Dos agentes denuncian falta de vigilancia en barrancos de la CHJ por las tardes

Ejemplo de shortcode con estilo
Para dejar constancia, tomaron fotografías y las compartieron en un grupo de WhatsApp que utilizan para intercambiar información interna

Dos agentes medioambientales de la Confederación Hidrográfica del Júcar han declarado ante el juzgado de Catarroja que instruye la causa penal por la gestión de la dana y han explicado que los barrancos de la demarcación se quedaban sin vigilancia por las tardes porque su servicio solo estaba operativo hasta las 17:00 horas.

El primero de los agentes, responsable de las comarcas de la Ribera Alta y la Ribera Baja, ha relatado como testigo que, a media mañana, el caudal del río Magro a su paso por Algemesí era normal. Según ha precisado, entre las 10:30 y las 11:00 horas no apreciaba nada fuera de lo habitual, un dato relevante porque muestra que el episodio de lluvias se agravó después de esa franja horaria.

Posteriormente, se desplazó junto al responsable de la subzona de Valencia, Salvador Tarazona, al municipio de Tous, donde ya encontraron dificultades para acceder al casco urbano. Esa complicación en los accesos reflejaba que la intensidad de la lluvia estaba empezando a afectar a la movilidad y a la capacidad de supervisar sobre el terreno los cauces y barrancos de la zona.

Alrededor de las 14:00 horas, ambos regresaron a Algemesí y comprobaron que el nivel del río Magro había aumentado de forma muy significativa. El agente ha señalado que faltaba medio metro para que el río se desbordara, una situación que, en su opinión, no era comparable a la de otras danas anteriores que había conocido. Para dejar constancia, tomaron fotografías y las compartieron en un grupo de WhatsApp que utilizan para intercambiar información interna.

Según su declaración, la información que circulaba en ese grupo de WhatsApp no reflejaba la verdadera gravedad de lo que estaba ocurriendo en la zona. Esa falta de percepción clara del riesgo contribuía a que no se activaran medidas adicionales ni refuerzos específicos, pese a que el caudal del río ya estaba cerca del desbordamiento.

El agente ha indicado que su turno finalizaba a las 15:00 horas, aunque el servicio se considera operativo hasta las 17:00 horas. Ese día no se le pidieron horas extra ni recibió nuevas órdenes para prolongar la vigilancia más allá del horario habitual, a pesar del empeoramiento de la situación. También ha explicado que no recibieron ninguna llamada del Centro de Coordinación de Emergencias, ni desde ese organismo se pusieron en contacto con ellos para recabar datos o dar instrucciones.

Durante su intervención ante la jueza instructora, el agente ha insistido en que ese día realizó únicamente funciones ordinarias, sin instrucciones especiales ni órdenes de adaptar su trabajo a la alerta por la dana. Ha añadido que no tuvieron interacción con policías locales, guardas rurales ni Guardia Civil, lo que, en conjunto, dibuja un escenario en el que cada cuerpo actuaba con poca coordinación directa sobre el terreno.

Diluvio en Cheste y vigilancia dispersa

En la misma sesión ha declarado otra agente medioambiental, adscrita al sector 52, que cubre los municipios de Buñol, Real, Montserrat, Llombai y la pedanía de Ortunas, en el término de Requena. Su testimonio permite reconstruir cómo evolucionaron las lluvias en otro punto de la cuenca y qué tipo de seguimiento se hizo de los cauces secundarios.

Esta agente ha relatado que comenzó la jornada en su domicilio realizando tareas de oficina hasta aproximadamente las 08:30 horas. A esa hora salió en su vehículo y, al circular por la autovía A3 en dirección a Cheste, se encontró con un diluvio tremendo que le obligó a detener el coche. Esa intensidad de lluvia tan temprana en el día anticipaba un episodio de precipitaciones muy fuertes en la zona.

Después se desplazó a Siete Aguas, Alborache, Turís y, finalmente, bajó hasta Carlet, recorriendo distintos municipios para observar el estado de los cauces y los efectos de la lluvia. Ha indicado que, cuando veía algo que le llamaba la atención, lo comunicaba a su jefe, Salvador Tarazona, de modo que la información se trasladaba internamente pero sin un refuerzo específico de personal ni un cambio formal en el tipo de servicio que prestaba.

Según ha explicado, durante la mañana había agua en el río Buñol, que desemboca en el río Magro y, por tanto, influye directamente en su caudal. Sin embargo, el nivel no le pareció superior al de otras ocasiones, por lo que no detectó en ese momento un riesgo inmediato de desbordamiento. También ha señalado que ese día no llegó a ver el barranco del Poyo, otro cauce relevante en la zona, lo que implica que no se comprobó sobre el terreno su situación concreta pese a la intensidad de la lluvia.

Alerta roja por lluvias

La agente ha detallado que su función aquel día fue la habitual: labores de vigilancia sobre el terreno y seguimiento de los cauces. Ha matizado, no obstante, que cuando se declara una alerta roja por lluvias, desde el punto de vista de la protección de riesgos laborales, no deberían salir al campo, lo que introduce una contradicción entre la necesidad de controlar los ríos y barrancos y las normas de seguridad para el personal.

Hacia el mediodía, alrededor de las 12:00 horas, le llamó la atención un cauce en Turís que normalmente permanece seco y ese día llevaba agua. Ese cambio es significativo porque muestra cómo, a medida que avanzaba la mañana, el temporal iba activando barrancos que en condiciones normales no presentan flujo visible.

La agente medioambiental ha asegurado que desconocía que la persona encargada de la rambla del Poyo se encontraba de baja, por lo que pensaba que ese tramo estaba cubierto. Al igual que su compañero, ha subrayado que no existe turno de tarde para su categoría profesional, de modo que por las tardes no hay vigilancia presencial en los barrancos ni en los cauces a su cargo, incluso en situaciones de fuertes lluvias como la vivida durante la dana.