medios estaban formalmente activados, aunque la gestión concreta de su despliegue sobre el terreno siga bajo análisis político y técnico.
El retraso en el mensaje Es-Alert
El exjefe de Bomberos ha detallado también el contexto meteorológico previo, subrayando que los mensajes de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) eran muy alarmantes. Ha recordado, sin embargo, que en otras ocasiones avisos similares habían quedado en nada, sin llegar a materializarse en episodios especialmente dañinos. En esta ocasión, en cambio, lo que cayó fue, en sus palabras, exageradamente brutal, lo que sugiere que la intensidad real del episodio superó las previsiones habituales con las que trabajan los servicios de emergencias.
Como muestra de la presión a la que se vio sometido el dispositivo, Basset ha señalado que el cuerpo de bomberos registró más de 3.500 avisos entre las 8.00 horas del 29 de octubre y las 8.00 horas del día siguiente. Esa avalancha de llamadas refleja que la población empezó a verse afectada desde primera hora y que durante 24 horas el sistema de respuesta estuvo al límite, gestionando rescates, inundaciones y situaciones de riesgo que se acumulaban sin descanso.
Desmentido de testimonios
Desmintiendo otros testimonios de altos cargos que habían descrito aquel día como un inicio de jornada con normalidad, Basset ha insistido en que el 29 de octubre fue excepcional y que de normal no tenía nada. Con esta afirmación, ha querido remarcar que, desde su perspectiva operativa, el escenario se percibía ya como extraordinario, aunque las decisiones políticas y de coordinación no siempre se alinearan con esa percepción sobre el terreno.
Preguntado por qué no se actuó antes si las alertas eran tan preocupantes, ha reconocido que no puede explicar con claridad ese desfase. Se ha limitado a señalar que la cuestión de si se les debía haber avisado antes es relativa y ha recordado que sí es cierto que en otras ocasiones, ante episodios que podían desembocar en una situación peligrosa, se han celebrado reuniones previas de coordinación. Esta comparación deja entrever que, en este caso, ese tipo de preparación anticipada pudo no haberse producido con la misma intensidad.
Sobre la demora en el envío del mensaje de alerta Es-Alert, el sistema que permite avisar de forma masiva a la población a través del móvil, Basset ha explicado que él propuso al subdirector de Emergencias, Jorge Suárez, un texto para redactar el mensaje alrededor de las 18.15 horas. A partir de ese momento, ha dicho que desconoce el circuito que siguió esa sugerencia y qué trámites o filtros se aplicaron antes de lanzar finalmente el aviso.
Ha puntualizado que, desde que se lanza esa propuesta, él deja de tener responsabilidad sobre el proceso, ya que la redacción definitiva y el envío del Es-Alert corresponden a otros niveles de decisión. El mensaje no se remitió hasta las 20.11 horas, casi dos horas después de su sugerencia, un margen de tiempo que la comisión trata de aclarar para determinar si pudo tener impacto en la seguridad de la población.
Un antes y un después en la gestión de la DANA
Basset ha señalado que el primer episodio relevante se produjo en torno a las 11.00 horas, cuando habló con el diputado provincial de Bomberos, Avelino Mascarell. A partir de ahí la situación se fue agravando, pero para él hubo un punto que marca un antes y un después: la llamada del alcalde de Utiel, Ricardo Gabaldón, a las 14.30 horas, solicitando ayuda y pidiendo no solo que vaya, sino que envíe a la UME.
Esa petición directa de un municipio afectado, que además reclamaba expresamente la presencia de la UME, refuerza la idea de que a primera hora de la tarde ya se percibía la gravedad del episodio y de que los responsables locales buscaban un refuerzo inmediato de medios. Para el exjefe de Bomberos, esa llamada simboliza el momento en el que la emergencia deja de ser un problema localizado y pasa a entenderse como una crisis de mayor alcance.
Rechazo acusaciones Emilio Argüeso
En otro tramo de su intervención, Basset ha rechazado con firmeza las acusaciones del exsecretario autonómico de Emergencias durante la noche de la DANA, Emilio Argüeso, quien le había atribuido la responsabilidad de la retirada de los bomberos que vigilaban el cauce del barranco del Poyo. Ese punto es especialmente delicado, ya que afecta a la protección de una zona de riesgo y a la posible existencia de órdenes contradictorias o mal coordinadas.
Lo que dice es absolutamente falso, ha respondido Basset, asegurando que en ningún momento tuvo conocimiento de esas movilizaciones y retirada. Ha añadido que, si hubiera tenido información de ese calibre, la habría puesto sobre la mesa como algo prioritario. Es totalmente falso, ha reiterado, desvinculándose de una decisión que, según su relato, nunca llegó a conocer ni a validar.
Su testimonio deja en manos de la comisión parlamentaria la tarea de contrastar las distintas versiones aportadas por los responsables políticos y técnicos que gestionaron la dana, para determinar si hubo fallos de coordinación, retrasos injustificados o decisiones que contribuyeran a agravar las consecuencias de una tragedia que ya se considera de dimensión excepcional.


