Entre la desesperante espera en una cola que ha comenzado de madrugada, el temor a no cumplir alguno de los requisitos y la esperanza de conseguir una estabilidad en España, miles de migrantes han comenzado en Valencia los trámites para pedir la regularización extraordinaria de forma presencial en más de 400 oficinas de Correos, de la Seguridad Social y ONG.
Lina, colombiana, y Damián y Tania, cubanos, están cerca de poder entrar en la oficina del Ayuntamiento de València. Están los primeros en la cola porque llevan desde las 4 y 5:45 horas de la mañana esperando y consideran que «no ha sido complicado» preparar la documentación, a excepción del informe de vulnerabilidad, que tienen que solicitar este mismo lunes.
«Ya lo tenía todo y a última hora piden este requisito. Estoy a contrarreloj porque se vencen mis antecedentes penales, porque en Cuba los trámites se demoran mucho y esa es mi preocupación, estoy un poco tensa por si no me da tiempo a regularizarme y llevo cuatro años aquí», cuenta Tania a EFE.
Como ella, Damián asegura que «hay mucho desconocimiento» en el proceso: «Generalmente todos lo que acceden a este tipo de trámites no tienen la cultura necesaria para saber qué pasos tienen que hacer y el orden en que los tienen que hacer», añade.
Damián tiene 52 años, dejó a su mujer, su hijo y su madre en Cuba hace un año y medio y en su país natal es doctor en ciencia, investigador titular con máster, pero «esto aquí no sirve»: «Me gusta España, la gente es maravillosa, pero quiero poder aportar. Tengo la preparación para hacerlo, pero sin papeles he tenido que trabajar de forma irregular y he pasado por cosas muy duras, como todos los que nos sometemos a este proceso», confiesa.
Al igual que Lina, que espera poder acceder a un trabajo mejor con la regularización y dejar «su empleo de limpieza que tiene en negro», ambos agradecen «esta posibilidad» al Gobierno de España: «Es algo que no solo ayuda a las personas, ayuda a las familias que dependen de nosotros».
Dené y Camila están en la mitad de cola, tienen 31 y 28 años, respectivamente, y se conocieron estudiando un máster de arte en València. Ambas vinieron de Chile y de Colombia con una visa de estudiante, ahora caducada: «Pedí una prórroga para poder hacer las prácticas y me la denegaron sin fundamento, intenté apelar y no me funcionó, pero afortunadamente salió este tema de la regularización», cuenta Camila a EFE.
Ambas destacan que el mayor miedo «como persona sin papeles» es el no poder trabajar, por lo que las dos han recurrido a empleos a distancia; Dené edita videos para una empresa audiovisual chilena y Camila trabaja para una plataforma online estadounidense que se dedica a entrenar modelos de inteligencia artificial.
Aun así, la incertidumbre, el estrés y la inseguridad son sentimientos constantes en su día a día: «Yo siempre digo que estoy secuestrada en España, porque no puedo salir de aquí. Llevamos un año y medio sin ver a nuestras familias, porque estamos en trámites de tener el permiso, pero ahora mismo, si salimos, no nos dejarían volver a entrar», comenta Camila.
«Es un estrés constante, no solo para trabajar o encontrar vivienda, sino también para el desarrollo personal. A veces hablamos de empezar un curso o de hacer un plan a largo plazo y no sabemos si podremos hacerlo. En cualquier momento se puede acabar nuestra vida aquí», comenta Camila, que se ha comprado la entrada para ver a Hombres G en el Roig Arena el 14 de noviembre y espera poder ir.
En la cola, Dené y Camila han conocido a María José, que tiene 26 años y también es colombiana. Hace dos años vino como turista a España y fue en ese viaje cuando decidió estudiar aquí cursos de estética, pero habla de que su vida está «en pausa».
Ella no puede «proyectar» un futuro sin la regularización, por lo que están dispuestas a esperar las horas «que haga falta» en esa cola, con unos sentimientos que no tenían hasta ahora: ilusión y esperanza.


