Muere de forma repentina Jelly Bean, una de las belugas rescatadas de Marineland Canadá y alojadas en el Oceanogràfic

Ejemplo de shortcode con estilo
La beluga Jelly Bean, rescatada de Marineland Canadá y trasladada al Oceanogràfic de València en agosto, ha muerto de forma repentina mientras seguía en proceso de adaptación. Cleopatra y los cuatro delfines llegados en la misma operación se encuentran estables y bajo estrecha supervisión veterinaria.

La beluga Jelly Bean, rescatada del clausurado Marineland Canadá y trasladada al Oceanogràfic de València a finales de agosto, ha muerto de forma repentina e inesperada durante la pasada noche mientras seguía en proceso de adaptación y bajo supervisión veterinaria continua.

El Oceanogràfic ha explicado en un comunicado que el fallecimiento se ha producido ‘de forma repentina e inesperada’ y que, por el momento, no se puede determinar la causa. La beluga formaba parte del grupo de animales trasladados desde el parque canadiense, cerrado e inactivo desde hacía cerca de dos años.

Jelly Bean llegó a las instalaciones del Oceanogràfic el 27 de agosto, acompañada por otra beluga, Cleopatra, y cuatro delfines. El traslado se enmarcaba en una operación internacional para reubicar a las 30 ballenas beluga que permanecían en Marineland Canadá en diferentes acuarios de España y Estados Unidos.

Desde su llegada a València, Jelly Bean y el resto de los animales han permanecido bajo supervisión continua de los equipos veterinarios y de los cuidadores del Oceanogràfic (CACSA–GVA. El objetivo era facilitar su adaptación progresiva al nuevo entorno, tras un largo periodo en unas instalaciones clausuradas.

Problemas de alimentación en los últimos días

En los últimos días, la beluga había presentado dificultades en su alimentación, según ha detallado el acuario valenciano. Ante estos problemas, el equipo veterinario decidió intensificar su seguimiento y ajustar los cuidados.

Durante este periodo de vigilancia reforzada, Jelly Bean mostró algunos momentos de mejoría y mantuvo una actitud receptiva con sus cuidadores. Pese a esa evolución intermitente, se ha considerado necesario mantenerla bajo vigilancia continuada las 24 horas, dadas sus circunstancias y su historial.

El Oceanogràfic ha subrayado que la muerte se ha producido de forma repentina durante la noche, a pesar del control permanente. Hasta que no concluyan las pruebas diagnósticas, los responsables del centro consideran prematuro atribuir el fallecimiento a una causa concreta.

Para esclarecer las razones del deceso, los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia junto al grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera. El análisis tendrá como objetivo identificar los factores que pueden haber contribuido al fallecimiento de la beluga, como posibles patologías previas, complicaciones derivadas del traslado o problemas asociados a su adaptación.

El centro ha recalcado que este tipo de estudios es fundamental para mejorar el conocimiento sobre la especie y ajustar los protocolos de manejo y cuidado del resto de animales trasladados desde Marineland.

Cleopatra y los delfines evolucionan de forma favorable

Mientras se investigan las causas de la muerte de Jelly Bean, el Oceanogràfic ha informado de que Cleopatra, la otra beluga llegada en la misma operación, evoluciona de forma favorable. Los cuatro delfines rescatados también se encuentran estables y continúan bajo los cuidados y la supervisión de los profesionales del acuario.

Desde el inicio de la operación de rescate, los equipos del Oceanogràfic han sido conscientes de que cada animal presentaba un historial y unas necesidades individuales. Por ello, han insistido en que solo mediante una evaluación y un seguimiento continuos es posible conocer en profundidad su estado de salud y adaptar los tratamientos.

El acuario ha señalado que, tras pasar cerca de dos años en un parque temático cerrado y sin actividad, las belugas y los delfines requerían una vigilancia especialmente intensa. La llegada a un nuevo entorno, el cambio de instalaciones y las propias condiciones de cada ejemplar han obligado a diseñar un plan de adaptación específico para cada uno.

El centro ha destacado el impacto emocional que ha supuesto la pérdida de Jelly Bean para los equipos implicados en su cuidado. ‘La muerte de Jelly Bean supone un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado. Todo el equipo del Oceanogràfic lamentamos profundamente su pérdida’, concluye el comunicado del acuario valenciano.