La desinformación que ha circulado en TikTok y X sobre la dana de 2024 ha provocado respuestas cerebrales y emocionales muy diferentes entre usuarios de la provincia de Valencia, según ha constatado un equipo de la Universitat Politècnica de València (UPV) tras analizar 650 publicaciones y más de 4.300 registros experimentales.
El estudio, desarrollado por investigadores del centro PRHLT de la UPV, ha combinado inteligencia artificial con el análisis de la actividad cerebral, la frecuencia cardíaca y los movimientos oculares de ocho personas residentes en la provincia de Valencia. Entre ellas había víctimas directas de la dana y voluntarios que participaron en las labores de ayuda tras el episodio que arrasó parte de Valencia el 29 de octubre de 2024 y dejó 233 fallecidos.
Diferencias entre TikTok y X
Los investigadores han trabajado con publicaciones sobre la dana que incluían tanto contenidos fiables como engañosos. Para clasificarlas, han contado con verificaciones de Maldita.es, Newtral y EFE Verifica, lo que ha permitido separar los bulos de la información contrastada.
El análisis se ha centrado en rumores sobre víctimas ocultas, roturas de presas, rechazo de ayuda humanitaria, manipulación del clima y presuntos encubrimientos políticos. Estos temas se han difundido a gran velocidad durante y después de la dana, sobre todo a través de redes sociales muy usadas en la Comunitat Valenciana.
Los resultados muestran que la desinformación genera patrones cerebrales distintos según la plataforma. En X, la desinformación se ha asociado principalmente con tristeza y miedo. En TikTok, en cambio, han predominado la ira, el asco y la sorpresa ante los vídeos engañosos.
Además, el estudio ha identificado estrategias diferenciadas para hacer creíbles los bulos. En X, los mensajes recurren con frecuencia a negaciones, reformulaciones y testimonios en primera persona. Estas fórmulas refuerzan la sensación de cercanía y autenticidad de los textos.
En TikTok, por su parte, los contenidos engañosos se apoyan sobre todo en imágenes alarmistas y recursos audiovisuales diseñados para provocar una reacción inmediata. Abundan los montajes visuales y los sonidos impactantes, lo que incrementa la carga emocional del mensaje.
Reacción más rápida ante los bulos en vídeo
Uno de los hallazgos que los investigadores consideran más llamativo es la velocidad de respuesta. Ante vídeos engañosos en TikTok, los participantes han reaccionado bastante más rápido que ante contenidos veraces. El tiempo de respuesta se ha reducido en torno a un 15 %.
En X ha ocurrido justo lo contrario. Los mensajes con desinformación han requerido más tiempo de respuesta que las publicaciones fiables. Según los autores, esto apunta a un procesamiento más pausado del contenido escrito respecto al audiovisual.
El análisis de la actividad cerebral también refleja diferencias claras. Según ha explicado Iván Arcos, investigador del centro PRHLT de la UPV, ‘en TikTok, los vídeos con desinformación mostraron una mayor potencia en determinadas señales cerebrales, especialmente en las bandas delta y theta de regiones del hemisferio derecho, un resultado compatible con una mayor implicación de la atención y el procesamiento emocional’.
‘Arcos ha añadido que, ‘en X, por el contrario, observamos una menor potencia en distintas regiones cerebrales, posiblemente vinculada a procesos de evaluación de la credibilidad’. Estas variaciones indican que el cerebro no procesa del mismo modo un bulo en vídeo corto que un mensaje escrito.
Voluntarios frente a personas no implicadas
El estudio ha diferenciado también entre quienes participaron como voluntarios en las tareas de emergencia durante la catástrofe y quienes no intervinieron. Los investigadores han observado patrones cerebrales distintos entre ambos grupos al enfrentarse a la desinformación.
‘Entre los voluntarios, observamos actividad en regiones temporales derechas ante vídeos engañosos de TikTok, especialmente en la banda theta asociada con procesos de atención y memoria emocional’, ha señalado Paolo Rosso, coautor del trabajo y miembro también del PRHLT de la Politècnica de València.
En cambio, las personas que no participaron en las labores de ayuda ‘mostraron respuestas más marcadas en regiones frontales, compatibles con procesos de vigilancia y evaluación de la información’, según Rosso. Esta diferencia sugiere que la experiencia directa de la catástrofe condiciona la forma en que el cerebro procesa los bulos posteriores.
En conjunto, el trabajo del PRHLT de la UPV ha permitido relacionar la exposición a desinformación sobre la dana de 2024 con emociones como sorpresa, asco, ira, miedo y tristeza, y ha puesto de relieve el papel que tiene el formato de la red social y la experiencia personal previa en la respuesta cerebral de los usuarios valencianos.


