El pintor, escultor e ilustrador Manuel Boix (L’Alcúdia, 1942), uno de los artistas plásticos valencianos con mayor proyección internacional, ha fallecido este miércoles a los 84 años. Familia y amigos le velarán este jueves en la casa familiar de L’Alcúdia, antes de su incineración en un acto íntimo.
Según han explicado personas de su entorno, la capilla ardiente se ha organizado para mañana jueves, entre las 12:00 y las 20:00 horas, en la vivienda familiar del artista en L’Alcúdia. A continuación está prevista su incineración, que tendrá lugar, han precisado, ‘en un acto íntimo’.
Un pionero del nuevo realismo en España
Manuel Boix ha sido una figura central en la renovación del arte valenciano y español de la segunda mitad del siglo XX. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1980, se le reconoce como uno de los introductores del nuevo realismo en España durante los años sesenta.
Este reconocimiento nacional ha marcado un antes y un después en su trayectoria. A partir de entonces, y especialmente tras una larga estancia en Nueva York, su obra se ha abierto a múltiples lenguajes y disciplinas artísticas.
Formado en la Escuela de Belles Arts de San Carlos de València, Boix ha destacado tanto en la pintura como en el grabado, la ilustración y la escultura. Su trabajo se ha caracterizado por una gran exigencia formal, un dominio técnico muy depurado y una intensa carga simbólica.
Trayectoria artística y series emblemáticas
En su obra gráfica, Boix ha alcanzado un especial reconocimiento por sus grabados al aguafuerte. Entre ellos sobresale su personal visión de ‘Tirant lo Blanc’, que se ha convertido en una de sus aportaciones más conocidas.
Según recoge la biografía de su propia página web, el artista ‘ha sido uno de los introductores del nuevo realismo a la Península, en los ya remotos 60’. En la década siguiente, ha desarrollado series como ‘Cetrería’ y ‘Trama y urdimbre’, en las que ha profundizado en el propio hecho de pintar.
Estas series han dado lugar a obras de gran belleza formal. La página destaca piezas como ‘El arco del triunfo’, que cierra la serie ‘Cetrería’, y ‘El martirio de san Sebastià’, que resume la serie ‘Trama y urdimbre’. Ambas reflejan la madurez de su lenguaje plástico y su interés por la composición y la estructura.
Desde la concesión del Premio Nacional de Artes Plásticas en 1980, su trabajo se ha extendido a campos muy diversos de la creación. En pintura ha desarrollado series como ‘Acróstico’, ‘Bisagra’, ‘Alfabeto’ o ‘Ajedrez’, donde ha explorado nuevas formas de organización del espacio y del color.
Además, ha realizado una intensa labor como ilustrador de libros, con títulos como ‘Tirant lo Blanc’, ‘La Serpiente, el río’ o ‘Don Quijote’. También ha trabajado en obra gráfica y carteles, y más adelante ha dado un paso decidido hacia la escultura.
Su propia biografía online subraya que ‘Borja, El Laberinto, Los equilibristas y El punto dentro del movimiento combinan todos los anteriores recursos, y son tentativas que buscan el pleno empleo del espacio escenográfico‘. Estas obras integran pintura, volumen y escenografía, y muestran su interés por el espacio como elemento central del hecho artístico.
Un nombre clave en la cultura valenciana
El escritor Josep Franco ha dedicado un libro a su figura, titulado ‘Manuel Boix, el xiquet del guix’ (Reclam editorial). En esta obra, Franco repasa su trayectoria y el impacto de su trabajo en la cultura valenciana contemporánea.
Según recuerda el autor, desde las célebres representaciones del ‘Tirant lo Blanc’ o las ‘Germanías’ hasta muchos de los diseños de las portadas de la discografía del grupo Al Tall, ‘el figurativismo y el trazo preciosista de Manuel Boix ya forma parte de la realidad cultural valenciana’.
Ese vínculo con la cultura propia se ha gestado desde su infancia en L’Alcúdia, en la comarca de la Ribera del Júcar. Allí ha crecido jugando en el taller de su padre, rodeado de maderas y sierras. En ese entorno, ha demostrado desde muy pequeño una gran habilidad para el dibujo, una imaginación viva y una intensa curiosidad, como destaca Franco en su obra divulgativa.
A lo largo de su carrera, Manuel Boix ha consolidado una trayectoria que ha combinado arraigo local y proyección internacional. Su muerte deja un vacío en la escena artística valenciana y española, pero también un legado amplio y reconocible, que forma ya parte del patrimonio cultural compartido.




