Más de 22.000 personas convierten Buñol en un mar rojo en la Tomatina 2026

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La Tomatina de Buñol ha alcanzado su aforo completo con más de 22.000 participantes y 150 toneladas de tomate, 30 más que el año pasado, en una mañana de fiesta, almuerzos populares y tradiciones como el palo jabón.

Más de 22.000 personas han llenado este miércoles el centro de Buñol para lanzarse 150 toneladas de tomate, en una Tomatina 2026 que ha alcanzado su aforo completo y en la que la tradicional carcasa pirotécnica ha marcado el inicio de la batalla a las 11:59 horas.

Como cada último miércoles de agosto, vecinos y turistas han empezado a llegar al municipio valenciano desde primera hora. Las calles del centro se han ido llenando poco a poco, hasta quedar abarrotadas pocos minutos antes del chupinazo.

En cuanto ha sonado la carcasa, han comenzado a volar los primeros tomates. En esta edición se han utilizado 150 toneladas de tomate, 30 más que el año anterior, lo que ha garantizado que en pocos minutos Buñol se haya teñido prácticamente de rojo.

Ambiente internacional y toneladas de tomate

Los camiones cargados con tomate pera, procedente de Don Benito (Badajoz), han avanzado muy despacio por las calles principales. Desde sus cajas se han ido descargando las primeras oleadas de munición roja, entre gritos de emoción y risas.

Las camisetas blancas de muchos participantes han pasado a ser rojas en cuestión de segundos. En el ambiente se han escuchado idiomas de numerosos rincones del mundo, lo que ha confirmado de nuevo el tirón internacional de la fiesta.

Entre la multitud se han visto grupos de amigos, familias y parejas que han decidido vivir la experiencia juntos. Muchos han aprovechado para hacerse fotografías y grabar vídeos desde el primer momento, antes de acabar cubiertos de pulpa de tomate.

Los más precavidos se han presentado bien equipados. Algunos se han protegido con gafas de bucear para evitar molestias en los ojos. Otros se han enfundado en plásticos improvisados y han envuelto con cuidado sus teléfonos móviles, decididos a inmortalizar la batalla sin poner en riesgo sus dispositivos.

Las imágenes que se están captando estos minutos acabarán, como es habitual, en redes sociales. La organización da por hecho que muchas se viralizarán, reforzando la fama mundial de esta fiesta.

Tradiciones previas: palo jabón y almuerzo popular

Dos horas antes del primer tomatazo ha llegado el turno del palo jabón, uno de los momentos más esperados del día. El poste engrasado se ha colocado en la plaza del municipio y varios participantes se han animado a intentar escalarlo.

El objetivo ha sido alcanzar el jamón atado en la parte más alta del mástil. Cuando alguien logra hacerse con él, se considera que la misión está cumplida y la fiesta puede arrancar de manera simbólica.

La Tomatina tiene todavía varios años por delante para alcanzar una cifra redonda. Según ha recordado la organización, en 2027 llegará a su edición número ochenta, lo que confirma la larga trayectoria de esta celebración.

Mientras tanto, la espera se ha hecho más llevadera gracias al tradicional almuerzo en la calle. Los vecinos han sacado mesas y sillas a las aceras y plazas más amplias, creando improvisados comedores al aire libre.

El menú ha mantenido la esencia de siempre. Sobre la mesa han aparecido bollos típicos de la zona y tortas saladas, acompañadas de embutidos como longaniza, chorizo y panceta.

Este almuerzo contundente ha servido para recuperar fuerzas tras la larga víspera nocturna y para prepararse para el esfuerzo de la batalla de tomates. Muchos participantes han aprovechado ese momento para reunirse con amigos y familiares y comentar cómo afrontar el recorrido.

Con las calles ya teñidas de rojo y los participantes satisfechos, Buñol afronta una nueva jornada grande de su calendario festivo, en la que la Tomatina vuelve a ser el principal reclamo para visitantes de todo el mundo.