El ingeniero adjunto al director de explotación de la presa de Buseo declaró ante la comisión de investigación de Les Corts sobre la dana de 2024 que falló la previsión y fallaron las comunicaciones durante el episodio de lluvias extremas. Aseguró que aquel día todavía no estaba implantado el plan de emergencias aprobado un año antes, lo que condicionó la capacidad de reacción y de aviso a la población.
Según explicó, las comunicaciones se cayeron en pleno episodio de lluvias y esa fue una de las principales debilidades del dispositivo. Señaló que, si hubieran contado con un sistema de comunicaciones más robusto y con el plan de emergencia plenamente implantado, habrían podido activar las sirenas de la presa y lanzar avisos a la población con más antelación. Este tipo de alertas permiten advertir del riesgo de desbordamiento y facilitar evacuaciones ordenadas, por lo que su ausencia incrementó la sensación de incertidumbre.
Fallos en cadena durante la dana
El ingeniero detalló que, en contraste con lo ocurrido en 2024, actualmente la presa de Buseo ya dispone de comunicaciones satelitales y de emisoras Tetra dentro del plan de emergencia, cuya implantación comenzó en julio del año siguiente y está casi finalizada. También se han realizado simulacros de aviso a la población para comprobar que las cadenas de comunicación funcionan. Sin embargo, el día de la dana describió la situación como catastrófica, con un escenario en el que casi todo falló al mismo tiempo.
En su comparecencia relató que el 29 de octubre se produjeron tantos fallos que resulta difícil delimitar o señalar a una sola persona como responsable. Afirmó que hizo todo lo que estaba en su mano y llegó hasta donde pudo, en un contexto en el que incluso los desplazamientos físicos hasta la presa suponían un riesgo por el estado de las carreteras. Los diputados le agradecieron que se jugara la vida intentando llegar a las instalaciones para evaluar la situación sobre el terreno.
Lluvia superextraordinaria
El técnico indicó que ese día seguían los partes meteorológicos disponibles, pero nadie les advirtió de que se aproximaba una lluvia que calificó de superextraordinaria. Además, los datos de lluvia procedentes de la web del Sistema Automático de Información Hidrológica llegaban con un retraso aproximado de media hora, lo que dificultaba tener una imagen en tiempo real de lo que estaba sucediendo en la cuenca. Señaló que abandonó la presa alrededor de las 16 horas, cuando el escenario era aparentemente tranquilo pese a que ya estaban incomunicados.
Más tarde, cuando comprobó que el caudal había alcanzado los 150 metros cúbicos por segundo, envió un correo a las 20:41 horas a la Confederación Hidrográfica del Júcar y al responsable de explotación de la Conselleria de Agricultura, titular de la presa. En ese mensaje informaba de que, según sus cálculos, quedaban unas tres horas y media para que el embalse comenzara a desbordar por el aliviadero, y decidió dirigirse hacia esa zona para supervisar la evolución.
No obstante, el ingeniero explicó que no pudo llegar hasta la presa debido al mal estado de las carreteras, lo que le obligó a dar la vuelta y regresar a València. Cuando llegó, comprobó que la situación había empeorado rápidamente y, ante la falta de información directa desde el lugar, remitió un nuevo correo a las 22:45 horas en el que señalaba que probablemente ya se había producido el desbordamiento. Reconoció que en ese momento iba un poco a ciegas, al depender de datos incompletos y comunicaciones intermitentes.
Cuatro avisos
En total, afirmó que lanzó cuatro avisos sucesivos a las autoridades competentes. En el último, enviado a la una de la madrugada, indicaba que se había superado el umbral del escenario 3 previsto en el plan, un nivel que implica una situación de riesgo elevado. Admitió que quizá debería haber sido más contundente en la redacción de esos avisos, ya que la presa había vertido por coronación y en ese contexto siempre existe riesgo de rotura si la presión del agua supera la capacidad estructural.
El ingeniero subrayó que, si la presa se hubiera roto, las consecuencias habrían sido una catástrofe para la zona aguas abajo, con un potencial impacto muy elevado sobre la población, las infraestructuras y el entorno. Añadió que la situación les cogió un poquito a traspiés, porque a las cuatro de la tarde no estaba pasando nada significativo y, en pocas horas, el escenario se aceleró de forma abrupta, lo que limitó el margen de maniobra.
También apuntó que la Conselleria de Agricultura, de la que depende la explotación de la presa, era consciente de la insuficiencia del aliviadero del margen derecho. Según su declaración, la administración había llegado incluso a valorar el coste de reponer esa infraestructura. Este reconocimiento sugiere que algunas de las debilidades estructurales de la presa ya estaban detectadas antes de la dana, aunque las soluciones aún no se habían ejecutado cuando se produjo el episodio de lluvias extremas.


